08 jul 2020

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CONFLICTO EN EL MARESME

"No estoy orgulloso de ser un ladrón, pero es lo único que tengo"

Jóvenes migrantes dicen haberse visto abocados a la delincuencia tras cumplir la mayoría de edad.

Las entidades sociales piden a las administraciones que afronten de una vez un problema que puede "ir a más" con la nueva crisis por la pandemia.

Elisenda Colell

Un joven extutelado por la DGAIA en un piso ocupado del Maresme  

Un joven extutelado por la DGAIA en un piso ocupado del Maresme  

Hakim tenía seis años cuando dejó su familia en Castillejos (Marruecos) e ingresó en un centro de acogida de Ceuta. Sus padres habían imaginado un futuro prometedor del primogénito en España, que salvaría al hogar de la miseria. Trece años más tarde, reside en un insalubre piso ocupado de un municipio del Maresme y admite que vive de la delincuencia. "No me siento orgulloso de ser un ladrón, pero es lo único que tengo", se defiende.

Él ocupa una vivenda en un piso de un municipio del Maresme. En la nevera han escrito "Larache", el nombre del pueblo de donde algunos de los residentes del piso zarparon en patera siendo menores. Este es uno de los tres pisos que los Mossos, la Policía Local y la Policía Nacional asaltaron el 17 de junio en un operativo conjunto. Dos personas fueron detenidas. Ocho más fueron trasladadas al CIE por no tener papeles. Y 16 más, Hakim entre ellos, fueron identificadas y puestas de nuevo en libertad. Insiste en que en este piso vive con tres chicos, y que tuvieron que pagar 800 euros a otras personas para poder entrar. Sin embargo, el pasado sábado EL PERIÓDICO pudo constatar que había cinco chicos migrantes, uno de ellos menor de edad y tutelado, y tres chicas españolas. De ellas, una ya mayor de edad, explicó haber sido tutelada por el Govern y dijo haberse quedado en la calle tras cumplir condena en un centro de justicia juvenil.

Pero la historia de Hakim se remonta a muchos años atrás. A los nueve se metió en los bajos de un camión estacionado en el puerto de Ceuta y cruzó el Estrecho de Gibraltar. Desde entonces, ha estado bajo la tutela de varias administraciones, especialmente la catalana. Ha vivido en múltiples centros educativos de Infancia, pero también ha ingresado en la justicia juvenil por cometer robos con violencia. "Me torcí, sé que he desaprovechado muchas oportunidades, ahora ya es demasiado tarde", admite. Tras cumplir su última condena como menor, acabó en coma en el Hospital del Mar tras a una pelea multitudinaria en el barrio del Raval de Barcelona. Uno de los motivos, dice, que le llevaron a trasladarse al Maresme. "Esto es más tranquilo".

"No quiero ser un mendigo. Me he cansado de esperar una ayuda que nunca llega"

Igual que admite que se torció por el camino, también se queja de la falta de oportunidades que le han brindado. Si bien tiene permiso de residencia en España, no puede trabajar legalmente hasta que consiga una oferta de trabajo de un año y 40 horas semanales. "Hay gente con estudios que no lo consigue… ¿cómo pretenden que me lo ofrezcan a mí?", se pregunta. "He hecho mil cursos de todo tipo, de jardinero, de soldador, de carretero… pero luego no te pueden contratar. ¡Claro que me gustaría trabajar, pero es que no me dejan!", asevera.

Tras cumplir su pena como menor, dice que se vio en la calle, sin nada. Ahora, se ha apuntado para poder trabajar en el campo. "La respuesta siempre es la misma: ya te llamaremos", se queja. "He ido a pedir comida al banco de alimentos, me dijeron que esperara y que podría entrar en un piso para empezar de nuevo... ¿y qué ha pasado? Nada. No quiero ser un mendigo. Me he cansado de esperar una ayuda que nunca llega", sentencia. "Mi madre está en Marruecos, tiene una enfermedad en el corazón, necesita el dinero. ¡Claro que sabe que robo!", añade. "Ni a ella ni a mí nos gusta vivir de esto…", insiste. Cuenta que muchos chicos "roban a quien lo tiene más fácil, a las abuelas, y por la noche ya lo han vendido porque necesitan consumir". "Yo ya no trabajo así,he aprendido a robar relojes con un grupo de argelinos: me voy a Ibiza, a Francia y vuelvo con mucho dinero que intento guardarme el máximo tiempo que pueda", asegura

Entidades y profesionales denuncian dejadez política

Ni todos los menores migrantes que han llegado a España como Hakim han acabado en la delincuencia, ni todos los ladrones en España son chicos migrantes y extutelados. Pero hay un grupo de ellos que solo ve en estas redes una oportunidad real para prosperar, tal y como habían prometido a sus familias en Marruecos. "El problema está en la Ley de Extranjería y en que las administraciones les han dado la espalda al cumplir la mayoría de edad. Es hipócrita señalar a los chicos y no pensar que aquí las administraciones tienen una responsabilidad", se queja Gemma Ferreón, portavoz de Sos Racisme, que lamenta que muchos vecinos, instigados por la extrema derecha, prefieren atacar a estos jóvenes, ya suficientemente estigmatizados, en vez de fijarse en la delincuencia nacional o tratar de ayudarles.

"Que acaben así es un fracaso, y si nade hace nada, se convertirán en un peligro público si no lo son ya"

Dolors Casas

Psicóloga y miembro de la Red de Acogida Popular del Masnou (Maresme)

Quien sí que ha brindado esta ayuda es Dolors Casas, psicóloga y vecina del Masnou (Maresme), que a través de la red de Acogida Popular atiende como puede a la decena de jóvenes viven en la calle. Explica que sufren trastornos de salud mental, agravados por el consumo de drogas, que van desde la cola o la marihuana, hasta los estupefacientes o los medicamentos para la epilépsia. Esta red se ha coordinado con varias entidades sociales para que los chicos puedan tener documentación, comida, duchas y ropa. "Las administraciones les han dejado de lado y ahora no quieren saber nada de ellos, solo que se vayan del pueblo", denuncia la psicóloga. "Que acaben así es un fracaso, y si nadie hace nada por ellos se convertirán en un peligro público; si no lo son ya", advierte.

Unas advertencias, de hecho, que ya hace tiempo viene mandando el Col·legi d’Educadors Socials al ver como cientos de jóvenes se iban convirtiendo en adultos sin hogar al cumplir los 18. "Era obvio que esto pasaría, y con esta nueva crisis va a ir a más", responde tajante el vicepresidente del colegio, Lluís Vila. Señala que el Govern no ha cumplido las promesas del 2019, cuando anunció medidas para evitar que los jóvenes acabaran en la calle. "Necesitan poder dejar las adicciones, tratar los problemas de salud mental, planes educativos, vivienda, y acceder a los permisos de trabajo", insiste una vez más, porque si no, señala, "la delincuencia es la única alternativa que encuentran solos en la calle".

Hakim es de los pocos que no se esconden de su vida. Salahdin, en cambio, prefiere dejar respuestas sin contestar. Lleva un lujoso reloj en la muñeca, pero su hedor y la decena de cortes que tiene en el brazo izquierdo hablan por sí solos. Una gorra le cubre la mirada, pero no tapa otra cicatriz que le cruza la mejilla, desde la oreja hasta el labio. "¿Que qué hago durante el día? No te lo diré, ya te lo puedes imaginar", responde, soltando una carcajada. Originario de Azkasalquivir, dice tener 19 años y hace dos se escapó de un centro de menores en Tarragona. Duerme en la playa del Masnou (Maresme), en chabolas o en pisos ocupados. Dolors trató de apuntarlo a un curso de formación gratuito en Barcelona. "Se lo denegaron porque es analfabeto", explica la psicóloga. Un fracaso más, que tampoco ayuda.

Yousef y Ousam forman parte también del grupo de Salahdín. El primero ya ha ingresado dos veces en la prisión de Quatre Camins por cometer robos con violencia. "No tengo nada: no tengo papeles, no tengo trabajo, no tengo casa, no tengo estudios...", susurra. Explica que quiere cambiar de vida, pero no sabe cómo. "Consumía de todo: Ribotril, cola, pastillas… hasta cocaína", explica. ¿Por qué? "Para robar, lo que fuera y a quien fuera. Y para olvidar", responde. Ousam, en cambio, fue expulsado del centro de menores hace tres meses tras cumplir la mayoría de edad. "Duermo al lado del centro, y los chicos me traen comida, así sobrevivo hasta que encuentre algo mejor", describe.

Yousef, un joven migrante extutelado, duerme en la playa de Ocata, junto a otro chico (El Masnou) / EL PERIÓDICO

En la estación de Ocata (Maresme) pasa las horas Mohamed Ben-Driss, otro joven ocupa que ahora vive en Pineda de Mar (Maresme). Tampoco tiene permiso para trabajar legalmente, y también dice que fue expulsado del centro de menores al cumplir los 18 años. "Mira, yo no quiero robar ni meterme en problemas, yo lo único que hago es vender marihuana para comer", relata. Dice estar "harto" de ser constantemente señalado como un ladrón por los vecinos, y de no tener oportunidades a las que agarrarse. "No me imaginaba estar viviendo así cuando crucé el mar en patera desde Alcazarquivir (Marruecos). No me esperaba esto en España, pero es lo que hay", suelta con los brazos cruzados. ¿Y no has pensado en regresar y empezar de nuevo? "Nunca. Antes muerto que en Marruecos".