21 oct 2020

Ir a contenido

LOS TESTIMONIOS DE LA 'NUEVA NORMALIDAD'

Alivio por el fin del estado de alarma: "Esperaba que se acabara para ir a ver a mi familia"

Después de más de tres meses de confinamiento, la ciudadanía vuelve a planear su futuro próximo dejando atrás las restricciones durante la pandemia

Las fronteras se reabren, la movilidad nacional se libera, vuelven los eventos al aire libre y los familiares ya pueden visitar a sus mayores en residencias

Manuel Arenas

Llegada de turistas, ayer, a la T1 del aeropuerto de El Prat.

Llegada de turistas, ayer, a la T1 del aeropuerto de El Prat. / MANU MITRU

La distancia entre la ya vieja anormalidad pandémica y la 'nueva normalidad' poscoronavirus se mide por la diferencia de paisajes que describe Eli García (28 años), trabajadora social en una residencia de ancianos de Barcelona que ha vivido en primera persona el drama de los geriátricos.

Durante los meses en que las familias han tenido restringido el acceso a los ancianos, cuenta, la planta baja de su centro ha estado desértica, "algo excepcional en un lugar donde se convive". Ahora, cuando ya se han empezado a permitir visitas, esa planta baja comienza a ser testigo de la presencia de parientes. "Los residentes pueden ver a un familiar con una mampara de dos metros que les separa", remarca García, que se encargó personalmente de llamar a las familias para informarlas en marzo de la clausura.

La vigencia del estado de alarma debido al covid-19 ha llegado a su fin en España. Y con ello también han concluido las restricciones de movilidad en el territorio nacional, algo que millones de ciudadanos llevaban tiempo esperando. Lo corrobora Paloma Gallardo (43 años), arquitecta sevillana y vecina de Badalona (Barcelonès) que está "atrapada" en Catalunya desde que se decretó la alarma.

"Estaba esperando que se acabara el estado de alarma para comprarme el billete de AVE", subraya una ciudadana

Gallardo quería haber vuelto a su Sevilla natal, algo que hace frecuentemente, para la feria y sobre todo para ir a ver a su madre, de 75 años, el día de su cumpleaños, el pasado 23 de abril. Le fue imposible. Es por ello que, nada más salir a la venta en Renfe, se compró un billete para el próximo 3 de julio. Será la primera vez desde Navidad que toda su familia se reencuentre. "Estaba esperando que se acabara el estado de alarma para comprarme los billetes de AVE", subraya Gallardo, preocupada desde marzo por que sus padres, ya mayores, se pudieran contagiar. "Mi madre dice que esto no acabará hasta que nos vea".

La caída de las restricciones se traduce asimismo en la reapertura de fronteras, medida que Roger Bouiller (67 años) anhelaba desde hacía meses. Este jubilado francés tuvo que abandonar Castellón de la Plana (Comunitat Valenciana), ciudad natal de su mujer donde vive su hija, "de mala manera y con demasiada prisa" el mismo 14 de marzo que se activó el estado de alarma. Desde entonces, él y su mujer, residentes en Lyon (Francia), desean volver.

"La apertura de fronteras ha sido un dolor de cabeza", asevera Bouiller acerca de su replanificación de viajes por los vaivenes del Gobierno sobre la reapertura. Tal es su deseo de volver que ya ha programado un viaje para el próximo 2 de julio: Andorra, Roses y finalmente Castellón de la Plana. "En agosto o septiembre iré a Barcelona; cancelé un viaje por el virus y quiero volver porque tengo allí muchos amigos".

Nuevo paradigma para madres, curados y mayores

El fin de la desescalada supone un cambio de paradigma para distintos perfiles de ciudadanos hasta ahora singularmente hostigados por el virus. Es el caso de las madres que dieron a luz estos meses, como Sara Haghgoo (42 años), que tuvo al pequeño Axel el pasado 25 de mayo y asegura que a partir de ahora van a poder recibir al fin visitas familiares y retomar las clases de yoga para mamás y bebés que se anularon por el confinamiento, algo que le va a permitir reunirse con otras madres y "volver a conectar con gente".

Ambiente en la discoteca Carpe Diem de Barcelona. / MARTÍ FRADERA

La 'nueva normalidad' es el tiempo de los curados, los pacientes que han vencido al covid-19 

La 'nueva normalidad' es también el tiempo de los curados, los pacientes que han vencido al covid. Bien lo sabe Mª José Márquez (67 años), que tras 10 días con fiebre ingresó el 29 de marzo y dio positivo en el Hospital Municipal de Badalona. Al salir el 3 de abril y pasar unos veinte días en casa, su test fue ya negativo.

Márquez reconoce que había días "que hubiera tirado la toalla", pero hubo algo que la empujó a seguir: su nieta de cinco meses, a la que ahora ya puede ver. "Ella me ha mantenido con fuerza; a raíz de esto he visto que la vida es para vivirla: tengo la ilusión de ir a veranear a una casa que tenemos en L'Escala".

María Teresa Canela (70 años), por su parte, define esta nueva etapa no como una 'nueva normalidad', sino como una fase para volver a la normalidad prepandemia. Lo dice en relación a retomar las encuentros con su madre, Maria Àngels Garayoa (94 años), anciana dependiente a quien tuvo que dejar de visitar por sorpresa -vive lejos de ella- ante la activación del estado de alarma.

Junto con sus hermanos, ha mantenido durante el confinamiento el contacto con su madre a través de videollamadas. "Iré a verla pronto con las precauciones pertinentes; reencontrarnos va a ser muy importante", apunta Canela, que prevé una reunión familiar este verano con ocasión del santo de su madre.

Viajeros en la estación del Nord de Barcelona. / MANU MITRU

Jóvenes: fiestas y eventos sí, pero con precaución

La era pospandemia se vislumbra además como una coyuntura de liberación en respuesta a la clausura, especialmente para los jóvenes. Sobre ello escribió en Entre Todos la estudiante valenciana Andrea M. Navarro (24 años), quien habla de una "necesidad" por parte de la juventud de "buscar vías de escape", en referencia a festivales y discotecas, máxime "en un lugar como España, en el que, más allá de la fiesta, tenemos especial necesidad de piel".

"Poder celebrar ciclos culturales al aire libre tiene un punto de curativo", considera la codirectora de un festival

Una buena muestra de esa necesidad es la puesta en marcha de festivales veraniegos al aire libre como el Cruïlla XXS. De hecho, la productora audiovisual Cristina Madrid (29 años) va a codirigir un festival cultural de pequeño formato al aire libre este verano en Mataró (Maresme). "La finalización del estado de alarma y que se puedan celebrar ciclos culturales al aire libre tiene un punto de curativo", apuntala Madrid, quien enfatiza que "las jóvenes ya llevamos demasiado tiempo encerradas".

Con el ánimo de resurrección de los festivales contrasta el sentir de los bares, una de las principales víctimas comerciales del coronavirus. "Yo lo veo muy negro", afirma Alfonso Guijarro (63 años), propietario del Bar Acuario de Barcelona, local de barrio que ha reabierto recientemente tras dos meses de cierre al 20% de facturación. Como iniciativas para la 'nueva normalidad', comida para llevar y datáfono. "Vamos a sufrir más que en la crisis del 2008".

Sobre iniciativas festivas poscovid de los jóvenes de cara a los próximos meses se pronuncia Enrique Martí (68 años), pediatra, alergólogo y jefe de servicio en el Hospital Universitari Sagrat Cor de Barcelona. Martí, que entre marzo y abril ha estado un mes de baja hasta superar el coronavirus, avisa del coste de "tener poca memoria en hechos tan graves como estos".

"Te pone el vello de punta ver imágenes de multitudes de jóvenes en botellones", sostiene Martí -cuya preocupación secunda Andrea M. Navarro-, que para esta nueva etapa no pide "subir de rodillas cinco pisos", sino "simplemente higiene y distanciamiento social hasta que haya vacuna". Aunque la 'población diana' ha sido la de edad avanzada, "también ha habido gente joven que ha caído: que nadie piense 'a mí no me va a pasar'", advierte el médico.