06 jul 2020

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atrapados en el Pacífico

Utopía a la deriva por el coronavirus

El músico Grey Filastine, afincado en BCN, lleva cuatro meses acorralado en el océano Pacífico

El artista y otros cinco tripulantes viajan con un proyecto musical en el velero 'Arka Kinari'

Nando Cruz

Grey Filastine y Nova Ruth en el ’Arka Kinari’.

Grey Filastine y Nova Ruth en el ’Arka Kinari’.

El coronavirus ha abocado el planeta entero a una situación única en la historia de la humanidad. Cada país, cada persona, está viviendo la pandemia con sus particularidades, pero hay casos absolutamente extremos. Un caso excepcional es el de decenas de miles de marinos a los que el cierre de fronteras de los países ha dejado sin posibilidad de regresar a sus países. Y entre todos ellos hay un caso que debería convertirse en película. Una película que hoy por hoy no tiene garantías de acabar bien. Es la de los seis tripulantes del 'Arka Kinari', un velero que lleva cuatro meses acorralado en la inmensidad del océano Pacífico.

Al mando de la nave está Grey Filastine, un artista a punto de cumplir el sueño de su vida: iniciar una gira mundial por mar. Tras más de una década tomando aviones y otros vehículos contaminantes para mostrar su música, había decidido con su esposa y aliada artística, la indonesia Nova Ruth, deshacerse de sus posesiones, comprar un velero y acondicionarlo como escenario de sus conciertos. Después de un ensayo general en Rotterdam, zarparon hacia Canarias y de allí, a Panamá para cruzar el canal. A mediados de febrero salieron de México con destino a Indonesia. Allí debía arrancar la gira el próximo jueves 18.

Grey Filastine y Nova Ruth actuando en el 'Arka Kinari'.  / RICARD SOLER MALLOL

Su gira mundial estaba calculada en función de los vientos y corrientes. Y atravesar el océano Pacífico ya era una gran aventura. Superado ese tramo, la experiencia adquirida sería la licenciatura práctica que les permitiría encarar su gran gira marítima. Atracarían en puertos de Asia, África y Europa, el público les vería desde el muelle y las velas serían el telón donde proyectar imágenes que reforzarían su espectáculo. Pero al pasar por Hawai, a principios de abril, descubrieron cuánto se había complicado su epopeya. Las fronteras del archipiélago estadounidense estaban cerradas. El 'Arka Kinari' no era bienvenido.

Visado de emergencia

Filastine no tenía problema; es californiano. Pero en el velero hay dos tripulantes inglesas, otro estadounidense, un francés y un portugués, lo cual bloquea toda gestión diplomática. Solo obtuvieron un visado de emergencia temporal que les permitió atracar en la bahía de Hilo, reponer víveres y comprar un teléfono con conexión vía satélite. "Transmite los datos 10 veces más lento que los primeros módems. Pero viendo el plan de los próximos meses, estar comunicado es más importante que otros mil euros de deuda", relata Grey por correo electrónico. El email es, desde hace un mes, su único canal de comunicación.

El 7 de mayo, una vez expiró el visado, el 'Arka Kinari' zarpó en busca de puertos amigos. Pero no existen. Han sido expulsados de cuatro de los seis en los que intentaron atracar. Los otros dos los abandonaron ellos porque las condiciones naturales eran demasiado peligrosas para un navío de 23 metros de eslora. En una isla desierta encontraron un misterioso depósito de clorofluorometano, un gas inflamable altamente agresivo con la capa de ozono. En otra, dos balsas aún más inquietantes hechas a mano por humanos que nunca aparecieron. En otra, un pescador que les ayudó a escapar antes de que estallase un conflicto internacional de resultado incierto. Embarrancado en un atolón de coral, asomó un gigantesco buque chino saqueado por los pescadores locales.

Días atrás, Grey flotaba en un bote de goma con Pedro, el cocinero portugués, unos metros por delante del 'Arka Kinari'. Sostenía una plomada para sondear la profundidad de la barrera coralina que los rodeaba. Si encallaban, fin de la aventura. En aquellas horas de máxima tensión, en la inmensidad del océano, buscando la salida del atolón, rezando para no embarrancar, Grey tuvo tiempo de sobra para meditar. “En esos momentos te preguntas qué larga cadena de decisiones y circunstancias te ha llevado hasta ese preciso instante”.

Vecino del Raval

Hasta hace poco el principal medio de transporte de Grey Filastine era la bicicleta con la que se desplazaba por el Raval. Llevaba más de una década instalado en un ático sin ascensor de la calle del Carme. Desde su campo base barcelonés viajaba por todo el mundo presentando su música, una aleación de ritmos electrónicos y melodías javanesas infectadas de polución sonora. Con ella ponía banda sonora a un planeta al borde del colapso medioambiental. Cuando actuó en el Sónar y en el BAM, solo tuvo que bajar su carrito de supermercado y recorrer unos metros hasta la Capella dels Àngels y la plaza Reial. Ese carrito es el icono de su carrera artística; emblema del hiperconsumismo y, también, herramienta de trabajo de esos chatarreros a los que dedicó una composición.

En el caso de Filastine, girar por todo el mundo significa actuar en Eslovenia y Malasia, en Canadá y Australia. Siempre, además, buscando lugares que describan esa degradación del planeta, ecológica y también moral, que su música denuncia; ya sea filmando en minas de azufre y vertederos monumentales o actuando en la Jungla de Calais para los migrantes retenidos en su tránsito hacia Inglaterra. Grey y Nova llevaban años madurando la idea de viajar y actuar en velero para dejar de contribuir con sus viajes al colapso medioambiental. No pararon hasta encontrar y acondicionar esta goleta de 1947. “Subversivo, inmersivo y parcialmente sumergido”. Con estas palabras describen el proyecto 'Arka Kinari' en su web, una fascinante aventura que es al mismo tiempo una invitación a imaginar un mundo sin energías contaminantes y reconectado con “el último de los bienes comunes: el mar”. Lo que nunca imaginaron es que eso de “parcialmente sumergido” se les volvería tan en contra. 

Grey siempre ha sido un tipo con recursos. En 1999, cuando participaba en las marchas antiglobalización de Seattle, inventó un sistema de escudos y máscaras antigás que permitía a su banda de percusionistas, la Infernal Noise Brigade, tocar en las manifestaciones a pesar de las cargas policiales. El 'Arka Kinari' tiene placas solares y un sistema de desalinización del agua marina. Tal vez su único error haya sido viajar con tripulantes de varios países. “Una tripulación 100% estadounidense podría haberse quedado en Hawai. Una 100% indonesia podría atracar en Indonesia sin problema, pero el internacionalismo es esencial en este proyecto”, explica. Y en un mundo “crecientemente hostil y paranoico”, el gran escollo. Es la historia de su vida. Nova pasó años yendo y volviendo de Barcelona a Yakarta con visados trimestrales hasta que tuvo un NIE español. Las fronteras, y cómo la música las atraviesa y poliniza, son un tema troncal en su obra. Las últimas piezas que compuso antes de embarcar suenan en ‘Idrissa, crònica d’un mort qualsevol’, documental que denuncia las políticas migratorias europeas y la muerte de Idrissa Diallo en el CIE de Zona Franca.

‘Fitzcarraldo’ sin salida

El 6 de mayo Filastine emitió su último post en Facebook: “Estaré fuera de línea hasta algún momento de julio. El 'Arka Kinari' no puede quedarse en Hawai porque los visados de emergencia expiran mañana y la temporada de huracanes se acerca rápidamente. Seguiremos navegando hacia el oeste en un acto de fe, sin ninguna nación dispuesta a recibirnos”. Si le sugieres que su loca aventura tiene algo de ‘Fitzcarraldo’, la película-odisea de Werner Herzog, Filastine calcula el paralelismo con pragmatismo. “El equipo de producción pudo abandonar aquel rodaje y regresar a casa. Nosotros no podemos permitirnos ese lujo”.

La web Noonsite ofrece información actualizada de la política de fronteras de cada país. Indonesia, su destino, está cerrada desde el 21 de marzo a cualquier extranjero. Nova voló directamente desde México para preparar el inicio de la gira, pero ahora tiene otro cometido: lograr que las autoridades dejen atracar el velero. Por ahora, sin suerte. Las islas más o menos en ruta, no ofrecen solución. Micronesia: cerrada. Islas Marshall: cerradas. Kiribati: cerrada. Palau: cerrada. “Las islas que no han tenido casos de covid-19 no dejan entrar a nadie; ni a los hijos que estaban estudiando en el extranjero”, informa Grey. Australia o Nueva Zelanda están demasiado lejos. Regresar al continente americano, con el viento y las corrientes en contra, tampoco es una posibilidad.

Calculan que tienen comida para cinco semanas. Para las dos últimas, ya solo latas de garbanzos. Y frías, porque para entonces no tendrán gas. La opción de pescar es incierta. “Saliendo de Hawai, un día pescamos cuatro peces inmensos en 15 minutos. Los otros 29 días, nada”, lamenta. El motor lo han utilizado apenas cuatro horas en los últimos 40 días; solo sirve para maniobrar en los puertos que ya no avistan. Vuelven a estar en medio del océano, avanzando en zig-zag a cinco nudos de velocidad (nueve kilómetros por hora) y con destino a donde el viento les lleve. Porque hay algo más temible que el hambre: la climatología. Una de las islas donde podrían refugiarse es Guam, pero está camino de la temporada de tifones. “Si tengo que elegir donde terminar, prefiero afrontar la cárcel y ser deportado que naufragar y perder el barco”, ha decidido.

Sobrevivir o prosperar

Ante uno de los futuros más inciertos que jamás pudo imaginar, Grey Filastine aún tiene ánimos para empatizar con el resto del planeta y apostar por la fraternidad como energía humana eternamente renovable. Valiéndose de su famélica conexión vía satélite, esta semana lanzaba un mensaje: “Confinados lejos de la civilización o en casa, todos compartimos los mismos sentimientos de soledad e impotencia. El 'Arka Kinari' no es un proyecto de exploración del fondo marino, sino un proyecto a compartir en las costas con otros humanos. Nosotros podemos sobrevivir en el mar un tiempo más igual que vosotros podéis sobrevivir en casa hasta que vuestros armarios queden vacíos. Pero, como hemos aprendido durante esta pandemia, hay una gran diferencia entre sobrevivir y prosperar”.