27 oct 2020

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La desescalada sin coles, una pesadilla para los padres con trabajo presencial

Las familias se ven forzadas a dejar a los niños con los abuelos, pedir excedencias e incluso dejarlos solos para poder reincorporarse a sus empleos

El Gobierno se está "olvidando de los niños y sus padres", denuncia una madre que ha tenido que recurrir a una canguro para que cuide de sus hijas

Patricia Martín

Una de las hijas de Xavi y Gloria, dos padres que no pueden teletrabajar en la desescalada, al cuidado de su abuela.

Una de las hijas de Xavi y Gloria, dos padres que no pueden teletrabajar en la desescalada, al cuidado de su abuela. / El Periódico

Con la desescalada ha llegado, por fin, la apertura de terrazas, peluquerías, museos… Casi todo empieza poco a poco a abrir sus puertas, menos los colegios, lo que provoca que, si teletrabajar con los niños pululando por la casa (más sus dudas con los deberes) es casi una misión imposible, la vuelta al trabajo presencial de uno o los dos progenitores en las empresas que reabren ha complicado todo exponencialmente. Allá por marzo, el Gobierno prometió una prestación para los padres que tuvieran que pedir excedencias o reducciones de jornada pero se quedó en humo. Y prácticamente solo Catalunya prevé abrir los centros escolares para niños de tres a seis años en la fase 2. Ante ello, muchas familias sufren un estrés importante, tienen que hacer malabares y buscar todo tipo de soluciones, como estas cinco que explican su difícil situación:

Recurrir a una cuidadora

Cristina y Fernando trabajan en el estudio de arquitectura Aldescubierto y, desde que se han reanudado las obras, prácticamente todos los días tienen que desplazarse a alguna, lo que les ha obligado a recurrir a una persona para que cuide de sus tres hijas, de 14 meses, tres y siete años. “Se la hemos robado [la empleada] a mis padres”, bromea Cristina.

Mirna cuida a las tres hijas de Cristina y Fernando mientras ellos tienen que visitar las obras que dirigen como arquitectos / JOSÉ LUIS ROCA

Aún así, la situación sigue siendo muy complicada porque, cuando trabajan en casa, tienen que hacerlo en la mesa del comedor “con continuas interrupciones” por parte de las niñas. La que es bebé sigue tomando el pecho, la mediana no tiene casi tareas del cole y quiere jugar todo el rato, mientras que la mayor necesita que al menos uno de sus dos padres haga los deberes con ella. “Nos cuesta muchísimo organizarnos porque las necesidades son muy distintas, es una locura”, explica.

Cristina considera que el Gobierno “se está olvidando de los niños y sus padres” y, aunque entiende que se centre en el problema sanitario, cree que se podrían haber adoptado al menos soluciones “creativas” para ayudar a las familias a conciliar.

Cristina Menene dirigiendo una obra mientras Mirna cuida de sus tres hijas, debido a que los colegios siguen cerrados / JOSÉ LUIS ROCA

El cuidado por parte de los abuelos

Aunque las autoridades desaconsejan que los niños tengan contacto con las personas mayores, Xavi y Gloria no han tenido más remedio que recurrir a los abuelos para que cuiden de sus hijas, de cinco y siete años, si bien, intentarán que sean las menos veces posibles. Ella es trabajadora social y ha vuelto al trabajo presencial y él estibador en el puerto de Barcelona, con horarios cambiantes. “Desde hace unos días, la noche antes decidimos qué hacemos con los niños, porque yo no trabajo todos los días, a veces me he pido fiesta pero hoy, por primera vez, hemos tenido que dejar a los niños con mis suegros, aunque nos da un poco de miedo porque tienen más de 70 años”, relataba Xavi el pasado miércoles.

Las hijas de Xavi y Gloria, al cuidado de su abuela / EL PERIÓDICO

Su otra ‘solución’ son sus padres, que tienen 70 y 64 años, pero viven en Barcelona y ellos en San Celoni, con lo que tienen que esperar a que el lunes se reunifiquen las áreas metropolitanas con la capital catalana. “A mi madre la veo más fuerte de salud, igual les dejamos unos días con unos y otros con otros; ellos están encantados de cuidar a las niñas pero esperamos que no haya un rebrote”, señala. A más largo plazo, tienen en mente la apertura de campamentos de verano, pero mientras tanto, viven con “incertidumbre”. “Estamos acostumbrados a unas rutinas que ahora han desaparecido y es un problema, una verdadera faena”, lamenta.

Unas horas solos

Ana y Miguel (nombres ficticios porque prefieren mantenerse en el anonimato) también están pasando por una situación complicada. Ella trabaja en un banco y hasta ahora ha tenido que trabajar una semana presencialmente y otra desde casa pero en un futuro inmediato tendrá que acudir a la sucursal todos los días. Y él es autónomo que trabaja en la construcción y tiene que visitar obras. “Intenta ponerse las citas por la tarde pero hay veces que no hay manera”, relata Ana. En su caso, descartan “tirar de los abuelos” o contratar a un canguro porque temen contagiar a los primeros y no saben si la persona que entre en el hogar para cuidar de los niños está libre del virus.

Por ello, se ven forzados a dejar unas horas solos a los niños en casa. El mayor tiene 11 años y la pequeña nueve y, aunque son muy responsables, a veces llaman a Ana porque “oyen ruidos” y dicen que tienen “miedo”. Les está costando acostumbrarse.

La madre pide una excedencia

Inés es teleoperadora y tras un Erte durante el confinamiento volvió al trabajo presencial el 11 de mayo y dejó a sus hijos, de dos y cinco años, con su marido, Jorge, que es informático y puede teletrabajar. Si bien, tiene que participar en videoconferencias, concentrarse y con dos pequeños en casa, uno de ellos con un montón de alergias, es difícil. Incluso le “llamaron la atención”, según cuenta Inés, quien pidió en su empresa poder trabajar desde casa pero no se lo aseguraban. En esta tesitura, pensaron que “la única opción” era que ella pidiera una excedencia de dos meses, a la espera de que pase lo peor y poder después dejar a los niños con los abuelos.

Mientras tanto, la excedencia les obliga a “apretarse el cinturón bastante”, a renunciar a “salidas y a ciertas compras” porque con el salario de Inés, según cuenta, “se paga la hipoteca en casa”.

Con su tía, que además teletrabaja

Y, por último, Lorena trabaja como encargada en una tienda de ropa y su pareja, Alfredo, también es encargado pero en un restaurante. Normalmente ella trabaja por la mañana y él por la tarde, con lo que tienen todo el horario cubierto. Pero la situación se ha complicado esta semana porque los comercios y la hostelería están reabriendo pero con menos personal, lo que les está obligando a trabajar tanto por las mañanas como por las tardes a ambos. La solución que han encontrado es dejar a su hija de cuatro años con su hermana, que también vive en Madrid y de momento está teletrabajando.

Si bien, Lorena no sabe cuánto va a durar la situación. “Me preocupa que la jornada partida se alargue y mi hermana tenga que volver a trabajar presencialmente, entonces tendríamos un problema, porque tenemos una persona que normalmente nos ayuda con la niña pero ahora nos da miedo meterla en casa, tendríamos que ver qué hacemos, sentimos un poco de impotencia”, relata.

En esta situación, la campaña #EstoNoEsConciliar, del colectivo Malas Madres, ha recabado ya más de 177.000 firmas para exigir al Gobierno “medidas urgentes” destinadas a ayudar a las familias mientras dure el cierre de los centros educativos.