Tormenta ecológica perfecta

La Generalitat pronostica una proliferación de jabalís "conflictivos"

El cóctel de temperaturas suaves, lluvias abundantes y covid-19 pone en estado de alerta a los agricultores

Final de una jornada de caza en Collserola.

Final de una jornada de caza en Collserola. / JOSEP GACIA

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El Periódico

Parecerá el más insignificante de los problemas ahora que un virus ha puesto en jaque a toda la población mundial, pero el subdirector de actividades cinegéticas y pesca continental de la Generalitat, Jordi Ruiz, avisa ya de forma preventiva que conejos, jabalís y otros habitantes del bosque pueden ser “conflictivos” este año, no porque de repente vayan a ser más malotes, sino porque simplemente serán más.  Se ha formado, aunque Ruiz no ha empleado estas palabras, una tormenta perfecta por la simple combinación de un invierno suave en temperaturas, una primavera inusitadamente lluviosa y, cómo no, la llegada en forma de pandemia del covid-19. Quienes más sufrirán esa conflictividad silvícola serán los campos de cultivo y quienes viven de ellos. También, como ya intuyen los grupos ecologistas, los propios jabalís y conejos, porque el remedio clásico en estos casos suele ser, en contra de la advertencias de algunos especialistas, la caza.

Los años de sequía y los inviernos de temperaturas muy bajas suelen ser un sistema natural de control de la población de animales salvajes. Son esas las razones de que se avecine un repunte del censo de devoradores de cosechas y no tanto el hecho el hecho de que las personas se hayan pasado dos meses encerradas en casa. La presencia de jabalís en el centro de las ciudades, por ejemplo, es algo anecdótico. Lo importante sucede en los bosques, donde abundan mucho más las bellotas y las hierbas, sustento primordial de algunas especies salvo que, como sucede tantas veces, se les ponga a tiro un campo de cultivo.

Ocho especies

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No están permitidas por ahora las clásicas batidas deportivas de caza porque no se considera esta una tarea esencial en el estado de alarma y porque las medidas de distancia social que deben respetar los cazadores no están perfiladas, pero la Generalitat está concediendo permisos especiales cuando los daños en los cultivos son “severos y reales”, tal y como los define el subdirector general de cuestiones cinegéticas. Son menos de las habituales por estas fechas, entre un 10% y un 15% de las concedidas en años anteriores. Se han concedido, sobre todo, en Girona y Lleida (20 y 18 permisos, respectivamente) y mucho menos en Tarragona, con ocho autorizaciones. En el punto de mira de los cazadores solo puede haber ocho especies animales: jabalí, conejo, estornino, urraca, “los que más daño generan”, según Ruiz, y también corzos, ciervos, paloma torcaz y muflón.

A Ecologistes en Acció le parece un despropósito que, un año más, el remedio sea la caza, y más ahora que, según recuerda esta asociación, el estado de alarma es muy claro en la prohibición de actividades en grupo al aire libre. Las matemáticas de primaria no sirven para resolver los problemas medioambientales, vienen a decir los grupos ecologistas. La muerte de 10, 100 o 1.000 jabalís no es una simple resta de la población existente. Las hembras de esta especie, desde que son blanco permitido de la caza, han adelantado la edad de reproducción y alumbran camadas más numerosas. No es que la naturaleza sea sabia como un Salomón, es que es impredecible.