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Muere Vieja, decana de los chimpancés de Europa

Con 60 años, esta hembra de pelaje enharinado de Zoo de Barcelona fallece por causas naturales y deja en el recuerdo su amor como madre adoptiva

Vieja, ya anciana, en el Zoo de Barcelona.

Vieja, ya anciana, en el Zoo de Barcelona. / ZOO DE BARCELONA

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Ha muerto la decana de los chimpancés residentes en Europa, desde su más tierna infancia conocida como Vieja, nombre extraño para la cría que era cuando llegó a Barcelona en 1965, pero que vista su gran longevidad, unos 60 años, primavera arriba, primavera abajo, le ha hecho al final justicia. Sería, a escala humana, como esas ancianas que salen en televisión porque cumplen 113 o 114 años y que aún soplan las velas y las apagan. Murió el miércoles, nada extraño porque ya se la veía achacosa. De ella se destacará, sin duda, su longevidad, puede que incluso mayor que la de la Chita de Tarzán, un ‘fake’ zoológico descomunal, pero de su trayectoria vital es mucho mejor destacar que a finales de los 90 fue madre adoptante, lo cual se dice pronto, pero en realidad fue un hito.

Era un fósil vivo de los zoos de otra época. Llegó a Barcelona un año antes que Copito, capturada en libertad

Vieja formó parte de ese puente aéreo simiesco que el primatólogo Jordi Sabater Pi organizo en los años 60 entre Guinea Ecuatorial, entonces provincia de ultramar, y Barcelona. Era, cierto modo, un fósil vivo de otra época. La captura de ejemplares salvajes para su exhibición es cosa de los tiempos de '¡Hatari!', formidable película, aunque un despropósito para los estándares animalistas de la actualidad. De los vuelos de ‘Air Mono’ es famoso, por supuesto, Copito, que aterrizó en la ciudad en noviembre de 1966 y que una portada de ‘National Geographic’ hizo mundialmente famoso, a cambio, como suele suceder en los casos de niños prodigio, de una infancia inapropiada. Cuando a Copito le hacían fotos hasta en el sillón del alcalde de Barcelona, a Marisol le diagnosticaron una úlcera de estómago por estrés y Joselito, el ruiseñor, comenzaba a ser un juguete roto. Vieja llegó un año antes, sin hacer ruido y ajena a la fama, aunque sí que con una característica física que la distinguiría el resto de su vida. Su pelaje, de un gris luminoso, casi canoso, hizo que sus cuidadores, tal vez el propio Sabater Pi, la bautizaran sin maldad con ese nombre. Su edad al entrar en el zoo era incierta. Puede que tuviera ya tres o cuatro años. No más. Canosa, parecía una suerte de Benjamin Button ‘avant la lettre’, versión ‘Pan troglodytes’, que es como la ciencia clasifica esa especie.

Era un animal tranquilo, algo no habitual entre los chimpancés. La historia evolutiva de esta especie es la que es. Sus primos bonobos quedaron aislados en la riba del río Congo donde nunca faltaba la comida, así que se dedicaron a la ‘dolce vita’, por no decir directamente al fornicio sin límite. A los chimpancés les tocó en suerte la otra orilla del río, donde las violentas disputas por el sustento eran obligadas. A lo mejor a Vieja le habría gustado ser bonobo y jugaba a ello con ese carácter amable que mostraba y que, en los 90, fue crucial para un exitoso experimento que llevó a cabo el Zoo de Barcelona.

Adoptó a Tibé, una pobre cría que la Guardia Civil decomisó en el aeropuerto, y fue para ella una estupenda madre

El caso es que en la aduana del aeropuerto de El Prat, la Guardia Civil confiscó un bebé chimpancé que algún desalmado trataba de pasar de contrabando. Era un hembra. Tibé, se llamaría más adelante. Lo habitual, en casos así, era que fueran los cuidadores del parque zoológico los que hicieran de madre. Con algunos de los hijos de Copito así se hizo. Tiempo atrás, hasta fue posible que los visitantes vieran a esos empleados del zoo con una cría de gorila en brazos, con su pañal incluso y el biberón en la boca. No era lo más sensato, pero eran otros tiempos. Vieja le ahorró a Tibé ese mal trago. Entendió lo que le proponía Maria Teresa Abelló, responsable de la colección de grandes simios del parque. Vieja ya había sido madre y tenía claro en qué consiste sacar adelante un pequeño chimpancé. Ríanse ustedes de un niño humano encerrado en casa tras dos meses de confinamiento. Los ‘Pan troglodytes’, como infantes, son la bomba.

“Fue una madre estupenda”. Así la recuerda Abelló. Cuando el macho del grupo se ponía más alfa de la cuenta, ella iba rápido al rescate de Tibé, incluso a riesgo de recibir un manotazo. Cosas de nacer en el lado equivocado del río Congo.

¿Luto?

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De la muerte de ViejaTibé ni se ha enterado. Ahora vive en Francia. Sí lo ha percibido Kala, su hija biológica, inconfundible porque ha heredado de su madre ese color como de recién salida de un molino de harina. No la vio morir. Vieja pasó sus últimos minutos sedada en su dormitorio, en compañía de los veterinarios. Demasiados órganos de su cuerpo habían dicho basta. 60 años son muchísimos para un chimpancé. Kala la buscaba, más descolocada que otra cosa. Hay una larga discusión entre primatólogos sobre si los chimpancés pasan algo similar a un duelo o, más aún, si reproducen patrones de comportamiento religioso. Esa es la tesis, por ejemplo, de Frans de Waal, que en el 2014 pasó por el Zoo de Barcelona y, aunque ateo militante, ahondó en esa cuestión. Abelló discrepa. Cree que, sencillamente, cuando los grandes simios examinan el cuerpo inerte de un compañero fallecido lo hacen sin un patrón claro. En la selva, con el calor, pasados un par de días sería todo un problemón pensar que aún esta vivo.

Posdata. Ha muerto la sexagenaria Vieja. Tenía una mirada muy profunda, casi humana, algo muy difícil en los grandes simios, porque sin blanco en los ojos no se consigue ese efecto. Habrá quien diga que sus 60 años no son nada al lado de los supuestamente 80 que vivió Chita, pero la mona de Tarzán, que en realidad era un macho, ha estado siempre bajo sospecha. El anzuelo se lo tragó hasta el jurado de los récords Guinness. Ron Priest, que durante años sacó tajada de la fama de aquel chimpancé, aseguró que podía demostrar con registros dentales que su Chita era la que se abrazaba a Johnny Weissmüller. Hizo 12 películas como Tarzán. Parece que por el plató pasaron varias ‘chitas’. Vieja solo ha habido una.

Un símbolo de la evolución de los zoos

Con la muerte de Vieja se extinguen un poco más, afortunadamente, los viejos zoológicos, en los que el propósito cientifico era escaso. Se capturaban animales libres en su hábitat natural y se transportaban a una nueva vida sin gran sentido. Los zoos han evolucionado. A veces se olvida y se ignora hasta qué punto es así. El de Barcelona, sin ir más lejos, tiene unos orígenes realmente singulares. En 1892 era inicialmente una colección privada que funcionaba más como una granja que como un lugar de estudio de la fauna. Los huevos de las aves se vendían para el consmo humano. La exhibición pura y dura fue una etapa posterior. Como en la política y en otros ámbitos, es un error juzgar aquella época con las gafas del presentismo. A nadie extrañó que Copito recalara en Barcelona. Es más, hubo intentos por parte de otros zoológicos de comprarlo como inversión.