31 may 2020

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el 'mecanoscrit' de los mustélidos

¡La nutria cría en el Besòs!

Una cámara científica graba a una madre y su camada y reafirma así un nuevo paso en la milagrosa resurrección de esta cuenca fluvial

Carles Cols

Una fototrampa graba una familia de nutrias en el Besòs. / ENRIC DOMINGO/ AJUNTAMENT DE BARCELONA

Los ‘paparazzi’ del río Besòs acaban de confirmar una extraordinaria noticia. No solo hay nutrias en este río, que no hace tanto resucitó de entre los muertos, sino que, además, la cuenca vuelve a ser un lugar de cría de esta especie. Medioambientalmente, es un notición. Que la ‘lutra lutra’ correteaba por las ribas de este río y se zambullía en busca de pescado ya había sido confirmado por el método científico hace ahora un año, en un paciente trabajo de campo a cargo del Zoo de Barcelona, el Consorcio Besòs-Tordera y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), en el que fue crucial el entusiasmo sobre el terreno de Arnau Tolrà, encargado de buscar huellas en el barro, recoger heces frescas y revisar las cámaras de fototrampa instaladas en los lugares aparentemente idóneos para este animal. Con esas pruebas se acreditó que en el 2019 vivían cinco nutrias en el Besòs. También se estudió la cuenca del Tordera. Allí eran 10 los ejemplares censados. Aquel trabajo ha obtenido ahora un estupendo broche de oro porque una de las fototrampas, equipos de video que se activan con el movimiento, ha grabado recientemente cinco segundos en los que tres nutrias, una madre y dos crías de entre cinco y ocho meses, pasan a la carrera por delante del objetivo. Las nutrias no solo viven en el Besòs. También crían. En el ‘Hola!’ animal, esta sería una foto de portada.

Que es el Lázaro de los ríos ya dio fe el regreso de las anguilas. Que las nutrias críen, es un broche de oro

El Besòs no solo es el Lázaro de los ríos, sino que año tras año da síntomas de recuperar el tono muscular muy por encima de los pronósticos más optimistas que en su día se pudieran hacer cuando con millonarias inversiones se encaró su recuperación. Hace un cuarto de siglo, esta cuenca no solo estaba muerta. Era un cadáver putrefato. El caudal era simplemente venenoso. En 1993, por ejemplificar cuáles eran entonces las prioridades, la Generalitat contrató a un grupo de olfateadores para que, como sumiliers de las miasmas, detectaran a través del olor de qué fábrica procedía cada vertido. El río, lo que son las cosas, fue asesinado ante la mirada pasiva de esa misma administración a lo largo de los años 80. A la industria se le toleraba todo. La dolencia venía de lejos. La última cosecha de las famosas fresas de Santa Coloma se cosechó en 1981. Tras aquella fecha, simplemente, el horror, representado perfectamente por esos cumulonimbos de espuma tóxica que lentamente bajaban hasta la desembocadura y que, a veces, de tan altos que eran, acariciaban la panza de los puentes.

El Besòs, un día cualquiera de 1991. / danny caminal

Con estos antecedentes sanitarios, que las nutrias hayan decidido por fin criar en el Besòs es lo que los expertos llaman un bioindicador de traca. Ha habido antes otros. Regresaron no hace mucho los peces, como barbos, carpas y las invasoras gambusias, pero especialmente meritoria fue el retorno de las anguilas, pues nacen en el Atlántico norte y de algún modo indescifrable supieron en el momento oportuno que el Besòs volvía a ser un hábitat aconsejable. En el 2017 se confirmó que el zampullín, un ave muy exigente a la hora de buscar hogar, había anidado al paso del río por Santa Coloma de Gramenet. Y de las nutrias algo se sabía desde el 2014, pero todo muy nebuloso. Hasta ahora.

Comida y refugio, con eso le ha bastado a la pareja que ha criado bajo viaductos. Son las nutrias poligoneras

El río no es, ni de lejos, el edén que antaño fue para esta especie, pero Juli Mauri, jefe del área de biodiversidad del Zoo de Barcelona, explica que la familia retratada con la fototrampa parece que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Es mejor no dar muchos datos sobre la zona exacta de cría, por razones obvias, pero según Mauri a la madre le ha bastado con que haya alimento y un rincón escondido, lo cual no quiere decir lejos de los humanos. “Son, para que nos entendamos, nutrias poligoneras”, dice. Vamos, que la sombra de viaductos de cemento para el tráfico de vehículos no es un obstáculo para afincarse en un lugar.

Así están las cosas. En sus buenos tiempos, eran conocidas como los lobos del río, ágiles depredadoras de peces y crustáceos, incluso eran tenidas por listas. Pocos animales son capaces de utilizar herramientas. Lo hacen algunos primates. Algunas nutrias, también. Se colocan panza arriba en el río y con una piedra rompen las cáscaras del marisco que les apetece para almorzar, lo cual las sitúa, como especie, en una suerte de paleolítico de la ‘lutra lutra’. La nutria poligonera es, según se mire, un salto evolutivo, un paso intermedio de adaptación a la espera de que la situación mejore, que lo hará, porque en el Besòs no tienen enemigos. Las crías recién grabadas son muy jóvenes aún, nacidas a finales del 2019. Lo que su instinto les ordenará será que cuando cumplan un año se busquen la vida en otro recodo del río y, asi, paso a paso, la población crezca.

El Besòs, renacido, un día cualquiera del 2017. / ricard cugat

La pregunta lógica a estas alturas es, claro está, de dónde han salido estas nutrias. Parece que solo hay dos opciones. La primera, la más romántica, es que sean descendientes directas de las últimas colonias que han sobrevivido en libertad en el Pirineo o, más difícil todavia, en la Terra Alta. La otra alternativa, que requeriría una migración no menos ‘marcopoliana’, es que sus antepasados sean aquel grupo de nutrias que, procedentes de Extremadura, fueron liberadas hace 20 años en comarcas de Girona en un programa que pilotó Jordi Ruiz Olmo y en el colaboró de forma crucial en Zoo de Barcelona, que las alojó cómodamente para que pasaran la cuarentena necesaria.

La próxima meta es seguir el rastro genético de la familia. Es hora, pues, de ir a por heces frescas

La próxima meta, siempre que las limitaciones presupuestarias no lo impidan, es resolver ese puzle genético. El proceso, por decirlo fino, es muy prosaico. Consistirá probablemente en organizar una batida en busca de heces de nutria por las ribas del Besòs. Tienen que ser frescas para que en el laboratorio sean útiles. El problema es más localizarlas que identificarlas. Su fuerte olor a pescado las delata. Así se podría construir casi desde cero el árbol genealógico de esta suerte de Alba y Dídac de la familia mamífera de los mustélidos, que como protagonistas de una versión animal del ‘Mecanoscrit del segon origen’ eran los únicos de su especie en todo el Besòs.

El posible almuerzo de las nutrias. / ricard cugat

Aún es pronto para aventurar pronósticos infalibles. El vertido que el pasado diciembre protagonizó una fábrica de disolventes en Montornès del Besòs se produjo río abajo del hogar de nuestras nutrias poligoneras. Difícilmente habrían sobrevivido en caso contrario. Pero, incluso con esas amenazas siempre latentes sobre la mesa, el jefe de bioversidad del Zoo de Barcelona invita a ilusionarse. Lo natural será que la población de nutrias crezca y, lo que ya seria la repera, que algunos ejemplares se atrevan a asomarse a la desembocadura del río, incluso a practicar la pesca en el mar, nada insólito, pues ya lo hacen las que habitan los ríos Muga y Fluvià, que se las ve en ocasiones en las caletas del Cap de Creus.

Esa fue antaño su perdición. A las nutrias las mató la contaminación, sí, pero también la avaricia de los cazadores (su abrigo de piel era muy cotizado) y la insensatez de los pescadores, que creían que eran las culpables de que las redes se recogieran caa vez más vacías. Se promovió intensamente su exterminio. En 1973 se las incluyó en la lista de especies protegidas. A buenas horas. Esos cinco segundos que ha grabado una fototrampa es una oportunidad para reescribir de nuevo la historia.