07 ago 2020

Ir a contenido

RIESGO EDUCATIVO

Educación 'online': ecuación diabólica que depende de mamá y papá

El papel que tienen los progenitores en la enseñanza virtual de sus hijos es fundamental

El riesgo para la igualdad educativa resulta evidente

Olga Pereda

Una niña estudia en casa vía ’on line’, este jueves en Madrid.

Una niña estudia en casa vía ’on line’, este jueves en Madrid. / JOSÉ LUIS ROCA

Alumnos y profesores no son los únicos que se han tenido que adaptar a la educación 'online' impuesta por la pandemia del coronavirus. Los padres y las madres también porque han cedido sus dispositivos digitales (en caso de tenerlos), su paciencia, su tiempo y su energía para acompañar a sus hijos -sobre todo los más pequeños- a la hora de zambullirse en la enseñanza virtual.

"Las actividades académicas digitales están bien organizadas y ayudan mucho a la hora de mantener la rutina en casa durante el confinamiento. Pero sé que somos unos privilegiados porque en casa tenemos varios ordenadores. Además solo tenemos dos hijas, no sé muy bien cómo se pueden organizar las familias con más críos. Hay otros padres del cole que están realmente agobiados", explica Pilar Sánchez, casada y madre de dos niñas de 6 y 4 años. Con la mayor, que cursa primero de Primaria en un colegio concertado de Madrid, dedica unas tres horas al día en el acompañamiento de los deberes. "Todavía es muy pequeña para que los haga sola. Considero que es mejor que esté a su lado", explica unos minutos antes de que empiece la clase extraescolar de piano, impartida durante diez minutos por la profesora al teléfono. "Puede resultar sorprendente, pero en este tiempo creo que ha mejorado mucho con el instrumento. Nos llama, enseña una canción a mi hija y la practica durante toda la semana", explica Pilar, que combina como puede su papel de madre con el de teletrabajadora.

Juan Fernández -que también está teletrabajando en casa estos días- y su mujer tienen un solo hijo, que cursa 5º de Primaria en otro colegio concertado de Madrid, organizado como cooperativa de profesores. El niño usa el portátil de su padre, que trabaja con el ordenador de mesa. "Mi hijo tiene unas dos o tres conexiones digitales a su clase, incluidas las tutorías. Es un sistema nuevo y muy raro. Pero, al final, ha cogido la dinámica. Es importante que tenga contacto con su comunidad educativa y que quede claro que esto no son unas vacaciones. Creo que el beneficio es tanto personal como académico".

A años luz

Juan, sin embargo, deja claro que la actividad académica 'online' no es ninguna panacea y que está a años luz de la presencial. "Pero entre esto y nada pues es mucho mejor esto", concluye tras dejar claro que, de momento, ningún padre o madre de la clase se ha quejado por la cantidad de trabajo y atención doméstica que requiere la enseñanza virtual. 

Su hijo, al igual que el de Pilar asiste a clases privadas de música en una academia. Sus puertas se han cerrado físicamente pero se han abierto online (también siguen cobrando los 80 euros mensuales de cuota). "La profesora está en Francia y se conecta digitalmente para tener la clase. Es todo tan raro... Igual para el futuro puede servir toda esta experiencia. Pero la diferencia con la vida académica normal es abismal. Bastante hacemos todos con tratar de adaptarnos a esta nueva vida", advierte Juan sin querer sonar pesimista.