CAMBIO DE RUTINAS

Los narcos del Estrecho se reinventan con el estado de alarma

Las restricciones de movilidad les obligan a arriesgar más para desembarcar y trasladar los alijos de droga

En el mes de confinamiento se ha detenido a casi un centenar de personas y se han incautado más de 10 toneladas de hachís

Imagen de una narcolancha intervenida hace unos días por la Guardia Civil a orillas del río Guadalquivir.

Imagen de una narcolancha intervenida hace unos días por la Guardia Civil a orillas del río Guadalquivir.
Detención del conductor de un camión en Granada cuando circulaba por la A-7 con una tonelada de hachís y casi 900.000 euros en efectivo.

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Julia Camacho

Un control rutinario en la A-7 en Granada para velar por el cumplimiento del estado de alarma ha destapado esta semana los nuevos modos que emplean los narcos del Estrecho de Gibraltar para sortear las restricciones de movilidad durante la pandemia del coronavirus. Uno de los perros detectó que el camión destinado a transporte de alimentos ocultaba en su interior una tonelada de hachís y 900.000 euros en billetes. “Tienen que arriesgar más, porque el negocio sigue y ahora son más visibles”, explican fuentes policiales de la lucha contra el narcotráfico en Andalucía, que subrayan que “no están respetando el estado de alarma, y siguen trabajando porque mientras haya oferta y demanda hay negocio, pero nosotros también”.

Que el negocio sigue adelante es algo que demuestran las cifras de las dos primeras semanas de cuarentena en el Campo de Gibraltar y otras provincias costeras andaluzas. 58 personas detenidas en 28 operaciones, incautándose además de 5,5 toneladas de hachísnueve embarcaciones y 12 vehículos. Un goteo que no ha cesado. De momento, apuntan las fuerzas de seguridad, parecen estar apurando los “stocks” que están almacenados en la zona de costa de Marruecos, por lo que cuando éstos se acaben, sumarán nuevas trabas al no poder lograr la droga debido a las restricciones de movimientos internos puestas en marcha por el país norteafricano.

Esas restricciones de movilidad ya les están afectando en España, y se suman a la presión policial que soportan desde verano de 2018, cuando se puso en marcha en Plan especial de seguridad en el área del Estrecho. Ambos factores dificultan la logística para desembarcar o trasladar los alijos, por lo que deben extremar las precauciones. “Ya no es tan fácil tener preparadas a 30 personas en la playa para desembarcar la droga, porque las calles están vacías y se los ve a la legua, pero también a nosotros, porque seguimos tras ellos”, reconoce un agente de la Guardia Civil, cuerpo que tiene el control de la Operación Carteia, el dispositivo contra el narcotráfico desplegado desde 2018 en el marco de ese plan especial.

Para evitar ser sorprendidos, algunos ‘puntos’—los encargados de dar el aviso de la presencia policial—, lanzan sus alertas por teléfono, vigilando desde sus casas. Hay incluso a quien no le importa arriesgarse a pagar una multa por ser sorprendido en la calle con tal de descubrir dónde están los controles policiales y, por tanto, qué zonas quedan libres en esos momentos para  mover la droga. Es lo que cuenta otro agente destinado en la comarca campogibraltareña, que esta semana sorprendió en dos controles distintos de movilidad al mismo coche con los mismos pasajeros.

El incidente del camionero sorprendido en Granada desvela que han tenido que reinventarse, y dejar en casa los todoterrenos veloces con los que se trasladaba la droga habitualmente. “Saben que se está moviendo mucha mercancía por carretera, porque el transporte no ha cesado su actividad, y piensan que los controles pueden no ser tan exigentes con los camiones de llevan alimentos”, aclaran fuentes policiales. De hecho, este fin de semana fue desarticulada una organización que usaba la tapadera de una conservera para trasladar hachís a Lituania oculto en latas de tomate frito.

Descarga y repostaje

Esta reducción de movimientos explica también la localización, el pasado miércoles, de un camión en Almería que portaba 3.150 kilo de hachís y 128 garrafas de combustible vacías. Y es que tras la entrada en vigor en 2019 de la prohibición de este tipo de embarcaciones (valoradas en unos 300.000 euros) y la dificultad de conseguir una nueva si eran incautadas por las fuerzas de seguridad, los narcos optaron por mantener las lanchas en alta mar aguardando el momento acercarse a costa a desembarcar el alijo o esperando que se les acercaran lanchas de recreo con combustible, el mecánico o el reemplazo de la tripulación. Embarcaciones que ahora no pueden salir, por lo que los narcos aprovechan la misma operación para descargar el alijo y reponer el gasoil.

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“Ya no es tan sencillo como cruzar el Estrecho ida y vuelta en una noche”, explican, “han tenido que cambiar sus rutinas”. Los agentes han localizado embarcaciones que incluso descargan parte de la carga en Cádiz y el resto en Málaga, en un solo viaje. También se han consolidado las rutas que durante años quedaron en el olvido por la cercanía y comodidad que brindaba el Estrecho, como Almería, Huelva o la desembocadura del río Guadalquivir. Precisamente aquí la Policía tuvo que recurrir esta semana a un dron para localizar una narcolancha que sabían estaba semioculta entre caños. Sus ocupantes, dos chicos de origen marroquí, llevaban días “acampados” en la lancha a la espera de recibir el aviso para desplazarse a Marruecos a cargar.

7.130 detenidos en año y medio

El rescate a golpes de un narco retenido en un hospital de La Línea marcó un punto de inflexión en el Campo de Gibraltar, donde unos pocos narcos amedrentaban a las fuerzas de seguridad. El Plan especial que se implantó en verano de 2018, pocos meses después, logró según las entidades sociales de la zona "recuperar el perdido principio de autoridad". Y de paso, demostró a los narcos que la lucha iba en serio. Desde entonces, se ha descabezado a las principales organizaciones de narcotráfico, desmontando además el entramado usado para blanquear esos fondos ilícitos. El balance pone el acento además en los más de 216.446 kilos de droga intervenidas hasta final de 2019, entre hachís, cocaína, marihuana, heroína o tabaco de contrabando. Y más de 7.130 personas han sido detenidos en ese plazo. Unas cifras similares a la población de algunos municipios del entorno que demuestran cuán arraigada está el mundo del narcotráfico en una zona con una elevada tasa de paro y con escasas perspectivas de futuro.