28 nov 2020

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DESEQUILIBRIO DEMOGRÁFICO TERRITORIAL

La Catalunya rural reclama trabajo y más servicios para repoblarse

Micropobles, que une a 170 municipios, busca soluciones sostenibles con ayuda institucional

Los Pallars, Alta Ribagorça, Priorat y Terra Alta encabezan las comarcas menos habitadas

Carme Escales

Un rebaño de ovejas, en el pueblo de Llessui, en el Pallars Sobirà, la comarca con menos densidad de población de Catalunya, con 5 habitantes por quilómetro cuadrado, según datos de Idescat del 2019.

Un rebaño de ovejas, en el pueblo de Llessui, en el Pallars Sobirà, la comarca con menos densidad de población de Catalunya, con 5 habitantes por quilómetro cuadrado, según datos de Idescat del 2019. / ANA MENESES

La escapada, o intento, de vivir el confinamiento en las segundas residencias han vuelto a dejar en evidencia la conciencia sobre la mayor calidad de vida en espacios donde la naturaleza prima a la presencia de las personas. “¿Entenderemos de una vez que todos amontonados no podemos vivir? No podemos reproducir el modelo de Delhi o México DF. Tenemos un buen territorio para evitarlo”, expone el presidente de la asociación Micropobles de Catalunya, Mario Urrea.

Micropobles es la voz conjunta de 170 municipios con menos de 500 habitantes, (170 asociados, en total hay 335 micropueblos que gestionan un tercio del territorio de Catalunya), colectivo muy activo en las reuniones de la Agenda Rural Catalana (ARC), una iniciativa impulsada por el Govern que define el plan de prioridades para el sector, alineando las actuaciones con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU para el 2030. Sostenibilidad y desequilibrio territorial no casan.

Negociar responsabilidad colectiva implicando a las agencias regionales de salud, sindicatos y universidades; redefinir el mapa escolar en función de la necesidad y no del número de alumnos, garantizar servicios universales a un máximo de 30 minutos de trayecto, y suprimir el mínimo de 40 años para las ayudas de joven agricultor son propuestas de la agenda.

 “Generar economía para que la gente habite los pueblos debe equilibrarse con la gestión sostenible del medio”, expone Albert Alins, al frente de la Direcció General de Polítiques de Muntanya. Alins habla confinado en Pont de Suert, su población natal, capital de la Alta Ribagorça y segunda comarca con menos densidad de población de Catalunya, con 8,9 habitantes por kilómetro cuadrado, según datos del Idescat. Encabeza la clasificación el Pallars Sobirà, con solo 5 habitantes por km2, y les siguen Pallars Jussà (9,7 h/km2); Alt Pirineu i Aran (12,5); Solsonès (13,5); Terra Alta (15,5) y Priorat, con 18,5.

Comarca a comarca

El otoño pasado se creó una comisión interdepartamental entre el Govern y agentes locales, públicos y privados, para debatir prioridades y determinar actuaciones en ámbito local. Pallars Sobirà, Alt Urgell y Terra Alta ya se han evaluado. Según explica Alins, “con la desgracia de la Covid-19 hemos descubierto que el trabajo a distancia genera oportunidades. Pero necesitamos un buen acceso a internet, solo así se puede hacer un buen trabajo, en el sector que sea, y para llevar proyectos desde cualquier pueblo, liderados desde Hong Kong o desde donde sea”.

“Ahora se abre un debate interesante. Las ciudades no son infalibles y el mundo rural no es algo anacrónico”, afirma el Síndic d’Aran, Paco Boya. “Hemos aprendido el beneficio para las ciudades de tener su despensa alimentaria cerca. Hay que activar la lógica de todo el territorio. El diálogo entre lo urbano y lo rural vuelve a tener mucho sentido”, considera Boya.

 Además de trabajo, vivienda y servicios, infraestructuras y cultura, son también demandas del territorio. Pero el empleo, el propio rendimiento económico, es puntal de garantía para permanecer en los pueblos. “En el siglo pasado, 100 familias en un pueblo producían los mismos alimentos que hoy producen dos familias. Hay que diversificar, reconvertirse”, apunta el presidente de Micropobles, Mario Urrea, alcalde de Torrebesses (Segrià, 290 habitantes).  “Debemos ir hacia una agricultura ecológica, biodinámica. Y que cada pueblo haga aflorar su potencial y la iniciativa de la gente es clave”, añade.

“Necesitamos el tejido de las pymes. En Riba-roja d’Ebre pusimos en marcha un 'coworking' (Zona Líquida) donde trabajan 22 personas y hemos abierto una planta de valorización de residuos y vertedero, con cuatro empleados --explica el alcalde de Riba-roja d’Ebre, Antonio Suárez--. Cuesta crear malla de pequeñas iniciativas, nuestro territorio está acostumbrado a la gran industria química y energética con salarios altos, no hay mentalidad emprendedora". "Pero la electroquímica de Flix ha pasado de 1.200 trabajadores a solo 120. No tenemos alternativas y desde la clase política no se ha consensuado nunca un modelo”, añade este alcalde.

“El fenómeno de la despoblación parte de los años 50 y 60, con la industrialización”, recuerda Ramon Maria Arbós, alcalde de Tarrés (Garrigues) (108 empadronados). Y no siempre es problema de comunicaciones. Tarrés está a un paso de la N-240, a 35 minutos de Lleida y de Tarragona. Su fuente económica principal era el campo, pero su orografía no es amiga del cultivo extensivo, y no cuenta con el riego del Segarra-Garrigues. La alternativa son ejemplos como la producción de trufas de Vimbodí (Tòfona de la Conca), o el proyecto de educación alternativa en la escuela del bosque A Cau de Bosc, que ocupa a dos personas. “Una apuesta de futuro es el turismo y la ocupación estacional. Los servicios también crean empleos”, apunta Arbós.

Vivienda cara

Otra idea escalable a toda Catalunya, impulsada desde Micropobles y en vías de aplicarse es integrar a familias de refugiados garantizándoles trabajo, vivienda y escuela en pequeños pueblos. Pero en poblaciones turísticas y con segundas residencias, hay muchas casas cerradas gran parte del año, que se guardan para la familia, o que se alquilan solo a turistas. “Mucha gente restaura sus masías pero prefieren tenerlas cerradas a ingresar menos del alquiler que demandan.”, señala Eva Vinyoles, alcaldesa de Susqueda.

En Tarrés, el dinero que el consistorio ingresa por albergar un aerogenerador en el municipio, permite vender solar municipal a precio razonable para personas que quieren vivir en el pueblo. Poner en valor el patrimonio, en el caso de Tarrés, la piedra seca o pequeños museos, también empuja hacia su revalorización como destino rural.

             “Se nos dice que los pequeños pueblos somos los jardines de la ciudad y quieren que lo tengamos siempre todo a punto, pero no se nos dan los recursos para hacerlo. Las normas y permisos están hechas desde un despacho en la ciudad, sin atender nuestra diferencia”, señala la alcaldesa de Susqueda, municipio que vive del turismo y la ganadería. En Susqueda no hay fibra óptica, son 90 habitantes en casas diseminadas, y confían en que el concepto de sostenibilidad tan venerado se traduzca en equilibrio territorial y en una vida mejor para los habitantes de todos los pueblos.

El reto demográfico de frenar la despoblación

“Uno de los impactos de la despoblación rural es el crecimiento sin gestón de los bosques, que incrementa el riesgo de incendios y reduce la superficie agraria”, puntualiza Eduard Trepat, técnico de la Associació d’Iniciatives Rurals de Catalunya (ARCA) en temas de despoblación. Arca engloba a 12 grupos de acción local (GAL) en Catalunya, que trabajan para el desarrollo rural. Canalizan peticiones de ayuda directa a la innovación rural desde Europa a través del programa Leader para proyectos de particulares o en cooperación entre diversos GAL, por ejemplo, ayudas a empresas situadas en municipios rurales para que acojan a universitarios en prácticas. En los últimos 10 años se ha acompañado la creación de más de 900 empresas, consolidación y mejora de otras 1.400, más de 2.000 nuevas contrataciones y consolidación de otras 1.200.

Ante tantos focos de incidencia en la despoblación, de manera informal, diferentes actores implicados en combatirla con soluciones factibles, han creado una red de repoblación que se reúne periódicamente pensando en común a nivel técnico. Según explica Eduard Trepat, “reivindican recursos como una bolsa de empleo global a nivel rural, más soluciones transversales y aprovechamiento de sinergias entre municipios”.

Trepat también explica que “además de trabajo, vivienda y servicios, se requiere hacer acogedores socialmente a los pueblos. Y eso pasa por no discriminar al que viene de fuera a la hora de alquilar o no una vivienda”.

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