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Fiebre por la repostería durante el confinamiento

La moda de hacer pasteles en casa arrasa con la harina y la levadura en los supermercados

"Cuando comes un postre casero eres más feliz", afirma Montse Comesaña

Una familia cocina pasteles en su casa.

Una familia cocina pasteles en su casa. / SERGI LLOBET

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Gemma Tramullas

Debido a la escasez de este producto, solo se permite la compra de un paquete por persona. Esta advertencia en la sección de harinas de los supermercados Jespac de Barcelona se ha repetido en muchos otros establecimientos de alimentación durante los días previos a Semana Santa. La fiebre por la repostería casera ha arrasado con los ingredientes básicos de las recetas de postres, sobre todo harina, huevos y levadura.

"Cocinar da sensación de hogar y cuando todo el mundo está en casa una de las actividades más bonitas es hacer un pastel y comérselo entre todos, por eso ha subido como la pólvora –afirma Montse Comesaña, que enseña cómo hacer repostería en familia a través de sus Recetas Explosivas en YouTube e Instagram--. La filosofía de mis cursos es que cuando compartes un postre casero eres más feliz".

A ella la crisis del coronavirus la pilló con las manos en la masa de un curso de bizcochos: "Uno de los ingredientes es la levadura y ahora cuesta mucho de encontrar –explica--. Por suerte, aún tenía en casa".

Levadura es tendencia

Las tendencias de Google en España muestran que la búsqueda de la palabra "levadura" se ha cuadruplicado desde el inicio del confinamiento. El pasado miércoles, la cadena Mercadona emitió  un comunicado en el que informaba que han duplicado las ventas de bicarbonato de sodio y no precisamente por un ataque colectivo de acidez de estómago. El bicarbonato también se utiliza como levadura para esponjar la masa.

Las ventas de bicarbonato, que se emplea para esponjar la masa, también se han disparado

Asimismo, el grupo Bon Preu Esclat confirma que desde finales de marzo han aumentado sus ventas de harina, levadura, huevos, mantequilla, cacao y chocolate.

Pasteles en familia

A diferencia de Montse Comesaña, que tiene dos hijos adolescentes y dejó su trabajo hace siete años para compartir su pasión por la cocina, Laia Pons ha empezado a hacer repostería en casa directamente a causa del virus, que la ha obligado a permanecer en cuarentena junto con su pareja, Sergi, y sus hijas, Bet y Joana, de 6 y 8 años de edad.

Tanto Montse como Laia asocian el hecho de cocinar en casa a recuerdos agradables del pasado: a la primera le remite a los postres que hacía su padre y a la segunda, a sus propias experiencias culinarias de juventud.

Los psicólogos de la nutrición han estudiado la relación entre la cocina casera y la reactivación de recuerdos agradables, un fenómeno que Proust describió en la escena de la magdalena mojada en té de En búsqueda del tiempo perdido y que fue popularizado por Remy, la rata cocinera de la película Ratatouille.

Pero más allá de la búsqueda de bienestar, son los factores prácticos los que han generado el fenómeno actual, especialmente el no poder salir de casa y el tener más tiempo. También las escuelas han sido grandes impulsoras del fenómeno, proponiendo a los niños y niñas que hicieran pasteles, lo que inevitablemente compromete a los adultos en la actividad. El objetivo no es imitar a los grandes chefs, sino hacer algo creativo juntos.

Empezar con creps

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"Cuando empezó el confinamiento hubo una explosión abrumadora de propuestas –recuerda Laia--. Haz magdalenas, haz pasteles, haz, haz, haz… Nosotros empezamos haciendo creps de manera espontánea, porque las niñas se lo pasaban bien. Al principio, entre el teletrabajo y las tareas de casa, yo no tenía tiempo de más. Luego pasé la fase covid y cuando los síntomas remitieron tuve más tiempo y cada vez se me ocurrían más ideas".

Este año habrá doble mona en esta familia, pero siempre casera. Laia ha quedado con su ahijada en llevarle una mona posconfinamiento más adelante, pero también harán una para este lunes utilizando lo que encuentren por casa: “Será una versión de la mona adaptada al confinamiento, más tipo bizcocho, pero con cuatro plumas y un pollito, aunque sea recortable”. Aunque le gustaría continuar con el hábito de cocinar dulces caseros, Laia no tiene claro que lo pueda mantener: "Cuando podamos salir a la calle, no nos verán el pelo en casa".