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De la exclusión social a ser claves en los servicios esenciales | Coronavirus

Usuarios de programas de reinserción sociolaboral juegan un rol fundamental durante estos días de confinamiento

Miguel, en la plancha del servicio de comidas de la Fundació Formació i Treball, esta semana

Miguel, en la plancha del servicio de comidas de la Fundació Formació i Treball, esta semana / JORDI COTRINA

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“Hago esto porque me hace sentir bien ayudar a la gente, aunque realmente me han ayudado muy poco en esta vida”. Esta demoledora frase es de Miguel Santos, de 56 años, una de las personas que prepara menús para personas mayores de Sant Adrià de Besòs que viven solas, un centro de refugiados de Barcelona e infectados por el Covid-19. Santos ha pasado de cumplir pena en la cárcel a realizar uno de esos llamados servicios esenciales, a formar parte de la gestión de una crisis sanitaria sin precedentes.

Santos lleva unos 10 meses como cocinero en la Fundación Formación i Treball (FiT), una organización sin ánimo de lucro que le ofreció formación y un contrato a través del programa 'Incorpora' de La Caixa. Ahora forma parte de un equipo de unas 15 personas. Juntos preparan y reparten cada día unos 500 menús. “No me da miedo salir cada día a la calle para trabajar porque me compensa emocionalmente. Eso sí, tomo todas las precauciones para no contagiarme ni contagiar. Llevo mascarilla, me lavo las manos continuamente con geles desinfectantes… Siempre tomamos medidas de higiene pero ahora mucho más”, explica el cocinero, que vive en piso compartido en La Pau. Paga unos 400 euros por una habitación. 

"No me da miedo salir a la calle para trabajar porque me compensa emocionalmente"

Miguel Santos

Cocinero de la fundación FiT

De los fogones de la cocina industrial de FiT situada en la calle de Ramon Llull, en Sant Adrià, salen habitualmente cientos de menús para centros de día, restaurantes y campus universitarios, ahora cerrados por el decreto de estado de alarma. Hoy sus cocineros se dedican exclusivamente a servir platos de comida a personas vulnerables. Jordi Bosch, de 44 años, también contratado por el plan de reinserción de personas en riesgo de exclusión social 'Incorpora', se encarga de recibir los productos y de organizar los envíos. “Estos días estamos recibiendo numerosas donaciones tanto de bancos de alimentos como de supermercados. Me encargo de organizar todo en las cámaras frigoríficas, que también hemos tenidos que ampliar”, explica Bosch, que lleva seis años trabajando en esta cocina-escuela de la fundación con servicio de restaurante. Antes estuvo en prisión tres meses por un “pequeño delito”, precisa. 

Jordi y Miquel organizan unas cajas de verduras en el almacén de FiT, en Barcelona / jordi cotrina

Bosch y Santos son solo dos de las más de mil personas que han conseguido reinsertarse en el mercado laboral en los últimos 14 años, cuando empezó el programa. Ellos dos, como tantos otros, no solo se han esforzado para reintegrarse en la sociedad sino que ahora desempeñan un rol clave, quizá invisible y no suficientemente reconocido. Quizá no salvan vidas directamente como el personal sanitario, pero son una pieza clave en el engranaje para superar la pandemia. El coordinador del programa Incorpora en FiT, Héctor Suárez, recibe estos días numerosas ofertas de trabajo en los sectores de la limpieza, la logística y la alimentación. “Hay mucha gente de baja, también hay personal que ha enfermado. Las empresas están demandando profesionales en estos ámbitos”, explica este licenciado en relaciones laborales y experto en acompañar a colectivos vulnerables. “Son personas posiblemente con pocos estudios, con una baja calificación profesional, pero estos días se han convertido en unas figuras más imprescindibles que nunca”, subraya. 

Máximas precauciones

Cuando empezó la crisis del coronavirus muchos salieron en tromba a comprar a los supermercados por miedo al desabastecimiento. Eso no ha sucedido precisamente por el trabajo de los productores y de los transportistas, no siempre valorado. También gracias al trabajo de los empleados de estos establecimientos, que estas semanas extreman sus precauciones para evitar que su personal pueda caer enfermo. Guardar las distancias es fundamental. Lo sabe bien Rafa Manzano, de 23 años, que lleva desde el 20 de marzo, en plena crisis sanitaria, trabajando en un supermercado de Les Corts. “Conseguí el trabajo gracias a Acció Social Montalegre, que siempre me han ayudado a encontrar trabajos”, explica Manzano, en referencia  a una de las entidades bajo el paraguas de la Fundació Raval Solidari, adherida desde hace dos años al programa 'Incorpora'.

Rafa Manzano, junto al supermercado en el que empezó a trabajar hace unas pocas semanas / jordi cotrina

El joven sabe que tiene trabajo porque alguien ha enfermado o renunciado al mismo por el virus. “No me da miedo porque estoy fuerte y no tengo otras patologías. Solo me preocupa poder contagiárselo a mi familia. Vivo con mis padres y tengo una niña de un añito”, explica Manzano, cuyo contrato acaba en los próximos días y espera que le renueven. Necesita trabajar. 

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"Solo me preocupa contagiar a mi familia. Vivo con mis padres y tengo una niña de un añito"

Rafa Manzano

Reponedor en un supermercado desde hace unos días

Al servicio de reinserción laboral de la Fundació Raval Solidari llegan muchas personas derivadas de su banco de alimentos.  A los usuarios de ese servicio les ofrecen comida pero también la posibilidad de encontrar trabajo en la red de ofertas de empleo a la que tienen acceso. Se trata de superar el asistencialismo y empoderar realmente a estas personas. “Trabajamos en red con un centenar de entidades y podemos compartir tanto ofertas como candidatos. Eso nos da más opciones para emparejar los puestos de trabajo disponibles con los candidatos disponibles”, subraya su responsable, Mireya Garcia, que es consciente del peligro que supone salir a trabajar en la situación actual. Con todo, muchas persona de su bolsa de trabajo se han ofrecido para trabajar incluso como voluntarios dando una lección de auténtico compromiso y solidaridad.