07 ago 2020

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crisis sanitaria internacional

Coronavirus en las residencias de ancianos: psicosis dentro y fuera

Los familiares de los mayores viven con angustia y desconfianza la cuarentena

Los trabajadores de los geriátricos temen brotes masivos por la falta de material

Elisenda Colell

La residencia de la tercera edad de Àger (Lleida), donde se han registrado 14 positivos de coronavirus, 12 ancianos y 2 cuidadores.

La residencia de la tercera edad de Àger (Lleida), donde se han registrado 14 positivos de coronavirus, 12 ancianos y 2 cuidadores. / ACN

"Es un sinvivir. Nos dicen que sí, que todo está bien, pero solo hace falta ver las noticias, los brotes, los contagios y las muertes por coronavirus que hay en las residencias para que no te creas nada. Tenemos mucho miedo y angustia", explica Raúl Blanco. Su madre, una mujer de 82 años con un "alzhéimer muy avanzado", vive en una residencia de Barcelona, el Bon Pastor. Los familiares llevan ya una semana sin poder ver a los ancianos. Y los cuidadores temen trasladar el virus a los usuarios por la falta de medios de protección. "Si seguimos tal y como estamos, caerán como moscas", pronostica un trabajador.

"Nos han dicho que hay profesionales que han dado positivo; hay otro en aislamiento, y los empleados no dejan de decirnos que les falta material de protección... ¿Cómo quieres que lo llevemos? Mal, muy mal", comenta Raúl. La residencia donde vive su madre, en el distrito de Sant Andreu, es pública, pero la gestiona una entidad privada. "Hay desconfianza, nos prometieron que los veríamos mediante una videoconferencia y no la han hecho, se ha agotado el material, siempre falta personal... tenemos muchas dudas y sin poder entrar a verles es durísimo", explica. Una reflexión que comparte Maria José Carcelén, cuya madre, también enferma de alzhéimer, vive en otro centro asistencial. "Tenemos un grupo de Whatsapp con los familiares, estamos todos llorando porque no sabemos cómo están, no los vemos... hay mucho miedo, lo estamos viviendo muy mal", explica.

Temor de contagio

El temor a los brotes y las infecciones se vive fuera de las residencias, pero también dentro. Los cuidadores llevan una semana reclamando medidas de protección. Todos los profesionales contactados por esta redacción tienen el mismo temor: infectar a los ancianos que cuidan. Faltan mascarillas, faltan guantes y el gel desinfectante se empieza a acabar. "Estamos cruzando los dedos", señala Andrés Rueda, director de una residencia en Terrassa y presidente de la Asociación Catalana de Directores de Centros y Servicios de Atención a la Dependencia (ASCAD). Critica a la Administración, que no les ha dado material, y ve una "falta de previsión brutal". "Hay más muertes en residencias de las que dicen", subraya.

"Nos están pidiendo que lavemos los guantes porque no hay más", asegura Clara García, auxiliar de enfermería de una residencia de Barcelona y delegada de la UGT. "En mi residencia no nos dejan llevar mascarillas porque dicen que creamos alarma", lamenta otra mujer que trabaja en un centro residencial y milita en CCOO. "Ayer di de comer a un anciano que este jueves ha muerto de coronavirus, no llevaba mascarilla, ¡es que no hay nada!", expone una tercera cuidadora, claramente angustiada.

El problema de la falta de material para protegerse en los geriátricos es grave, según los cuidadores, porque los pacientes son personas "muy dependientes" y "con muchas patologías previas". "Van a caer como moscas, esto solo ha hecho que empezar", advierte el también cuidador y representante sindical de CCOO Pep Martínez. Otro problema es la falta de personal en los centros, que empieza a ser cada vez más grande a medida que hay trabajadores se tienen que aislar. "Hay empresas que han exigido jornadas de 12 horas al día por la falta de profesionales", exclama García.

Que no vean las noticias

Mientras tanto, los ancianos tratan de hacer su vida normal. "Muchos son personas muy dementes, que no se enteran mucho", explican varios cuidadores. "En mi centro hay un grupo que está bastante bien y al vernos a nosotros tan desprovistos se han puesto a hacer mascarillas de papel y de tela", explica Rueda. Aunque reconoce que a la mayoría optan por "apagarles las noticias" y "no crear más alarma". A pesar de las demencias, en todos los centros consultados se repite la misma pregunta: "¿Cuándo podré volver a ver a mi hijo?"