ESTADO DE ALARMA

El coronavirus hace renacer la frontera entre España y Francia

Policía, Mossos y la Gendarmería regulan el paso de vehículos entre ambos países

En El Pertús, ciudadanos forman largas colas para hacerse con reservas de tabaco

Controles fronterizos en La Jonquera. / FOTO Y VÍDEO: JORDI RIBOT / ICONNA

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Rocco Muraro

Tras la entrada en vigor del decreto del cierre de las fronteras terrestres españolas durante la madrugada del lunes al martes, la frontera de El Pertús, que divide Francia con España, ha amanecido tomada por las fuerzas del orden. En el lado español, el Cuerpo Nacional de Policía y los Mossos d'Esquadra se han repartido las tareas de control en un despliegue conjunto coordinado desde la Subdelegación del Gobierno de Girona. En el lado francés, la policía de aduanas organiza la vigilancia, tras las medidas drásticas de confinamiento decretadas el lunes por la noche por el presidente Emmanuel Macron.

Se desempolvan las viejas garitas de la frontera que parecían un recuerdo folclórico. La situación de emergencia de estos días les dará nueva vida. Schengen queda en suspenso. Los agentes de la Policía Nacional están filtrando el tráfico para asegurar que no circulen entre ambos países nada más que los vehículos autorizados. Las medidas de confinamiento aplicadas a la circulación dentro del territorio se han elevado a escala transnacional.

Solo se permite pasar a través de la frontera a los camiones que transportan mercancías, los vehículos particulares de los trabajadores transfronterizos y los ciudadanos españoles o residentes que se encontraban en Francia. Nadie más. Se impide la entrada de aquellos ciudadanos extranjeros que no cumplen estas condiciones o no las logran acreditar.

Por la arteria de la autopista los camiones de gran tonelaje que transportan mercancías desfilan en ambas direcciones. La circulación de bienes no ha sufrido el impacto de las medidas restrictivas de control de las fronteras. La AP-7 ,integrada en la red de carreteras europeas bajo el nombre de E-15, es una vía estratégica en la conexión con el resto del continente, y asegura el flujo de bienes de una economía que funciona a medio gas. La frontera no tiene ningún efecto para ellos.

Media vuelta

Entre el Empordà y el Vallespir la frontera para las personas se había diluido, pero hoy vuelve a mostrar su severa materialidad. Al igual que muchos franceses, Marie Aspart, de Perpignan, venía a hacer las compras a Figueres "para llenar el carrito a menor precio". Pero estos ya no son días rutinarios; la Policía Nacional le impide el paso y se da media vuelta.

Touti Abdel Fatah y su cuadrilla de desbrozadores de caminos son trabajadores transfronterizos. Discuten de pie delante de las persianas cerradas de un comercio. Están indecisos; no saben si entrar, como cada día, en territorio francés. No tienen ningún comprobante que acredite su trabajo: "Estamos esperando a que la empresa nos envíe los papeles porque no queremos quedarnos encerrados en Francia". Los papeles no llegan así que se dan media vuelta y regresan.

Fumar, primera necesidad

Sigue el bullicio de movimiento que rige la vida del Pertús, aunque reducido a un silencio de gravedad y contención. Por las calles hormiguean gentes y coches desfilando ante las persianas bajadas de los numerosos establecimientos que hasta hace tres días agitaban el comercio transfronterizo. Solo permanecen abiertos aquellos locales que venden productos de primera necesidad, y en ellos acaba todo el mundo.

Fumar cuenta como primera necesidad. En la entrada de la expendeduría número 3 de Tabacos, uno de los grandes negocios en el limbo fronterizo del Pertús, se ha formado una larga cola. Se fuma furtivo y hay pocas mascarillas, racionadas bajo el control del Gobierno francés. Las bufandas suben y bajan de los ojos a la boca entre calada y calada.

Dominique Teyssie y Lucien Ortiz son un matrimonio de Perpignan que ha venido a aprovisionarse de cigarrillos. Están inquietos por la entrada en vigor del estado de urgencia de Francia. Su diálogo se funde en una voz: "No esperábamos que llegara tan rápido"."Es la primera vez que nos vemos enfrentados a un fenómeno de este tamaño". "Es la guerra", rematan, parafraseando la retórica militar del discurso de Macron de la tarde del lunes.

Éxodo de jubilados europeos

La retirada la efectúan decenas de autocaravanas que desfilan, saliendo de España rumbo a sus casas a lo ancho y largo del norte del continente. Son jubilados europeos como el matrimonio Doeppna, que regresa de forma abrupta a Alemania tras haber pasado tres meses a la búsqueda del sol invernal de la península Ibérica. "Nos hubiéramos quedado más tiempo". La imposibilidad de circular y vivir como turistas bajo el estado de alarma los ha empujado de vuelta a sus países.

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Los controles efectuados por la policía no provocan retenciones en el tráfico. Hay poco tráfico hacia Francia, evidencia que las medidas de confinamiento tienen su efecto. En la entrada hacia España, muchos coches al ver el puesto de control montado por la Policía Nacional, dan media vuelta incluso antes de abordarlo. Los que lo hacen y no cumplen ninguno de los requisitos de entrada, también dan media vuelta, sin resistencia alguna.

El Gobierno ya avanzó el domingo a Francia y Portugal que probablemente cerraría las fronteras. Lo que se ha hecho es activar el artículo 28 del Código de Fronteras Schengen, que permite restablecer temporalmente los controles en las fronteras interiores en situaciones como la del actual estado de alarma por crisis sanitaria. Por ahora, la medida no afecta a aeropuertos ni puertos, ni tampoco a Gibraltar o Andorra.