04 ago 2020

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crisis sanitaria

La psicosis del coronavirus acaba con las existencias de mascarillas en Barcelona

Los ciudadanos acuden a comprar protectores y geles desinfectantes a farmacias y comercios tras el primer caso confirmado en Catalunya

Farmacéuticos de la ciudad explican que la comunidad china compró cuanto pudo hace tres semanas para mandarlo a su país de origen

Guillem Sànchez

Un gel desinfectante en una oficina de farmacia este martes por la tarde.

Un gel desinfectante en una oficina de farmacia este martes por la tarde. / FERRAN NADEU

"¿Mascarillas?". La pregunta no la hace el cliente de la farmacia, la hace el farmacéutico en cuanto alguien entra en el establecimiento. "No tenemos, lo siento", añade a continuación. La anécdota se repite en boticas de toda la ciudad. El primer caso de coronavirus confirmado en Barcelona este martes por la tarde ha lanzado a los más previsores –o a los más neuróticos– a la calle en busca de protectores para las vías respiratorias presuntamente útiles para frenar el contagio. No quedaban en ninguna de las cinco farmacias que ha visitado este diario. En realidad se acabaron hace tiempo. 

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"La comunidad china afincada en la ciudad agotó todas las existencias hace dos o tres semanas", explican en la farmacia Peris. "Comenzaron a venir cuando la cosa se puso fea en China y se llevaron todas las que teníamos", aclara. La sospecha de los farmacéuticos es que las compraron para enviarlas a su país de origen. Desde entonces, hacerse con una en Barcelona comenzó a complicarse. Los envíos de máscaras se han ido agotando a las pocas horas. Y cuando la psicosis se ha desatado esta tarde al informar la Generalitat del caso de la mujer de 36 años infectada por el covid-19 las contadas unidades que seguían a la venta se han evaporado. Una hora después, habían volado todas.

"Las más buenas, las no tan buenas y las malas", aclaraban en la Torrent. Primero desaparecieron las más costosas, dotadas con filtros, y después las que eran poco más que un trozo de cartón. A esta última botica han acudido dos estudiantes del colegio de Santa Anna de 16 años. "Hemos leído en los ordenadores del centro que había llegado a Barcelona y hemos venido a comprar mascarillas". Los dos adolescentes se llaman Marc y no están desinformados. Saben que el virus es inofensivo para pulmones sanos como los suyos pero aun así han sucumbido a la tentación de buscar mascarillas. 

"No son artículos que se vendan habitualmente, nadie tiene un 'stock' importante en el almacén porque hasta el mes pasado salían a cuentagotas", explican en la farmacia Sales. En la Janer, la dueña ha colgado un cartel en la puerta de entrada avisando de que se habían terminado, harta de salir al mostrador para explicar una y cien veces que hace semanas que ya no tiene ninguna. Sin embargo, el cartel no ha disuadido a una pareja de turistas chinos –inmunes al castellano– y han entrado para preguntarlo. "No, se han acabado", ha respondido abatida mientras atendía a este diario.

La locura por las mascarillas se ha extendido también a los geles hidroalcohólicos. Potingues desinfectantes para las manos a los que los clientes se han agarrado para esquivar la frustración de quedarse sin protectores faciales. Los geles también se han agotado durante la tarde, tanto en farmacias como en supermercados. "Nos llegan, los sacamos al mostrador y se terminan en minutos", confirma el encargado de una tienda de alimentos.

La fiebre por protectores y los geles no ha disparado la demanda únicamente en Barcelona. Fuentes de los colegios profesionales de farmacéuticos del resto del Estado confirman que los problemas de suministro son generalizados. En Amazon, una caja de 40 unidades de mascarillas desechables anunciadas como "antivirus corta saliva" costaba esta tarde 35 euros.

Interior de un laboratorio clínico. / VÍDEO: EUROPA PRESS

La Conselleria de Salut llama a la calma y aconseja lavarse las manos a menudo, usar pañuelos desechables al sonarse y taparse la boca al toser. No dice nada sobre el uso de mascarillas ni tampoco de geles hidroalcohólicos. Pero la psicosis no escucha a los médicos y se propaga mucho más rápido que el virus.