29 mar 2020

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JUICIO EN LA AUDIENCIA DE BARCELONA

Crimen de la Urbana: los acusados reviven el asesinato

En el lugar en que apareció el coche con el cadáver calcinado se ha montado un altar improvisado para la víctima

En la vivienda de Rosa Pedral se reprodujeron golpes para comprobar si se oían desde la plata superior

J. G. Albalat

El jurado del ’crimen de la Urbana’ visita la casa de Rosa Peral. / FOTO: JOAN CORTADELLAS / VÍDEO: EUROPA PRESS

“¿El maletero del coche estaba hacia aquí?”. Esta pregunta salió de la boca de una mujer. Es una miembro del jurado que dictará el veredicto por el ‘crimen de la Urbana’. Iba dirigida al inspector de los Mossos que acompañó este lunes al tribunal popular en el recorrido a los tres escenarios claves del asesinato del guardia urbano de Barcelona Pedro R. La última parada de ese tour fue el lugar en el que el 4 de mayo del 2017 se en encontró el coche quemado de la víctima con su cuerpo calcinado en el maletero. La escena fue dantesca. Los dos procesados, Rosa Peral, la novia del fallecido, y su amante, Alberto López, los dos también policías locales, volvieron a pisar la pista forestal cercana al pantano de Foix, en el término municipal de Castellet i la Gornal (Alt Penedès), donde  abandonaron y quemaron el vehículo. Como está pasando en el juicio, en ningún momento se miraron.

En el hueco que entra en el bosque, unos ciclistas hallaron ese mes de mayo un turismo que había sido incendiado. Cuando la policía inspeccionó el coche, descubrieron en su maletero un cuerpo quemado y que pudo ser identificado gracias a que Pedro había puesto placas de metal en una operación en la espalda. Rosa y Alberto, custodiado cada uno por tres mossos, llegaron a la pista forestal a las 14.05 horas y se situaron frente al lugar donde dejaron a la víctima. En un árbol convertido en altar en honor al fallecido, había tres ramos, uno de ellos con flores frescas colocado hace poco. En la parte alta, una calavera, como símbolo de los moteros, una de las aficiones del agente asesinado.

En silencio

La comitiva judicial se puso en la misma línea en la que estaba Rosa y Alberto. El silencio era sepulcral. No se oía no las moscas. Entre los dos procesados, que iban esposados, había un metro y medio, más o menos. Algunos de los agentes que les custodiaban se pusieron en medio. Está clara la enemistad mutua entre los que un día fueron amantes. Cuando llegó a la zona el jurado, la hilera donde fueron situaron los dos acusados no se alteró. Nadie se movió. Solo en un momento se vio a Alberto hablar con su abogado.

El tribunal popular pudo hacer con tranquilidad la inspección ocular acordada por el juez. Los ‘nueve hombres sin piedad’ se hicieron una composición de dónde había ardido el coche. La única alteración de la zona eran unas grandes piedras que alguien había puesto como para proteger ese improvisado altar. Unas calaveras pintadas en las rocas dan a entender que pueden haber sido los moteros amigos de Pedro. “¿Alguna pregunta más?”, requirió el inspector al jurado, antes de dejar el sitio. 10 minutos habían pasado allí. Después, Pedro y Rosa fueron conducidos a los vehículos policiales para volver a la cárcel.

Mapa del recorrido del crimen de la Guardia Urbana

Había acabado un periplo que se inició a las 10 de la mañana en la Audiencia de Barcelona, donde se celebra el juicio. La comitiva judicial, el jurado y los dos procesados se dirigieron primero al domicilio de Rosa en Vilanova i la Geltrú, donde se cometió el crimen, y que cuida el padre de la agente procesada. Cuando el jurado estaba en la planta superior, desde el exterior se oyeron unos golpes. Lo mismo pasó en la reconstrucción ordenada por el juez de instrucción que se hizo en junio del 2017. Lo que se pretende con esta acción es comprobar si desde la planta de arriba se oyen. Rosa declaró que los escuchó y vio Alberto peleando con Pedro. El jurado también se interesó por la altura de la valla del exterior de la casa, por donde el acusado saltó, y visitaron la habitación donde los Mossos encontraron sangre de la víctima tras el asesinato ocurrido en la madrugada del 1 al 2 de mayo del 2017. Hallaron manchas en una bombilla y en la pared. Este lunes aún estaban enganchadas las pegatinas colocadas por los a policía. 35 minutos duró esta prueba. Ni abogados, ni fiscal, ni implicados pudieron participar.

Implicar al exmarido

Tras ello, la comitiva judicial se acercó a la urbanización Papagai de La Bisbal del Penedès donde vivía el exmarido de Rosa, a quien trataron de implicar en el crimen. Desde allí, según los investigadores, los dos procesados mandaron varios mensajes desde el móvil de Pedro R., la víctima, simulando que seguía vivo y que se había enzarzado con una pelea mortal con el exmarido, con quien estaba enemistado. La estrategia no les funcionó: aquel día Rubén no estaba en casa y Pedro ya estaba muerto. Este martes, el jurado oirá los informes periciales de la inspección que realizaron los investigadores de los escenarios importantes en el asesinato de Pedro. Con la inspección ocular que han realizado podrán situarse en ese entorno y valorar con más precisión todos los datos que se les aporte. La fiscalía reclama 24 años de prisión por asesinato para Albert y 25 para Rosa, por el agravante de parentesco.

Las fuentes judiciales consultas por este diario aseguran que no es habitual la práctica de una inspección ocular en un juicio con jurado. En Barcelona solo se recuerda una en enero del 2014 por un homicidio. El Girona también se ha realizado diligencias en el exterior en tres ocasiones. En el resto de España se conocen pocos casos. Uno de ellos es reciente y fue durante el juicio celebrado en Alicante en octubre del año pasado por el asesinato de María del Carmen Martínez, vida del expresidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), el 9 de diciembre del 2016. En ese asunto, el jurado absolvió al yerno de la víctima, que era el único acusado. Los ‘nueve hombres sin piedad’ fueron conducidos al concesionario de coches donde se produjo el crimen.