22 feb 2020

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SANOS EN TODO MOMENTO

Coronavirus: "Besos y abrazos" para los repatriados del Gómez Ulla

Los españoles que dejaron Wuhan abandonan el hospital madrileño tras terminar la cuarentena

Olga Pereda

Pedro Morilla, izquierda, y Oliver Cuadrado, en el hospital Gómez Ulla de Madrid acompañados por un militar.

Pedro Morilla, izquierda, y Oliver Cuadrado, en el hospital Gómez Ulla de Madrid acompañados por un militar. / JOSÉ LUIS ROCA

Nunca fueron pacientes. Solo repatriados. Ahora, tras 14 días en la planta 17 del Hospital Militar Gómez Ulla de Carabanchel (Madrid), salen a la calle como lo que entraron: personas sanas. Y lo único que piden es besar y ser besados, abrazar y ser abrazados. No hay riesgo de contagio. Nunca lo hubo. Solo precaución.

Tras la alarma internacional por el coronavirus, bautizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como Covid-19, el 31 de enero España repatrió a 20 compatriotas que residían en el epicentro de la nueva enfermedad, la ciudad china de Wuhan, donde todavía permanecen otros cinco españoles. Los repatriados -entre los que había dos menores- fueron directos al Gómez Ulla. Han pasado 14 días, la cuarentena oficial recomendada. En ningún momento han dado síntomas de enfermedad. El hospital madrileño les acaba de abrir sus puertas. Ya pueden salir y hacer vida normal.

"Llegaron sanos y se van sanos", recuerda la jefa de Medicina Preventiva del Gómez Ulla, María Vicenta García. "Nos hemos despedido de ellos con muchos abrazos y muchos besos", añade la responsable de Enfermería, Pilar Cadenas. "Cuando lleguen a sus casas queremos que sus vecinos y amigos les den la mano y les abracen", insiste la doctora. Y ellos, por si no ha quedado claro, lo repiten. "Nos podéis dar abrazos y besos sin ningún peligro", pide Pedro Morilla, sevillano que se gana la vida como feliz director deportivo de un "proyecto extraordinario", un equipo infantil de fútbol en Wuhan del que forman parte más de 700 niños (ninguno está contagiado). A su lado, Oliver Cuadrado, madrileño y entrenador de porteros del mismo club, sonríe y asiente.

Gracias "de por vida"

Morilla y Cuadrado se erigen en portavoces de los 20 repatriados. Emocionados, dan las gracias a todos. Desde el personal sanitario, hasta sus familiares, los periodistas y los políticos. "Gracias de por vida". También a los cocineros del Gómez Ulla. "Hemos comido fenomenal", sonríe Morilla. Wuhan es una ciudad alegre y grande (11 millones de habitantes) a la que desean volver "cuando se pueda". Porque China y su gente merece la pena. "Queremos lanzar un mensaje de comprensión a todos los chinos que residen en España. Toda nuestra fuerza para China, cuyo gobierno está haciendo todo lo posible para que el virus no se extienda", explican.

Atrás dejan 14 días en los que han visto la vida pasar. Entre toma y toma de temperatura, se han entretenido con juegos de mesa, han paseado por los pasillos de la planta 17 (el hospital tiene 22), han comido, han hablado. Y, sobre todo, "han sonreído". También han sufrido "lógicos bajones", a pesar de la visita de familiares. A todos se les ofreció ayuda psicológica si la necesitaban. Era, de hecho, uno de los once mandamientos que les encomendó la médico responsable. Pero nadie la necesitó. "Nuestro temor es que alguno de ellos dijera que se quería ir. Pero han hecho grupo. Les unía algo especial. Se han apoyado los unos a los otros. Y se han despedido como amigos", subraya la doctora García. "Nuestra estancia ha sido más llevadera de lo que pensábamos", concluye Morilla, que reconoce que los últimos días que pasaron en Wuhan fueron más que complicados. "Estábamos recluidos en nuestros domicilios. Podíamos pasear por las zonas comunes de la urbanización en la que vivíamos, pero cada día teníamos menos paciencia". Ahora, llenos de paciencia, cuentan los días para regresar a su hogar chino.

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