10 abr 2020

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DECLARACIONES DE TESTIGOS

El fiscal valorará "seriamente" acusar a un agente como encubridor en el 'caso de la Urbana'

Le quieren pedir cargos por falso testimonio y encubrimiento de un delito de asesinato

Una excompañera ha explicado que visitó a Rosa Peral en su casa después de presuntamente matar a Pedro R. y que la vio "fría" y tranquila

Europa Press

Juicio del ’crimen de la Guardia Urbana’. Una agente habla de la relación entre Rosa Peral y Albert López. / ANDREU DALMAU / EFE / VÍDEO: JORDI PUJOLAR / ACN

El fiscal del juicio del 'crimen de la Urbana' ha asegurado al cabo del cuerpo policial J.J.L.C. que valorará "seriamente" acusarle de falso testimonio y de encubrimiento de un delito de asesinato por su declaración testifical ante el Tribunal del Jurado de la Audiencia de Barcelona.

Peral y López, ambos agentes de la Urbana, están acusados de presuntamente matar a Pedro R. -también agente- en el domicilio donde ella convivía con la víctima, en Vilanova i la Geltrú (Garraf), y después trasladarle en el maletero de su coche hasta la zona del pantano de Foix y quemarle, porque "obstaculizaba su relación", según la Fiscalía.

En la sesión de este lunes, el testigo ha negado que una conversación telefónica con la coacusada Rosa Peral estuviera "preparada para proteger" a su padre, que al principio de la investigación declaró que había visto a la víctima, Pedro R., --también guardia urbano-- a la mañana siguiente del crimen. El padre, sin embargo, admitió después que no había visto a la víctima, y en el juicio alegó que se había equivocado y que se había confundido con un vecino.

En una conversación telefónica del 12 de mayo de 2017 --un día antes de que Peral fuera detenida como sospechosa--, ella y J.J.L.C. comentaron que el padre pudo olvidar a quien vio la mañana siguiente al crimen y trataron de justificar su error como una falta de memoria, lo que el fiscal considera que fue una llamada que falsearon. J.J.L.C. también envió a Peral el día antes de su detención como sospechosa mensajes con 'pantallazos' de una conversación con el otro acusado del crimen, Albert López, y hablaron sobre informaciones relativas a la investigación, según se ha mostrado este lunes en el juicio.

Miedo a un acusado

Una excompañera de trabajo de la coacusada del crimen de la Guardia UrbanaRosa Peral, ha negado este lunes que la sospechosa tuviera miedo del otro acusado, Albert López, días después de la muerte de la víctima -ocurrida la noche del 1 al 2 de mayo del 2017-, pese a que ella mantiene en su escrito de defensa que el día del presunto asesinato no llamó a la policía porque sentía "pánico".

La testigo ha explicado que visitó a la acusada en su casa el sábado 6 de mayo del 2017, y que la vio "fría" y tranquila, por lo que pensó que no era consciente de lo que había pasado, según ha dicho sobre la desaparición de la víctima, Pedro R. Ha relatado que Peral y Pedro R. -que mantenían una relación y ambos eran agentes- "últimamente discutían mucho" y era habitual que, después de enfadarse, él se marchase de casa de ella, según les explicó la acusada.

En su visita a Peral, la testigo ha explicado que fue acompañada de su marido -que testificó en el juicio la semana pasada en una línea similar- y que la sospechosa les propuso ir a cenar junto al otro acusado -con el que también tenía una relación-, y ella les dijo que "Albert se estaba portando bien con ella".

Durante la cena, la testigo ha asegurado que no percibió miedo, sino "complicidad" y confianza entre Peral y López, y que las hijas de ella se alegraron de ver al otro acusado, al que se referían con el mote cariñoso de 'tonto del bote'.

"Coartada" de Peral

Un segundo testigo, compañero de Pedro R., también ha explicado que la noche en que ocurrió el crimen Peral le envió un mensaje en el que le aseguraba que la víctima estaba enemistada con su exmarido, y que había ido ir a pincharle las ruedas del coche y coger un bate de béisbol.

Fue una conversación que mantuvieron a las 23.08 del 1 de mayo de 2017, e inicialmente no le dio importancia, pero el fin de semana después de aparecer el coche calcinado con el cadáver pensó que lo que le había dicho Peral era una "coartada" y que sospechó de ella.