El profe rebelde que enseña Rosalía y Netflix en clase

Cristian Olivé, maestro de Lengua y Literatura, publica un ensayo en el que anima a convertir a los alumnos en los verdaderos protagonistas de la Educación

Cristian Olivé, docente de Lengua y Literatura en un instituto de Barcelona y autor de ’Profes rebeldes’, en Madrid.

Cristian Olivé, docente de Lengua y Literatura en un instituto de Barcelona y autor de ’Profes rebeldes’, en Madrid. / DAVID CASTRO

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Olga Pereda
Olga Pereda

Periodista

Especialista en educación y crianza

Escribe desde Madrid

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Licenciado en Filología catalana, Cristian Olivé es un profesor rebelde, una especie de Merlí (el docente de Filosofía de TV3) que imparte Lengua y Literatura en un instituto de Barcelona. Está convencido de que no se puede seguir educando a chavales del siglo XXI con técnicas del siglo XX y en aulas del siglo XIX. Por eso él enseña su materia hablando a los alumnos de Rosalía. O de Netflix, y les pide que escriban el guion de una serie. Imparte Lengua y Literatura, pero en sus clases se debate de igualdad, feminismo, tolerancia y respeto. Acaba de publicar 'Profes rebeldes' (editado por Grijalbo en castellano y por Rosa dels Vents en catalán), un ensayo en el que defiende la necesidad urgente de un cambio en el sistema educativo. "La escuela de hoy tiene que romper con el pasado para que los protagonistas de verdad sean los alumnos y no los contenidos. La Educación tiene que avanzar al ritmo de la sociedad, debemos dar respuestas del siglo XXI", explica.

Olivé (Barcelona, 1987) es consciente de que hay contenidos que se tienen que aprender, pero él apuesta por motivar a los estudiantes para que aprendan descubriendo y se conviertan en personas creativas, reflexivas, con espíritu crítico y con ganas de saber más. Firme detractor de los exámenes, deja claro que no se hizo profesor para dar notas sino para ayudar a pensar y a aprender. El sistema obliga a realizar esos temidos controles, pero Olivé apuesta por los "ensayos de exámenes" y porque los maestros no condicionen toda la nota al resultado de ese ejercicio sino que solo sea un porcentaje reducido.

PISA, humillante y cruel

También detesta PISA, el sistema de evaluación internacional a estudiantes de 15 años que se realiza cada tres años y cuyos resultados en España dejan mucho que desear. "Es un ranking cruel y humillante tanto para los alumnos como para los docentes. Para lo único que sirve PISA es para generar desigualdades. Olvida todo lo que yo defiendo, el crecimiento personal de los alumnos y el placer por aprender". Otro efecto colateral de PISA es que muchas voces achacan a la escasa profesionalidad de los docentes los bajos resultados de los estudiantes españoles. "Se nos culpa de algo que no es verdad. Hemos sufrido recortes, seguimos teniendo demasiados alumnos por aula, cada día nos topamos con más dificultadesHacemos lo que podemos con lo que tenemos. Todos esos que nos critican tanto ¿por qué no se vienen un día a ver cómo trabajamos y en qué condiciones?"

Si PISA le da urticaria, el veto parental que se ha sacado de la chistera la extrema derecha en España le provoca absoluta repulsión. "En Catalunya, el pin parental ni está ni se le espera. Pero, desde luego, si alguna vez se implanta se eliminará toda mi materia, toda Lengua y Literatura porque yo no reservo las charlas sobre educación sexual o igualdad a determinados talleres sino que forman parte de mi día a día en el aula", subraya el docente, que en más de una ocasión ha invitado a sus alumnos a analizar las pancartas feministas del 8-M.

Los profesores y las profesoras deben ser, explica el autor de 'Profes rebeldes', unos guías que observan primero y ayudan después a desarrollar conocimientos. "Tenemos que organizar actividades en la escuela para potenciar los talentos ocultos de los chicos y las chicas. Es un fracaso del sistema que los chavales acaben la Secundaria sin saber a qué se quieren dedicar en el futuro", sentencia.

Sí al móvil en clase

Muy activo en las redes sociales, Olivé defiende el uso del móvil en las aulas, una herramienta educativa de primer orden. Prohibirlo es "deshonesto" porque se trata de una extensión del cuerpo de los adolescentes del siglo XXI. Hay que aprender a utilizarlo en el aula. Y hacerlo exclusivamente para fines educativos.

Ser un profe rebelde es una manera de vivir pero no implica ser un profe colega. Si algún alumno manda a Olivé un email encabezado por un "K pasa, profe" lo más probable es que no tenga respuesta. Olivé quiere y respeta a sus alumnos, pero no es su colega. Es el profesor. Y a los profesores se les trata (y se les escribe) con respeto, educación y sin faltas de ortografía.

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