28 mar 2020

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EFECTOS DEL TEMPORAL

El Ter enmudece Girona

La población sigue con estupefacción la crecida del río en los barrios bajos de la ciudad

La terrible borrasca se ha cobrado la vida de cuatro personas en Catalunya

Carlos Márquez Daniel

Carretera C-255 inundada y nivel del agua subiendo en Sarrià de Ter por el desbordamiento del río Ter. / CARLOS MARQUEZ / JOAN CASTRO

Ya no era la mirada de admiración o las expresiones de sorpresa. Porque una cosa son los efectos devastadores del mar en el litoral, algo más o menos familiar, y otra muy distinta que un río, el que pasa cerca de tu casa, donde sueles mojar los pies en verano, se convierta en una aplastante reivindicación de la naturaleza. Girona ha contemplado el furioso avance del Ter con un silencio que hablaba por sí solo. Que se desbordara no ha hecho ninguna gracia. Se hacían fotos, claro, pero los ojos eran más de preocupación que de curiosidad. No solo por los daños, sino porque ha aflorado un respeto que hasta ahora era solo una convivencia simpática. La humanidad ha acampado toda la vida en las laderas de los ríos. Quizás no quedó claro quién mandaba. 

La borrasca Gloria ha dado un coletazo final de lluvia intensa, inundaciones y también tragedias personales. Otras tres personas han perdido la vida en Catalunya este jueves a consecuencia del temporal. Un pescador ha fallecido en Calafat (Tarragona) al ser arrollado por las olas, un hombre ha sido hallado sin vida en el interior de su coche en Cabacés (Priorat) y se ha encontrado en Jorba (Anoia) el cuerpo de un conductor que había desaparecido. Se unen al hombre que murió por un golpe de mar en el puerto de Palamós el miércoles cuando intentaba revisar el estado de una embarcación.

Carmen no quiere barro 

Nadie ha perdido la vida en la ciudad de Girona, pero estos días sí han dejado atrás la candidez que les generaba la presencia del río. Y como aquí, en muchos otros municipios sorprendidos por la corriente. Del Ter, del Fluvià o del Tordera. A media mañana, la carretera que se dirige a la Costa Brava desde el barrio de Pont Major ha empezado a inundarse. La escena de la trabajadora de una gasolinera tratando de vencer la crecida con una escoba describe bien lo inaudito que ha resultado que el Ter se saliera de madre. Aunque no para todos. Carmen ya vivió una crecida mayor en los años 40. "No puedes hacer nada. Dejas entrar el agua y luego la sacas. Lo más molesto es el barro, entonces tardamos ocho días en quitarlo todo". Su vecino, menos pragmático, levanta un murito de ladrillos para que el agua lo tenga más complicado cuando llame a su puerta. Al otro lado, en el restaurante Ca la Pilar, donde el río ya se ha metido dentro, sueltan rayos discontinuos de agua a la calle con una manguera conectada a una bomba. 

Un poco más arriba, el Ter también ha superado su cauce a la altura del pabellón de deportes Girona-Fontajau. Inundado. Algo más para acá, el río también ha hecho suyo un complejo deportivo. Pistas de tenis convertidas en piscinas con red. Y no muy lejos, el Hospital Josep Trueta, que ha tenido problemas en los servicios sitos en las plantas bajas, como radioterapia. Todos los puentes del Ter estaba llenos de gente. Nadie había visto semejante fenómeno. Algunos ni se atrevían a mirar desde la pasarela por miedo a que se derrumbara, como lo han ido haciendo los árboles del cauce. Por la tarde, muchos comentaban la otra noticia del día: el ayuntamiento ha informado de que se iba a cortar el agua, la potable. En los supermercados, muchos coches cargando garrafas. Por si esto se alarga.