15 ago 2020

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EL AZOTE DE 'GLORIA'

El Delta del Ebro pide un plan que evite el punto de no retorno

Vecinos y alcaldes de Deltebre, L'Ampolla y Sant Jaume d'Enveja reclaman ayuda y sobre todo medidas tras los daños provocados por la borrasca

Luis Benavides

Bassa de l’Arena (Deltebre) engullida por el mar

Bassa de l’Arena (Deltebre) engullida por el mar / JOAN REVILLAS

Hace dos años que los siete municipios del Delta del Ebro y las dos comunidades de regantes se organizaron en la Taula de Consens pel Delta para impulsar un proyecto que asegure la supervivencia del paraje natural y de todo su entorno. No es nuevo por tanto que reclamen soluciones habida cuenta que la franja del litoral seguirá perdiendo unos ocho metros cada año si no se toman medidas, pero el temporal 'Gloria' ha acabado de disparar todas las alarmas. O se actúa ya o los daños serán irreversibles.

"El mar ha roto la barrera de arena que lo separaba del lago de agua dulce y tememos que muchas especies de flora y fauna puedan desaparecer", lamentaba este miércoles el alcalde de Sant Jaume d’Enveja, Joan Castor Gonell. En su municipio han visto cómo prácticamente ha desaparecido la isla de Buda, una de las zonas húmedas más valiosas del Mediterráneo, por lo que tienen claro que hace falta una fuerte inversión que resuelva el problema. "El olvido de las administraciones viene de lejos, pero la regresión sí la tenemos detectada desde que empezó con la construcción de los embalses", denunció este regidor, que con tantos otros de la zona le hizo saber su enojo al ‘president’ Quim Torra, de visita a la zona.

El problema de los sedimentos

Entre las medidas que consideran "irrenunciables" destaca un plan de gestión de sedimentos. Ese es para la Taula de Consens el verdadero problema de fondo, tan culpable como 'Gloria'. "Desde los años 70 no llegan sedimentos, solo llega el 1% de su capacidad natural de  aportación. Por eso reclamamos a corto plazo una regeneración de arenas", aseguró Xavier Curtó, portavoz de la entidad.

El temporal de estos días ha anegado con agua de mar unas 3.000 hectáreas de arrozales, un 15% de los campos de la zona. El coste para recuperarlos será elevadísimo, pero es que si no se actúa con las miras más amplias, algunas hectáreas serán inservibles para siempre.

Tiendas inundadas

También en los cascos urbanos de la zona trataban ayer de volver a la normalidad. Aunque no era fácil. Las calles más próximas al puerto de L’Ampolla eran un completo lodazal. Los establecimientos de la plaza de González Isla, uno de los puntos del municipio más castigados por 'Gloria', pudieron subir la persiana para poner un poco de orden. Quieren recuperar la normalidad lo antes posible. "No hemos podido venir desde el domingo y hoy nos hemos encontrado con la tienda inundada", explicaba Mònica Bota, propietaria de Dolços Maki, sin soltar el mocho. Antes de comenzar con la limpieza, siguiendo los consejos de su gestor, había fotografiado el interior del negocio para pasarlos a la compañía de seguros.

En esta plaza de L’Ampolla están acostumbrados a las inundaciones, sobre todo porque están situados entre dos pequeños torrentes. Por eso los negocios y viviendas tienen como mínimo un par de escalones. En esta ocasión, se han visto desbordados. El martes la plaza colapsó al recibir agua de la lluvia que bajaba por estos dos cauces y proveniente del mar, que sorprendió a los lugareños con unas olas de más de cinco metros. El agua, que alcanzó el medio metro, cubría el parterre central y se coló en los negocios.

Diques inservibles

De poco sirvieron los improvisados diques que algunos, como Dani Sabater, de la pastelería Bahia, colocaron al otro lado de la puerta. "A partir de las ocho y media de la tarde, el agua no paraba de subir. Unos dos dedos cada 10 minutos", rememoraba, todavía con el susto en el cuerpo, la segunda generación tras el mostrador de una pastelería abierta en 1973.  "Nadie recuerda una tromba así en el pueblo", añadía una de sus vendedoras mientras repasaba imágenes y más imágenes del temporal recibidas estos días en su móvil. Evidentemente, el vecindario no habla de otra cosa.

La virulencia del excepcional temporal de levante no solo afectó a las partes de L’Ampolla situadas a nivel del mar. La lluvia inundó el patio de la escuela municipal y el viento tumbó un pino centenario, convertido en lugar de peregrinaje de muchos vecinos. No daban crédito. Avelino Alapont, un pescador jubilado de 74 años, observa las raíces arrancadas. "He visto temporales gordos, pero nunca uno así", asegura. Otro vecino, Josep Borràs, también pensionista y antiguo arriero  de pescado, asiente.

Soluciones urgentes

Seis empleados de una empresa privada especializada en mantenimiento de puertos, contratados por la Generalitat, han llegado a primera hora al puerto para retirar el manto de fango. Los vecinos piden mucho más. Piden soluciones, incluyendo medidas infraestructurales.  La semana que viene los alcaldes presentarán un plan de acción consensuado y, a priori, bendecido por la Generalitat y en el que será imprescindible la participación del Ministerio de Transición Energética.

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