VIOLACIÓN DE LA ÉTICA MÉDICA

Tres años de cárcel para el científico chino que modificó el ADN de dos gemelas

He Jiankui también deberá pagar una multa de 383.000 euros por su controvertido experimento

Tres años de cárcel para el científico chino que modificó bebés genéticamente / EUROPA PRESS

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Adrián Foncillas

Quizá la historia le reserve la gloria del pionero en la manipulación genética de humanos pero por ahora solo le esperan prosaicos barrotes. He Jiangkui ha sido condenado este lunes a tres años de cárcel y una multa de tres millones de yuanes (383.000 euros) por ayudar a nacer a dos gemelas con el ADN modificado el pasado año. La cárcel era el previsible colofón de la carrera del genetista desde que su inquietante experimento arrastrara al lodo a todo el gremio científico chino y avergonzara a su Gobierno.

La sentencia muestra a He como un Frankenstein inmoral y vanidoso, más preocupado por sus bolsillos que por la ciencia. Los investigadores Zhang Renli y Qin Jinzhou también han sido condenados a penas menos graves por colaborar en los experimentos. "Los tres acusados carecían del título de doctor y buscaron la fama y la fortuna violando deliberadamente las regulaciones nacionales […]. Cruzaron los límites de la investigación científica y de la ética médica", sienta el fallo. Todos han admitido su culpabilidad, según la agencia oficial Xinhua, y se les ha prohibido de por vida ejercer en la investigación genética.

El tribunal también condena a He por falsificar las firmas de los miembros del comité ético de su universidad y ocultar información a los médicos que implantaron los óvulos modificados en las mujeres. El proceso no ha sido público para proteger la privacidad de los padres que tomaron parte en el experimento y de sus hijos.

Portadas en todo el mundo

He monopolizó las portadas de medios de todo el mundo en noviembre del pasado año tras anunciar que había ayudado a nacer a dos gemelas con el ADN alterado para bloquear el contagio del sida de sus padres seropositivos. Separó los espermatozoides del esperma, donde acecha el HIV, antes de fecundar un embrión. Cuando estos tenían entre tres y cinco días, extrajo unas cuantas células para ser editadas mediante la técnica CRISPR, una herramienta que permite el corta-pega de la secuencia de ADN con extrema precisión. Las gemelas Lulu y Nana estaban sanas, prometió He.

El mundo de la investigación pronto alertó de riesgos imprevisibles de mutuaciones genéticas

El científico esperaba cierta controversia, pero se encontró con la lapidación global. De la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur de Shenzhen en la que estaba empleado, de su Gobierno, de sus colegas chinos y de los del resto del mundo. La comunidad científica alertó de los riesgos imprevisibles de mutaciones genéticas en las gemelas y en las generaciones futuras. También recordó que existen métodos menos agresivos para evitar el contagio del HIV y que, en cualquier caso, su protección genética queda empequeñecida por los potenciales peligros futuros. 

Los embriones, además, estaban sanos, lo que acerca más su trabajo a la mejora genética que alumbró la eugenesia que a la curación de una enfermedad. Su experimento ignoró el consenso ético y la moratoria internacional para abrir una caja de Pandora que el imaginario popular vincula a inquietantes distopías, Mengele, aprendices de Dios y más que probables venganzas de la naturaleza.  

Directrices aún más duras

La manipulación genética de embriones está prohibida en EEUU y Europa. China aprobó directrices éticas en el 2003 que impiden su implantación en animales y humanos pero los expertos ya alertaban de sus lagunas y ausencia de multas. El escándalo endureció el cuadro: todos los experimentos de biotecnología de "alto riesgo" necesitan ahora no solo el visto bueno del comité ético del centro sino el del Consejo de Ministros. Las violaciones se castigan con multas de hasta cinco millones de yuanes (640.000 euros), sanciones a perpetuidad y cargos criminales.  

He defendió su experimento en una conferencia científica celebrada una semana después de la tormenta en Hong Kong. No convenció a nadie y escuchó de sus colegas que había atentado contra los estándares más elementales de la profesión. Solo el reputado genetista George Church, de Harvard, lamentó la campaña de acoso y se mostró más comprensivo con su trabajo. Aquella fue la última aparición pública de He. Después solo se dejó ver en el balcón de su universidad en Shenzhen, bajo la supervisión de guardias de seguridad. El centro lo despidió meses después.

Se desconoce cuál es el estado de salud de las dos niñas y de un tercer pequeño que nació con la ayuda de He

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He nació hace 35 años en una familia de campesinos de la provincia rural de Hunan. Se graduó en Físicas en la Universidad de Ciencia y Tecnología de China y, gracias a una beca estatal, siguió sus estudios en Estados Unidos. Primero en la Universidad Rice de Houston, donde experimentó con la herramienta CRISPR, y después en la Universidad de Stanford, en la rama de secuenciación del ADN. Y regresó a China, en la sureña provincia del Cantón, donde el Gobierno ha estimulado la investigación con inversiones millonarias, fichando talento extranjero y repatriando al nacional. De He se esperaba que trajera gloria al país y no el oprobio global.

Su trabajo fue publicado por primera vez el mes pasado en el MIT Technology Review. Los analistas concluyeron que, cuestiones éticas al margen, ni siquiera podía concluirse que había conseguido blindar a las gemelas del virus HIV. Se desconoce cuál es el estado de salud de las dos niñas y un tercer pequeño que nació con la ayuda de He. Las autoridades de la provincia de Guangdong los mantienen bajo observación médica y han protegido su identidad.