fallos operativos

La sala de descontrol de los bomberos de Girona

El traslado del mando de la región al centro de la ciudad ha acarreado graves problemas de comunicación con los efectivos sobre el terreno

En medio año, seis trabajadoras han desarrollado síntomas compatibles con lipoatrofia que apuntan a que, además, es un edificio enfermo

Sala de control de Bombers de la Generalitat en Girona. 

Sala de control de Bombers de la Generalitat en Girona.  / JORDI RIBOT // ICONNA

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Guillem Sànchez

"Control, repite por favor que no te entiendo". Es la frase más escuchada en la sala de control de Bombers de la Generalitat de la provincia de Girona. El pasado mes de mayo el mando de la región fue trasladado desde el polígono de Mas Xirgu –donde se encuentra el parque de bomberos– al centro de la ciudad. Desde entonces los problemas se han multiplicado para los técnicos de la sala y el cambio ha acabado engrosando la frustrante travesía que comenzó hace 13 años cuando esta región se propuso renovar el parque de bomberos de Girona.

Según tres fuentes consultadas por EL PERIÓDICO, durante los últimos siete meses los incidentes de conexión en la sala de control han sido casi diarios. Porque operadores y bomberos –que atienden sobre el terreno las emergencias– se escuchan tan mal entre ellos que las conversaciones acaban siendo extenuantes para evitar malentendidos peligrosos. Y porque los ordenadores se 'cuelgan' y ello significa que los técnicos se quedan varios minutos sin recibir los avisos de nuevas emergencias que manda el 112 o sin poder establecer contacto con los 19 parques de la región.

El mes pasado un temporal de lluvia cortó la comunicación de la sala de control con la antena de Rocacorba y la región se quedó completamente 'a oscuras' durante 20 minutos. La interrupción permitió averiguar que esta sala no estaba –como debería– conectada también a la antena de Collserola y a la señal de fibra óptica. Uno de los dos sistemas que evitan que los servidores se calienten lleva meses estropeado. Si se estropeara el segundo, estos no tardarían en sobrecalentarse y tendrían que apagarse, inutilizando la sala.

El episodio más inquietante pasó hace varias semanas, cuando uno de estos cortes de comunicación interrumpió el contacto con un helicóptero que estaba en el aire. Disparó el estrés de los técnicos porque desconocían si el aparato se había caído o solo lo había hecho la conexión.

En esta sala trabajaban entre 23 y 25 técnicos. En siete meses, seis operadoras han desarrollado síntomas compatibles con la lipoatrofia. Aunque solo uno de estos casos ha sido reconocido por la mutua, algunas de ellas han sido diagnosticadas por médicos externos. La lipoatrofia se manifiesta en hendiduras que aparecen en la piel y a pesar de que no se trata de una dolencia grave puede causar trastornos psicológicos por los daños estéticos. La sufren personas expuestas a entornos con baja humedad y cargados de electricidad estática como los que generan espacios mal ventilados con una concentración alta de cableado y servidores.

El sindicato UGT, que estima en más de medio millón de euros el dinero invertido en trasladar la sala de control hasta el centro de Girona –a pesar de que el presupuesto inicial era de 200.000 euros–, denuncia que el espacio incumple la normativa vigente en habitabilidad y, para colmo, también incluso en la prevención de incendios. Pone en riesgo a los trabajadores y UGT estudia llevar a la Generalitat ante la justicia.

Desde la Conselleria d'Interior, ante esta posible denuncia, se responde que las nuevas instalaciones de telecomunicaciones de la sala de control de Girona están dotadas de la última tecnología, se insiste en que todas las incidencias, que se habrían dado de la misma forma en las antiguas dependencias del Mas Xirgu, han sido resueltas inmediatamente

La travesía del cambio de sede

En el 2006, el parque de bomberos de Girona había quedado obsoleto y estaba en marcha un proyecto ambicioso para reformarlo. La previsión era mantener en un mismo edificio el parque, la sede operativa de la región y la sala de control. Los bomberos interrumpieron aquella reforma porque faltaba espacio para una pista de aterrizaje para helicópteros. Comenzó así el periplo del parque de Girona.

Años después, se eligió otro emplazamiento ubicado dentro del territorio del municipio de Fornells de la Selva, a menos de un kilómetro de la ciudad. Fue desarbolado por Carles Puigdemont, entonces alcalde de la ciudad, porque no quería que Girona fuera la única de las cuatro capitales catalanas que no tenía el parque de bomberos dentro de su jurisdicción.

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Frustrados los dos primeros planes, se buscó una tercera salida: un edificio sin uso en el barrio de Palau que había pertenecido a la Conselleria de Treball. Sin embargo, la Generalitat decidió desviarlo a última hora para la Universitat de Girona. Pero llegó la crisis y nunca llegó a utilizarlo. Quedó vacío y abandonado. Los bomberos han acabado yendo a ese edificio últimamente hasta en tres ocasiones, pero a apagar fuegos causados en su interior por actos vandálicos de ocupas. Hoy sigue tapiado y en estado ruinoso. Los mandos altos y medios de la región proponían este traslado para conservar este edificio hasta disponer de una ubicación definitiva.

Finalmente se desempolvó una vieja idea desechada por lunática e inoperativa: instalar la sala de control en el edificio de la Generalitat del centro de la ciudad. Los bomberos lo aceptaron porque hacía falta huir de unas instalaciones tecnológicas obsoletas desde el 2006. Ahora las echan de menos.