07 jul 2020

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CRISIS CLIMÁTICA

Dos activistas, medio siglo de lucha ecologista

Un ecologista pionero y una joven activista comparten puntos de vista, no siempre coincidentes, sobre la cumbre del clima, Greta Thunberg y el futuro

Gemma Tramullas

Gisela Torrents y Santiago Vilanova colaboran para sostener el planeta.

Gisela Torrents y Santiago Vilanova colaboran para sostener el planeta. / FERRAN NADEU

Se llevan casi 50 años y ambos se dedican al medioambiente tanto a nivel activista como profesional. Él se crió rodeado de bosques y volcanes dormidos y ella nació a orillas del Mediterráneo. Santiago Vilanova (Olot, 1947) es periodista, consultor ambiental y ponente de la sección de Ecología del Ateneu Barcelonès y Gisela Torrents (Tarragona, 1994) es ambientóloga, activista contra el cambio climático y colaboradora del Grup sobre Governament del Canvi Climàtic de la Universitat Politècnica de Catalunya. Dos experiencias y dos miradas complementarias debaten sobre la Cumbre del Clima, el fenómeno Greta Thunberg y el futuro del planeta.

“Mi conciencia ecológica se inicia en los años 70, con la defensa de la zona volcánica de la Garrotxa (que hoy es un parque natural) y concretamente con la ocupación del volcán Croscat”, explica Vilanova. En 1977 fundó el colectivo del periodistas ecologistas y desde entonces ha editado 20 libros y ha organizado 50 simposios internacionales.

“Quizá una de las diferencias es que antes eran menos personas pero muy preparadas –apunta Gisela, que el viernes viajó a Madrid para asistir a la manifestación y a la COP25--. En cambio ahora son muchas más personas mucho más jóvenes que se involucran ya no desde la acción local sino porque ven que su futuro peligra”. En su caso, desde niña ya fue consciente del cambio climático a nivel global y su implicación creció ligada al activismo animalista y feminista.

Moviéndose en tres frentes

Los pioneros del movimiento ecologista catalán crearon una conciencia política moviéndose en tres frentes: el científico, el periodístico y el cívico. Aunque no lograron parar las nucleares de Ascó y Vandellós, ganaron múltiples batallas y Vilanova considera que debería haber más colaboración entre jóvenes y veteranos.

“Yo estaba en Río en 1992 [el germen de las actuales COP] cuando apareció una niña de 12 años, Severn Cullis-Suzuki, que habló muy bien. Sin embargo, no tuvo la repercusión de Greta porque no había redes sociales”, recuerda Vilanova. Aunque valora positivamente el fenómeno Greta Thunberg, muestra su preocupación por la presión mediática sobre ella y también advierte de que podría distraer la atención de “auténticos pensadores que han quedado marginados, como Teddy Goldmisth, Ivan Illich, Vandana Shiva o Petra Kelly”.  

Torrents no comparte esa preocupación: “Estoy muy orgullosa de que Greta sea mujer, joven y con Asperger. Toca muchos egos, a derecha e izquierda, sobre todo entre los hombres y canaliza mucha frustración y miedo a través de un discurso muy potente. No le resto importancia a los intelectuales, pero muchos jóvenes se sienten más interpelados por las emociones que expresa Greta que por un trabajo académico escrito por Vandana Shiva”.

Desobediencia civil

Ambos han pasado muchas horas organizando acciones como las que ahora protagonizan movimientos como Fridays for Future o Extinction Rebellion. “Para  mí la desobediencia civil tiene un papel clave en la lucha contra el cambio climático –asegura Torrents--. Si las élites políticas no están haciendo suficiente, hay que salir a la calle y las personas que ponen su cuerpo en las protestas me merecen todo el respeto”.

Vilanova apuesta más por una “rebelión de consumidores” acompañada de un nueva gobernanza. “Si un 10 por ciento de los consumidores cambiaran su forma de consumir arrastrarían a la mayoría y forzarían un cambio en los modos de producción. Pero este cambio cultural solo se producirá –advierte-- si hay una voluntad de los medios de comunicación de incentivar este cambio, en lugar de romper las portadas informativas para poner publicidad de empresas que son responsables del cambio climático”.

“¿Pero la responsabilidad es del consumidor o de las empresas y de la política?”, plantea Torrents. “¿Quién creó la COP? --salta Vilanova--. El G-20. Llevamos 25 conferencias desde Río y la producción de petróleo continúa aumentando, igual que la del carbón y la del gas, gracias al fracking; además, las nucleares se cierran por un lado y se abren por otro. Naciones Unidas es un club de estados y se ha demostrado obsoleta para resolver este tema. Casi preferiría una reunión del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que se comprometieran a eliminar las subvenciones a los recursos fósiles a seguir con las COP, que cuestan millones”.

Torrents opina que las Naciones Unidas deberían “salir del marco del capitalismo y de la lucha por el dinero y el poder" y considerar soluciones planteadas desde el ámbito del decrecimiento o el feminismo. Para ella, el cambio climático es una oportunidad: “Es un límite muy claro que nos está dando el planeta para decidir cómo queremos vivir a partir de ahora. Y si algo nos tiene que enseñar este límite es a cooperar entre nosotros y dejar de competir y de matarnos por ver quién tiene más”.

Pacto entre gobiernos

Como ejemplo de esta urgencia de cooperación política, Vilanova recuerda que “el 20% de la polución derivada de los recursos fósiles en España proviene de Catalunya y sin un diálogo y un pacto entre gobiernos no se podrá desarrollar el Plan Energético de Transición”.

¿Y qué acciones cotidianas practican ambos para contribuir a la salud del planeta? “Aparte de dedicar muchas a horas organizar acciones, manifestaciones y conferencias, no consumo carne, ni pescado, ni leche desde los 16 años –enumera Torrents--. Reciclo, me muevo en bici y transporte público e intento coger menos aviones, aunque eso es lo que llevo peor”. Como otros activistas, ha ido a la COP25 en tren lento. Vilanova también recicla, consume productos ecológicos, va a restaurantes vegetarianos y, si su economía se lo permite, se comprará un coche eléctrico.

La edad influye en su visión del futuro. Vilanova se considera un “pesimista creativo”: "Será muy difícil parar el colapso y habrá que hacerlo gradualmente porque si no, cuando las gente se vea obligada a comprarse un coche eléctrico y no tenga dinero, lo de los chalecos amarillos será una broma comparado con que lo que puede pasar". Torrents, en cambio, afirma: “Si las personas que tenemos menos de 30 años no tenemos esperanza, si no nos mantenemos positivas, ¿qué nos queda?”