02 jul 2020

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PATRIMONIO CULTURAL

Barcelona emerge como guardiana de la diversidad lingüística

La oenegé Linguapax calcula que en la ciudad se hablan más de 300 idiomas

Gemma Tramullas

Cathal Ó Cuaig, Roxana Barcewicz y la pequeña Ailbhe.

Cathal Ó Cuaig, Roxana Barcewicz y la pequeña Ailbhe. / ÁNGEL GARCÍA

Amazig, bengalí, guaraní, wólof, tagalo o urdú son algunas de las lenguas no europeas más habladas en Barcelona, sin embargo este rico patrimonio lingüístico apenas se extiende más allá del círculo íntimo de su propia comunidad de hablantes. La oenegé Linguapax presentó este miércoles la campaña Barcelona et parla, Barcelona t’entén en més de 300 llengües, que pone en valor esta diversidad y propone iniciativas para evitar que los movimientos migratorios masivos y las nuevas tecnologías empobrezcan el rico ecosistema de lenguas del mundo.

La cifra de más de 300 lenguas es una extrapolación del resultado de la investigación que desde el 2002 lleva a cabo en todo el territorio catalán el Grup d’Estudi de Llengües Amenaçades de la Universitat de Barcelona. La novedad es que Linguapax ha detectado los 38 idiomas que más se hablan en la capital catalana. "Barcelona, como ciudad global, tiene que pensar como gestionar todas estas lenguas –afirmó la presidenta de Linguapax, Mònica Perenya--. Proponemos acciones que, lideradas desde la ciudad, harán que se convierta en un referente de la gestión de la diversidad lingüística en el mundo".

Informar sobre las otras lenguas que existen en Barcelona (aparte del catalán y el castellano, las demás lenguas oficiales del Estado y el inglés y otros idiomas europeos) es uno de los objetivos de Linguapax. Pero la organización busca también mejorar el prestigio de estas lenguas entre sus propios hablantes, aumentando su presencia en los espacios de participación ciudadana, en los centros escolares y destacando su utilidad profesional. "Las lenguas no son excluyentes, suman. Para aprender una nueva, no hay que renunciar a ninguna de las que ya tenemos", aseguró Perenya.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la cultura (Unesco), que ha declarado el 2019 Año Internacional de las Lenguas Autóctonas, existen 7.000 lenguas vivas en el mundo, de las cuales 2.500 están al borde de la extinción. Las cifras reflejan la relación directa entre lengua y poder. Más del 50% de la población habla solo 23 de estas 7.000 lenguas, mientras que el 4% de la población habla el 96%. Cuanto más pobre es una comunidad, más marginada está su lengua. En pleno siglo XXI, el 40% de la población aún no tiene acceso a la educación en una lengua que pueda cromprender.

Predomina el inglés

Tema aparte es el efecto que las tecnologías de la información y la comunicación y la inteligencia artificial están teniendo en el ecosistema lingüístico. El 55% de los contenidos de internet estén en inglés, que solo el 8% de la población tiene como primera lengua, cifras que confirman el proceso de uniformización lingüístico generado por las empresas tecnológicas.

Según Perenya, "es necesario que las políticas lingüísticas incidan en las tecnologías de la información y la comunicación" y en este sentido el próximo frente está en el internet de las cosas. "“Los asistentes de voz hablan en poquísimas lenguas y esto tendrá un efecto directo sobre la vida cotidiana de las personas", advirtió la presidenta de Linguapax.

Cuando Àlex Hinojo, una de las personas que más ha contribuido al éxito de la Viquipèdia en catalán, dijo aquello de  "yo quiero hablar a mi tostadora en catalán" se armó cierto revuelo, pero su afirmación encaja en esta lucha de las lenguas minoritarias por sobrevivir en el entorno tecnológico. El experto en inteligencia artificial Josep Maria Ganyet terció en el debate y escribió en el digital  Via Empresa: "Una lengua que no sirva para hablar con una tostadora no servirá tampoco para dar instrucciones al asistente de voz, ni al coche autónomo (…) El precio de no hacer nada es la irrelevancia digital". Siri, de momento, sigue sin hablar en catalán.

Las lenguas no solo sirven para comunicarse, sino que también condicionan la percepción de la realidad y las maneras de pensar de cada comunidad. Esta riqueza de miradas, recuerda la Unesco es un factor que contribuye a la comprensión mútua y a la paz.

El barrio del Raval

Sanja Rahim nació en el barrio del Raval, adonde se mudaron sus padres desde Bangladesh, y además de catalán, castellano e inglés ha conservado el bengalí en su entorno familiar: "Para mí el bengalí tiene mucho valor –explica--. Me ayuda a entender el mundo desde diversas perspectivas. Además trabajo con migrantes en situación irregular y puedo acogerlos en mi lengua materna".

En la misma línea se  manifiesta Sundus Ishaque, ingeniera por la Universitat Politècnica de Catalunya, que llegó de niña a Barcelona desde Pakistán. Su lengua materna es el urdú y aunque pocas veces tiene la oportunidad de usarlo en el ámbito académico asegura que "hablando urdú me siento yo misma".

Otra lengua que se encuentra entre las más habladas en Barcelona es el guaraní. Viviana Riberos es de Paraguay, donde esta lengua es oficial y la habla el 90% de la población. Hace 12 años que vive en Barcelona y está casada con un catalán: "Cuando nació mi hijo no le di importancia a mi propio idioma y ahora solo sabe algunas palabras, pero nunca es tarde para que aprenda, si le interesa". 

La familia Ó Caig-Barcewig

En casa de Cathal Ó Cuaig, Roxana Barcewicz y la pequeña Ailbhe, lejos de pelearse por la lengua, cuidan su riqueza lingüística como oro en paño. Entre sus cuatro paredes se hablan siete idiomas: gaélico, polaco, inglés, castellano, catalán, francés e italiano.

Sus relaciones idiomáticas responden a esta estructura: Cathal es irlandés y le habla a su hija en gaélico, mientras Roxana, que es polaca, lo hace en la lengua de su país de origen. Entre los adultos hablan en inglés y Ailbhe aprende catalán y castellano en la escuela. Además, Roxana estudió filología francesa y la pareja se conoció en Italia, con lo que sus primeros años de relación fueron en italiano.

Cuando a Cathal le preguntan por qué le habla a su hija en una lengua tan minoritaria como el gaélico, él siempre contesta lo mismo: "Cuando nació mi hija me era imposible hablarle en otra lengua que no fuera la mía, la de mis padres y mis abuelos. Es lo que yo viví de niño".

Para este documentalista afincado con su familia en Sitges, "Estamos preparando a los niños para que hagan trabajos que no sabemos si existirán en el futuro, en cambio si les damos lenguas hagan lo que hagan podrán hacerlo en todas esas lenguas. Cuantos más idiomas hablas más se expande tu mente, porque son maneras diferentes de ver el mundo y ayudan a la resolución de problemas", afirma este documentalista afincado en Catalunya.

La primera en Irlanda

El caso del gaélico, que se habla sobre todo en el oeste de Irlanda, tiene su intríngulis. Es la primera lengua oficial en Irlanda y se estudia obligatoriamente hasta los 18 años. Aunque los extranjeros tienen la posibilidad den pedir una exención, según Cathal la mayoría lo asumen sin problema. Por razones históricas y sociológicas, esta lengua estaba mal vista y se asociaba a los campesinos y los pobres, pero en 30 años la situación ha dado un vuelco. Ahora hay escuelas donde se estudia solo en esta lengua y es habitual escuchar a jóvenes de clase media hablar gaélico en las calles de Dublín. Paradójicamente, en el día a día de las zonas rurales está en retroceso.

Ailbhe tiene 3 años y curiosamente la primera palabra que aprendió es internacional. "Yo estaba viendo un partido de la Champions -recuerda Cathal- y el locutor empezó a gritar: ‘¡Goooool, gooool!’ Y esa fue la primera palabra que aprendió".

La pequeña canta canciones en catalán como El joan petit y ve dibujos animados en gaélico y polaco que emiten las televisiones de irlanda y Polonia. "La tecnología tiene que ver con el reforzamiento del estatus y el valor de las lenguas -asegura su padre-. Si los niños pueden ver dibujos en gaélico, para ellos se trata de una lengua real. Alguien dijo una vez que la mejor herramienta para salvar una lengua es Netflix. Si Netflix hace el doblaje en tu lengua, tienes muchas probabilidades de que se salve".
 

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