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colectivo vulnerable

Los expertos piden un espacio flexible para los 'niños de la calle' en Barcelona

El Ayuntamiento ha probado un proyecto para menores sin hogar durante el mes de agosto

Especialistas en menores migarntes subrallan que la administración debe aceptarlos como 'sinhogar'

Elisenda Colell

Ala del edificio Bloc en el distrito de Sant Andreu propiedad de la Generalitat donde seran realojados 35 adolescentes migrantes solos. 

Ala del edificio Bloc en el distrito de Sant Andreu propiedad de la Generalitat donde seran realojados 35 adolescentes migrantes solos. 

Los expertos en la atención a niños y adolescentes migrantes no acompañados proponen crear centros de baja exigencia en Barcelona para acabar con los 'niños de la calle', menores que tienen plaza en algún centro de protección pero que prefieren malvivir en la vía pública. Barcelona ya ha iniciado una prueba piloto en verano para atender a los niños que callejean en un recurso educativo a través de la práctica deportiva, según ha podido saber El Perióodico. "Solo se puede trabajar con estos jóvenes desde la voluntad, y seguirán en la calle hasta que no puedan más", avisa Violeta Quiroga, doctora en Antropología Social de la Universitat de Barcelona (UB).

"Nadie recuerda ya cuando nuestros jóvenes callejeaban, pero pasaba", advierte David Rodríguez, director técnico de la Fundación Idea y codirector del posgrado de la UB 'Menores extranjeros no acompañados. Personas en tránsito a la búsqueda de una vida digna’. "Cuando la ESO no era obligatoria había chicos de 12 a 16 años en la calle que generaban conflicto", explica. Pues esto es lo mismo que ocurre con los menores migrantes en la calle de Barcelona, que hay que trabajar con ellos "en la calle". Lo mismo que hacen las oenegés que trabajan en países en vías de desarrollo donde hay niños sin hogar.

Los últimos datos facilitados por Ayuntamiento y Generalitat a lo largo del año hablaban, oficialmente, de no más de 40 menores 'refractarios'. Extraoficialmente algunas fuentes los llegaron a situar en los 70. Son niños que prefieren malvivir en la calle, a veces en barracas en la montaña de Montjuïc, antes que estar en los centros de protección lejos de la capital.

Casi 500 intervenciones

Los Mossos han dejado de llevarlos a la fuerza a las instalaciones de la Generalitat, porque los niños regresaban una y otra vez. En cambio, el Servicio de Detección e Intervención de los educadores de la calle en Barcelona especializado en el colectivo de menores migrantes solos ha hecho 354 intervenciones con niños y 140 con chicos ya mayores de edad en lo que llevamos de año, especialmente en los distritos de Ciutat Vella, Sants-Montjuïc y Sant Martí, según ha podido saber El Periódico.

"No se puede trabajar de otra forma que con la voluntariedad, se debe permitir que estos niños estén en la calle, porque es donde quieren estar", defiende Rodríguez.  "Hay que estar cerca de ellos, acompañarles en su proceso madurativo poco a poco y esperar que la calle sea tan dura que no puedan más", añade Quiroga.  "Aceptar esto es durísimo", explicita la investigadora, que propone "un recurso flexible y sin apenas exigencias" para lograr que los niños dejen la calle de forma definitiva. 

El Ayuntamiento de Barcelona, en solitario y sin el apoyo de ninguna otra administración, ya ha tratado de poner en práctica estas ideas. Según ha podido saber este diario, se trata de un proyecto que solo existió durante agosto. Una entidad especializada en el deporte para colectivos en riesgo de exclusión social montó una especie de 'casal' en la Mar Bella financiado con fondos municipales.  Los menores se acercaban, jugaban algún partidillo, se duchaban, comían, y poco a poco se iban vinculando con los educadores del espacio. Durante algunas semanas, pues, lograron este espacio de referencia al que también podían tratar de acudir si les surgían problemas o conflictos. Aunque la idea inicial era lograr, al menos, que los chicos tuvieran hábitos saludables

Crecen los jóvenes sin hogar

Este diario también ha tenido acceso a los datos de la presencia de los jóvenes entre el colectivo de personas sin hogar de la ciudad de Barcelona, que en cuatro años se ha duplicado. Si en el 2015, un 3,8% de las personas que vivían en la calle de Barcelona eran jóvenes de 18 a 25 años, durante el primer semestre del 2019 esta realidad ya llega al 8,5% del total. Son datos del Servei d'Inserció Social en el Medi Obert (SISMO) que depende del Ayuntamiento de Barcelona. 

Este no es el único dato que preocupa. La presencia de jóvenes en centros de día para personas sin techo, comedores sociales, albergues municipales o en pensiones financiadas por el consistorio barcelonés sigue siendo importante. Casi 800 chicos han asistido a un centro de día, 254 han pernoctado en albergues municipales, 194 asisten a comedores sociales y unos 50 han acabado en pensiones pagadas con fondos municipales. Estos son datos hasta el 30 de septiembre del 2019, pero fuentes del servicio calculan la presencia de personas en recursos sin hogar que tengan entre 18 y 30 años. Los datos son sensiblemente menores a los del año anterior, aunque en función de la evolución de los próximos tres meses podrían aumentar considerablemente y superar los datos del 2018. 

Según explican las mismas fuentes del servicio, el perfil mayoritario de estos jóvenes es el de adolescentes magrebís que acaban en la calle una vez dejan de estar tutelados porque no tienen familia que se haga cargo de ellos aquí. Los expertos alertan que no solo Barcelona va a ver un aumento de la presencia de estos jóvenes sin techo, también capitales de comarca como Manresa, Mataró o Girona, donde se hace dos años el Govern abrió centros de urgencia para los menores migrantes en los pueblos de los alrededores y ahora estos adolescentes empezarán a cumplir la mayoría de edad. También hay un perfil en alza, menores ex tutelados que han sido protegidos en otras comunidades del Estado, y que llegan a Barcelona en busca de las oportunidades que los otros gobiernos autonómicos les han negado.

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