OPINIÓN

Soy padre y el lunes, al llegar al curro, descanso

Portada del libro ’Quedará la ilusión’, de Carlos Marañón y Galder Reguera

Portada del libro ’Quedará la ilusión’, de Carlos Marañón y Galder Reguera

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Olga Pereda
Olga Pereda

Periodista

Especialista en educación y crianza.

Escribe desde Madrid

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"Es viernes. Me acuesto, que en un rato me va a tocar salvar al soldado Ryan, construir tres naves espaciales y jugar cincuenta y cuatro partidos en el parque. Llega el fin de semana. No descansaré hasta el lunes, cuando llegue al curro". Carlos Marañón y Galder Reguera publican 'Quedará la ilusión' (editado por Libros del KO), un volumen que, en teoría, es futbolero y disecciona el mundial de Rusia. En la práctica, es un bellísimo, tierno, emocionante y sincero manual de paternidad. Porque la paternidad es eso, llegar al curro el lunes y descansar. 'Quedará la ilusión' es el testimonio de dos padres desbordados que también son dos padrazos. Dos padres cuarentones que se mueren de miedo. Como todos. Pero como muy pocos confiesan.

Forofo del Espanyol, Carlos Marañón es futbolista. Hijo, sobrino y nieto de futbolistas. Es periodista, crítico de cine y director de la revista 'Cinemanía'. No puede vivir sin el fútbol y el cine. Tampoco sin su mujer, Elena, inmersa en una carrera de fondo contra el cáncer, "nombre de enfermedad con dos cojones que no te hace pensar en bobadas". La pareja tiene tres hijos: Nico (7 años), Guille (5) y Alejandro (3).

Forofo del Athletic, Galder Reguera se licenció en Filosofía. Es escritor, gestor cultural y trabaja en la Fundación Athletic Club. Está casado con Ismene y tiene dos pasiones: el fútbol y sus ‘txikis’, Oihan (9 años) y Danel (4). Durante el pasado mundial de Rusia, Marañón -que vive en Madrid- y Reguera -que lo hace en un pueblo de Euskadi- prometieron escribirse una carta cada noche para hablar de fútbol, jugadores, partidos, goles, derrotas y victorias. Crónicas deportivas que, en el fondo, son el desahogo de dos progenitores desbordados que hacen lo que pueden con su prole. Lo que la vida, las jornadas laborales descomunales y la falta de tiempo les permite. Estos dos papás están tan baldados que hay momentos en los que solo tienen ganas de descansar y desconectar de la paternidad. "Quiero mucho a mis hijos y me apetece hacer un montón de cosas con ellos. Pero confieso que lo que más me apetece ahora es ponerme a leer a la sombra, tranquilo", admite Galder.

Invencibles

Cuando Carlos y Elena dejan a su prole en un campamento alargan el desayuno sin mirar el reloj en su cafetería favorita. Es "el único acto de reivindicación matrimonial del día". Saben que los niños tienen que estar con niños. Saben que están en buenas manos, pero cala en ellos "la extraña y ambigua sensación" de librarse de sus hijos "como si fueran una condena". Y no lo son. Nico, Guille y Alejandro son lo mejor de sus vidas. Los cinco son un fortín. Los cinco metidos en un coche mientras suena 'Suspicious minds'… "Te sientes absolutamente seguro. Nada puede pasarnos ahí dentro. Estamos juntos. Nos queremos y somos invencibles. Dura solo un segundo, pero es una sensación que lo abarca todo. No necesitamos nada más. Tenemos una plenitud muy sencilla, muy parecida a la felicidad".

Cuando tienes un hijo notas cómo el suelo tiembla bajo tus pies. Y entonces empiezas a pensar en tus padres, en cómo lo hicieron, cómo salieron adelante. Y te desarma su sencillez, la capacidad de no ver problemas donde tú ves un volcán en erupción.

"De niño me fascinaba la seguridad que me trasmitía mi padre (no biológico). A mis ojos parecía capaz de levantar el mundo si hiciera falta. Y eso que también era un niño. Cuando se unió a mi madre, yo tenía tres años y él dieciocho. Yo tengo 42 y a veces me muero de miedo”, confiesa Galder.

Una naranja, regalo de Reyes

Carlos también rinde tributo a los suyos, esa corte de familiares que viven fuera de Madrid pero que de vez en cuando vienen a echar una mano porque si no conciliar -y más, con la enfermedad de Elena, sometida a ciclos de quimioterapia- es del todo imposible. En momentos de estrés incontrolable, Carlos tiene un 'mindfulness' de andar por casa: coge una naranja, la pela y se la come poco a poco. El ritual es un homenaje a su abuela Ángeles, a la que los Reyes Magos la convirtieron en la niña más feliz del mundo dejándole una naranja como regalo. "Era la primera vez que veía una y la guardó durante días como oro en paño antes de darse el festín".

'Quedará la ilusión' es un libro que todo padre debería leer. Antes de serlo o mientras tiene a sus enanos colgados de su dolorida espalda pidiendo más y más tiempo para jugar. Al fútbol. O a lo que sea.

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Por cierto, ¿quién ganó el mundial de Rusia? Que ningún lector del libro se avergüence si no lo sabe. En la última página, Galder confiesa que a veces hasta él tiene problemas en acordarse de que fue Francia. "El fútbol fue una excusa para escribir con un amigo y dejar testimonio de unos momentos que quedarán atrás cuando los enanos crezcan". Momentos estresantes, a veces angustiosos, que se añorarán en el futuro.

Sí, echarás de menos el día que corriste al hospital porque tu hijo (alérgico a las nueces) tomó un batido con ese dichoso fruto seco. Mientras él respiraba con una mascarilla de oxígeno tú imitaste la voz de Darth Vader. "Yo soy tu padre".