02 abr 2020

Ir a contenido

COLECTIVO VULNERABLE

Los trabajadores pobres vuelven a recurrir a la Cruz Roja

La oenegé registra un incremento de usuarios del 40% respecto al año pasado

La entidad constata que sigue existiendo una pobreza cronificada eminentemente femenina

Elisenda Colell

Una mujer, junto a sus hijos, en la calle de Barcelona

Una mujer, junto a sus hijos, en la calle de Barcelona

Tras varios años de caída y estabilidad, vuelve a aumentar el número de catalanes que necesitan de los servicios de la Cruz Roja para poder comer o pagar el alquiler. Y el crecimiento no es leve, es del 40%, pasando de 116.000 personas atendidas en el 2018 a 165.000 este 2019, según datos que ha presentado este viernes la entidad. Uno de los motivos es que hay un grueso de personas que ya habían salido de la exclusión, que este año han vuelto a necesitar ayuda. Viendo esta situación, y los últimos datos del paro, la entidad se prepara para una crisis que podría multiplicar las atenciones "de forma exponencial". 

"Estos datos son inaceptables y nos deberían hacer reflexionar a todos". Es la última frase con la que el coordinador de la Cruz Roja en Catalunya, Enric Morist, ha concluido la presentación del Observarori anual de la entidad, titulado, 'Pobreza Intermitente y fragilidad social'. Y es que en esta encuesta, más allá del aumento de personas atendidas en programas humanitarios de la entidad, han demostrado que una parte importante de sus usuarios no salen del hoyo de la pobreza. Por cierto, la práctica mayoría de personas que atiende la Cruz Roja son españoles. 

El año pasado hubo un 35% de usuarios que habían logrado dejar de depender de la entidad. Ahora, parte de esta gente ha vuelto. Concretamente, corresponden a un 21,3% de las personas atendidas en el 2019. Es un dato que preocupa. Tienen menos de 50 años, trabajan pero perciben sueldos muy bajos. "A algunos les han despedido, pero la mayoría tienen trabajo a tiempo parcial o muy temporal y sobre todo que no tienen ahorros para afrontar gastos inesperados", ha relatado Morist. Y en este sentido, avisa a las administraciones del riesgo de que este grupo de personas se pueda multiplicar si llega otra crisis mundial

"Hay centenares de familias que se han ido recuperando pero no tienen ahorros. Si pierden el empleo, tendremos un problema muy serio". Morist ha puesto de ejemplo los últimos datos de la EPA o los despidos que planean sobre varias empresas para avisar de lo que pueda suceder. "Nosotros ya nos estamos preparando, quizá tendremos que suprimir algún programa para centrarnos en la atención humanitaria", ha señalado.

Salvar a las abuelas

Sin embargo, el 60% de las personas que necesitan a la Cruz Roja para comer o tener un techo llevan al menos tres años en esta misma situación, es el que se llama como perfil cronificado. Estos hogares tienen, eminentemente, rostro de mujer y de más de 60 años. "Son personas muy frágiles con pensiones muy bajas que, al no poder trabajar, es prácticamente imposible que puedan salir de esta situación", señalan desde la entidad. Solo se podría resolver, pues, subiéndoles la pensión. Un ingreso, el de la jubilación, que aún sirve para afrontar los gastos de los hijos y los nietos. 

La entidad pide a las administraciones que se pongan las pilas en materia de atención a la gente mayor. "Si se cumplen las previsiones y en el 2030 España es el segundo país con más gente mayor de la Unión Europea, habrá un gran número de personas que vivirán en la pobreza". Porque, entiende la Cruz Roja, que las personas de más de 50 años que se quedaron en paro después de la crisis tienen pensiones excesivamente bajas porque no han podido cotizar suficiente. 

La condena de tener hijos

Pero más allá de la pobreza cronificada, casi la mitad de las personas atendidas este año en la Cruz Roja tienen hijos. La mayoría son hogares con dos progenitores, aunque las mujeres monoparentales siguen creciendo y ya representan el 21% del total. En cambio, entre las personas que han dejado de necesitar la entidad, esta proporción cambia, y la mayoría no tiene menores a su cargo. Algo que lleva a las autoras del informe a afirmar que los hogares que tienen hijos a su cargo les cuesta más dejar de ser pobres. O bien porque no pueden afrontar empleos de larga jornada porque deben estar con sus hijos (especialmente las madres solas), o porque deben invertir su dinero en mantener a sus pequeños.

Educación que no es gratuita

La mayoría de la ayuda que reciben las personas de la entidad es para pagar la vivienda, los recibos de la luz o el agua, y la alimentación. Pero un 21% de los fondos van destinados a cubrir atención escolar: becas comedor que no llegan, actividades extraescolares, libros de texto o otro material escolar, como la ropa. "La Generalitat debería reflexionar alrededor de estos datos", se quejó Morist. Básicamente porque vienen a ratificar que la escolarización, que es un derecho gratuito, no lo es para muchas familias. "Si no les ayudáramos, estos niños estarían en una situación indigna", subrayó el coordinador. 

La renta no ayuda

Otra gran crítica de la entidad social ha ido a parar al proyecto estrella de la Conselleria d'Afers Socials: la Renta Garantizada de Ciudadanía. Básicamente, con el estudio presentado este viernes, la entidad humanitaria viene a demostrar que no está sirviendo para sacar a las familias del pozo de la pobreza. Casi la mitad de los usuarios de la Cruz Roja no la conocen. Un 20% la ha pedido y se la han denegado porque tiene un trabajo precario o cobra en negro. "Estamos hablando de personas que nos necesitan, que son pobres, y que merecen cobrar esta prestación", ha señalado una de las autoras. Hace meses que las entidades sociales piden cambios a la Generalitat para que acepte que los trabajadores precarios puedan acceder a esta ayuda, de momento sin éxito. 

Pero el gran problema es que la renta garantizada no proporciona suficientes ingresos para sobrevivir. Algo de lo que ya advirtieron la Taula d'Entitats del Tercer Sector y los síndics municipales la semana pasada. Los datos de la Cruz Roja lo ratifican: el 85% de las personas que perciben esta ayuda, siguen en la cola de la Cruz Roja.  Especialmente en el área metropolitana, donde cerca del 80% del ingreso de la prestación se va a pagar el alquiler. Las entidades sociales, pues, tienen que hacerse cargo del resto de gastos del hogar, mientras piden a la Generalitat que mueva ficha para ayudar al pago de la vivienda.