18 sep 2020

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PROBLEMA SANITARIO

EEUU activa la lucha contra el cigarrillo electrónico para frenar la adicción juvenil

Trump anuncia un plan inminente para retirar del mercado productos de sabores

Uno de cada cuatro estudiantes de instituto 'vapea', más del doble que hace dos años

Idoya Noain

Varios tipos de cigarrillos electrónicos.

Varios tipos de cigarrillos electrónicos. / ARCHIVO / REUTERS

Durante más de una década, el cigarrillo electrónico ha tenido prácticamente carta blanca en Estados Unidos pero la permisividad llega a su fin. Esta semana la Administración de Donald Trump ha anunciado que “en las próximas semanas” la Agencia de Medicamentos y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés) presentará un plan para eliminar del mercado todos los productos de sabores para los dispositivos, incluyendo los mentolados, hasta que los productores logren la aprobación de la agencia bajo nuevas directrices. Y el propio presidente Trump, que lleva casi tres años de mandato con la desregulación como uno de sus principios motores, en este caso estudia “reglas y regulaciones muy contundentes”.

Para entender ese inusual impulso normativo federal en una administración alérgica a los límites empresariales hay que tener en cuenta los interrogantes irresueltos sobre los efectos en la salud del vapeo, intensificados este verano por seis fallecimientos y casi 400 ingresos hospitalarios en EEUU por enfermedades pulmonares vinculadas, aunque aún sin exactitud, al uso de dispositivos electrónicos para consumir productos de cannabis y de tabaco. Sobre todo, no obstante, hay que repasar las severas alertas que desde hace tiempo lanzan expertos médicos y autoridades sanitarias por una extensión del vapeo entre menores de EEUU que ha alcanzado rango de “epidemia”. Ese consumo no solo preocupa por el potencial efecto dañino en el desarrollo juvenil, sino también porque apunta a revertir décadas de progreso y crear una nueva generación de adictos.

Una cuestión personal y social

Trump parece estar impulsado, en parte, por un factor personal y en su comparecencia el miércoles citó a la primera dama, Melania Trump, que se ha declarado “profundamente preocupada” y que participó en la sesión informativa que el presidente mantuvo con el secretario de Sanidad, Alex Azar, y el comisionado en funciones de la FDA, Ned Sharpless. El mandatario ha hablado estos días, igualmente, de la preocupación de su esposa y él mismo por los riesgos para su hijo Barron, de 13 años. Pero su acción responde también a un creciente clamor desde las más altas instancias médicas públicas y privadas y a la presión de padres, legisladores y educadores por poner coto a un mercado que ha crecido con escaso o nulo control hasta convertirse en un gigante que el año pasado generó 9.000 millones de dólares en ventas.

Apostando por la utilidad del cigarro electrónico para ayudar a los fumadores tradicionales a abandonar el tabaco, la Administración de Barack Obama fue laxa en su regulación y el cigarro electrónico no entró hasta el 2016 bajo supervisión de la FDA, que empezó lentamente a dar tímidos pasos. Estos se intensificaron cuando el doctor Scott Gottlieb se puso al frente de la FDA en la presidencia de Trump, pero volvieron a encallar algo tras su dimisión en abril y su sustitución por Sharpless, encargado de reactivar y reforzar ahora la regulación federal, que avanza más lenta que la estatal o municipal. Michigan, por ejemplo, es el primer estado que ya ha prohibido toda la venta de productos de vapeo de sabores, y la ciudad de San Francisco también tiene desde este verano vetada la venta de cigarros electrónicos y sus productos asociados. A ello se suma el anuncio efectuado este domingo por el gobernador del estado de Nueva York. Andrey Cuomo ha adelantado que prohibirá también los dispositivos de sabores.

Raíces y cifras de la epidemia

La accesibilidad y atractivo de los dispositivos, combinado con una agresiva publicidad destinada a los menores, de empresas como el gigante Juul, que controla más del 70% del mercado y obtiene el 85% de sus ingresos por venta de productos de sabores, contribuyó a popularizar su uso entre los jóvenes. La compañía esta misma semana recibía cartas de advertencia de la FDA por haber publicitado sus productos, tanto a adultos como a jóvenes, como el 99% más seguros que el tabaco tradicional. Y aunque ya el año pasado, bajo la presión de los reguladores, Juul retiró de las tiendas físicas los líquidos de frutas y dulces; cambió su estrategia en redes sociales para centrarse solo en mayores de 35 años y endureció los controles de la venta 'online', las tendencias que ha contribuido a crear no parecen tener de momento marcha atrás.

Según los datos que mencionó el miércoles Azar, cinco millones de menores estadounidenses están usando cigarrillos electrónicos. El porcentaje de estudiantes de instituto que vapean está en el 25%, un incremento del 4% respecto al año pasado y más del doble que las cifras del 2017 (11%). Y la abrumadora mayoría de los jóvenes admiten consumir sabores de frutas o mentolados.

El misterio de seis muertes y 380 enfermedades pulmonares severas 

De momento es un misterio irresuelto, con múltiples interrogantes pero también algunas certezas. Seis muertes y 380 casos de dolencias pulmonares severas en las últimas semanas en Estados Unidos han sido vinculados por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades al uso de dispositivos electrónicos para consumir productos de cannabis y tabaco. Y mientras las autoridades y la ciencia tratan de intentar determinar causas, circunstancias y un potencial nexo, se urge a los ciudadanos, especialmente no fumadores y adolescentes, a no 'vapear' en absoluto. También, a no comprar vapeadores ni líquidos en el mercado negro ni a alterarlos.

Nadie ha podido determinar con exactitud aún si hay un vínculo entre todos los casos, que se han registrado en 36 estados del país, donde los afectados, desde adolescentes sin antecedentes a personas de mediana edad con y sin problemas respiratorios previos, tuvieron síntomas tempranos como la fatiga, la nausea, vómitos, tos y fiebre. Estos escalaron a falta de aliento, tan extrema como para visitar emergencias o ser hospitalizados. Y aunque en los escáneres se ven señales de lo que parecían neumonías bacterianas o víricas, en las pruebas posteriores no se detecta infección.

En los que casos que estudió 'The New England Journal of Medicine', en Illinois y Wisconsin, por ejemplo, el 94% requirió hospitalización y casi un tercio necesitó respiración asistida. En entrevistas a 41 enfermos, el 80% reconoció haber usado los dispositivos electrónicos para fumar THC, el componente químico psicoactivo de la marihuana, pero el 17% dijo que solo consumió productos de tabaco. Y en una parte significativa de muestras tomadas a los afectados se han encontrado restos del acetato de vitamina E, un complemento que habitualmente se está mezclando con el aceite de cannabis y cuyos efectos en la salud una vez que se aspira el líquido calentado aún no están determinados. Ese aceite también es el foco de la investigación en Nueva York.

Todo intensifica un puzle complejo. Nadie puede contestar a por qué se ha abierto esta crisis ahora cuando vapeadores y líquidos llevan años en el mercado. Y aunque nadie tiene respuestas definitivas, una hipótesis apunta al creciente mercado negro de productos de marihuana (legalizada en 33 estados pero aún una sustancia controlada a nivel federal). Se recuerda también que proliferan sucedáneos de líquidos de tabaco, así como la cada vez más frecuente adulteración o combinación casera de líquidos.

Lo que también es innegable es que se ha extendido el uso de los dispositivos electrónicos. Y, como recordó el 'New England Journal of Medicine', “el aerosol del cigarro electrónico no es inocuo, puede exponer a los usuarios a sustancias que se sabe tienen efectos adversos en la salud, incluyendo partículas ultrafinas, metales pesados, componentes orgánicos volátiles y otros ingredientes dañinos.”