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EL CRIMEN DE GABRIEL CRUZ

La madre de Gabriel a Ana Julia: "Eres muy mala, rematadamente mala"

La acusada de la muerte del niño argumenta que solo quería que el pequeño "se callara"

Quezada se pone el traje de víctima en la muerte "accidental" del hijo del que entonces era su pareja

Julia Camacho

Ana Julia Quezada: ’Cuando dejé al niño en el suelo, ya no respiraba’. / EFE VÍDEOS

La madre de Gabriel, Patricia Ramírez, ha querido enfrentarse este martes a la autora de la muerte de su hijo durante su declaración en el juicio contra Ana Julia Quezada. Ha pedido declarar sin biombo de por medio, y nada más entrar en la sala se ha encarado con la acusada: “Eres muy mala, rematadamente mala”, le ha espetado, según adelantó El Español y confirmaron fuentes judiciales. 

También Judith, la hija de Quezada, ha sorprendido en su declaración al subrayar su deseo de no tener que ver a su progenitora, con la que desde su detención no ha tenido ningún contacto o relación. En cualquier caso, ha aclarado, la suya ha sido siempre atípica, más “despegada y distante”. Pese a ello, la joven atendió el requerimiento de la madre cuando la misma noche de la desaparición de Gabriel la llamó, y acudió a Almería. Ahora concede que se sintió “utilizada” por su madre dado que, en un momento de la búsqueda, Quezada trató de inculpar a su expareja Sergio, y le pidió a la chica que hablara con el psicólogo que atendía a la familia para decirle que Sergio “era un hijo de puta”.

La doble cara de la acusada

Las primeras sesiones del juicio por la muerte de Gabriel Cruz han dejado en evidencia las dos caras de la acusada y autora material del crimen, Ana Julia Quezada. Mientras que amigos de la pareja que formó con Ángel Cruz y su propia hija la dibujaron como una persona fría, desapegada, y mentirosa, ella se presentó en su declaración como una mujer víctima de los nervios y el bloqueo que sufrió tras acabar con la vida del niño. Incapaz de contar lo ocurrido pese a varios intentos, y como quiera que no la descubrieron, como reveló que era su deseo, cuando la detuvieron con el cuerpo del menor en su maletero iba camino de su casa con intención de suicidarse y dejar sendas cartas de arrepentimiento contando lo ocurrido.

La declaración de Quezada ante el juez se ajustó como un guante a la línea trazada el día antes por su abogado: una persona con una compleja historia personal a sus espaldas, con una hija de cuatro años fallecida en extrañas circunstancias, intentos de su propia familia de meterla en la prostitución, que comete un enorme y grave error y que se le va de las manos. Explicó que nunca tuvo problemas con Gabriel, al que atendía cuando el padre estaba trabajando, pero sin embargo el 27 de febrero él se revolvió de forma sorpresiva y, de forma inaudita, empezó a insultarla en la finca familiar de Rodalquilar. El niño, explicó, le llamó “negra fea”, y le dijo que se volviera a su país porque quería que sus padres retomaran la relación. Un aspecto Este confirmado por el psicólogo que trataba a Patricia, la madre de Gabriel, quien narró que el pequeño llevaba mal la separación y que presentaba un cuadro de “abandono y desafección”, por lo que requería estar más tiempo con su padre.

Quería que se callara

En medio de esa pelea con el niño, que blandía un hacha, Ana Julia solo quiso que Gabriel “se callara”. Su relato desde ese momento estuvo plagado de lágrimas, sollozos, manos tapando su rostro e incluso peticiones continuas de perdón a la familia del niño y a la suya propia, que la acusada realizó mirando a la cámara que recoge la señal del juicio para los medios de comunicación. Sin saber de qué manera exacta, “porque fue un momento muy rápido y estaba muy nerviosa”, le puso la mano en la cara tapándole la boca y la nariz. “Cuando le quité la mano ya no respiraba, y me bloqueé”, justificó, subrayando que no fue su intención matarle y que todo fue “un accidente”. “No pensé en nada, solo que le he quitado la vida a un niño y que no podía contárselo a su padre”.

Después, como no fue capaz de pedir ayuda o llamar a los servicios sanitarios, y tras fumarse un par de cigarrillos, decidió cavar un agujero y ocultar al pequeño. Recurrió incluso a un hacha para recortar las extremidades que sobresalían. “No pude ni mirar, no sé donde fue”, aseguró. Las lágrimas manaban de su rostro con cada detalle delicado del crimen, como cuando reconoció el hacha o la toalla con la que días después envolvió el cadáver para trasladarlo.

A partir de ese momento, el relato de Quezada consiste en su carrera hacia adelante incapaz de contar lo ocurrido, “hasta arriba de diazepam” para, dijo, “acallar su conciencia”. No obstante, asegura que su deseo fue que la descubrieran “porque no podía aguantar más ese secreto”. A este deseo atribuyó la pista falsa de la camiseta que dijo haber encontrado junto a la casa de su expareja. O las continuas visitas a la finca de Rodalquilar, donde decía “hallar paz” al tiempo que reclamaba a sus acompañantes ayuda para tapar con maderas y enseres viejos la fosa donde estaba el pequeño.

Quezada repitió varias veces sus peticiones de perdón y ese deseo de que la policía la acabara pillando. Hasta que el día 12, sin saber bien los motivos, se trasladó de nuevo a la finca, desenterró el cuerpo y decidió trasladarlo. Dijo no recordar haber murmurado improperios sobre el pequeño, aunque sollozó al escucharlos, y sorprendió al desvelar por primera vez que su verdadera intención no era ocultar el cadáver en otro lugar, sino trasladarlo al garaje de su casa en Vícar para dejarlo allí y suicidarse. Iba a contar su paradero en las cartas que pensaba escribir a su pareja y su hija para pedir perdón. Una parte del relato en el que no faltaron las palabras cariñosas, las únicas con ternura, hacia su perrita, a la que dijo iba a dejar con suficiente comida y agua para que aguantara hasta que la descubrieran.

Ana Julia Quezada reconoce que mató al niño Gabriel, aunque se ve inocente. / EFE/CARLOS BARBA/ EFE VÍDEOS

Quezada llegó poco antes de las 9 de la mañana a la Audiencia provincial de Almería. Vestida con una camisa blanca y una chaqueta azul marino, mostraba una imagen muy similar a la del primer día, y que llamó la atención por la cuidada estética, muy alejada de cómo se mostró durante el mes de marzo del 2018. Durante esa primera sesión del juicio, que se prolongará hasta la próxima semana, la acusada de haber matado al pequeño de 8 años tuvo que afrontar el duro relato que la acusación particular que ejerce la familia de Gabriel realizó ante el jurado popular. El letrado presentó a Quezada como una mujer "rematadamente mala" que mató al niño porque le "estorbaba" en su relación.

Premeditación y ensañamiento

El abogado puso el acento además en que no solo hubo premeditación, sino también ensañamiento, a fin de apuntalar su petición de prisión permanente revisable. Así, aseguró que según constata la prueba forense encargada a dos funcionarios del Estado, Quezada dejó al pequeño agonizando entre 45 y 90 minutos. "Le apalea, le golpea, le ve agonizando, y lo asfixia", desgranó ante el jurado de forma dramática, acompañando cada verbo de gestos para causar mayor impresión en el jurado. "La tesis de que el niño se ha muerto resulta inaceptable", sentenció, "estuvo cerca de una hora con posibilidad de salvarse, y alguien no rematadamente malo como la acusada hubiera llamado a los servicios de emergencias".

En su primera sesión de la vista oral, la acusación cuestionó también el supuesto arrepentimiento mostrado por Quezada. "¿Quién se pone a pintar una puerta después de matar a alguien?, ¿qué arrepentimiento cabe si dijo, ‘os voy a dar ‘pescaíto’ por mis cojones’".