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INICIATIVA SOLIDARIA

Un niño ingresado en Sant Pau es el visitante 35 millones del Museu del Barça

El 'tour' lo ha realizado gracias al Robot Pol, que el paciente ha controlado desde su habitación con un ordenador

El personal sanitario subraya los efectos positivos de esta iniciativa, que permite salir de la monotonía hospitalaria

Gisela Macedo

Max Adriano Rivera ha visitado desde su habitación de Sant Pau el Museu del Barça

Max Adriano Rivera ha visitado desde su habitación de Sant Pau el Museu del Barça / Robert Ramos

Este lunes, Max Adriano Rivera ha amanecido con buenas noticias en el Hospital de Sant Pau, donde lleva un mes ingresado. Para nada se imaginaba que en solo un par de horas su habitación se llenaría de cámaras de televisión, expectantes por ver cómo se convertía en el visitante número 35 millones del Museu del Barça. Sin duda, todo un acontecimiento para él, quien a sus 10 años de edad es un gran seguidor del equipo.

La visita la ha realizado gracias al Robot Pol, un aparato teledirigido que el propio niño ha podido controlar desde la habitación del hospital mediante un ordenador. Con dos cámaras y siete micrófonos, el mecanismo permite tener una visión completa del espacio que se visita. Este ha sido proporcionado por la fundación Eric Abidal y la Fundació Barça y su nombre rinde homenaje al primer niño que utilizó el invento en una prueba piloto, quien falleció semanas después de visitar virtualmente el Camp Nou.

Max ha estado dirigiendo el robot por las instalaciones del Barça, siguiendo las indicaciones de los voluntarios. Mientras tanto, ha estado contando a los medios la ilusión que le hace ser el visitante número 35 millones del museo. “Yo no me esperaba esto”, dice sin despegar la mirada de la pantalla. Además le han regalado una camiseta del equipo, en cuyo dorso se puede leer ‘Visitant’ y el número 35. “¿Quién te gustaría que la firmara?” le preguntan. El niño no duda ni un momento: “Messi”, por supuesto. 

Escapar de la monotonía hospitalaria

Su madre, Petronila, observaba sonriente la situación mientras se ocupa de sus dos hijos más pequeños. Tampoco ella supo nada de la sorpresa hasta un par de horas antes. “Max es un gran seguidor del Barça y le gusta mucho el fútbol. Juega en el equipo de su colegio y, además, le gusta diseñar sus propias botas de fútbol”, explica. Eso sí, a pesar de esta pequeña alegría, asegura que su hijo no ve el momento de volver a casa. 

En el área de pediatría del Hospital de Sant Pau están acostumbrados a ver a los voluntarios del Barça por los pasillos, ordenador en mano para dejar que los pequeños pacientes dirijan al Robot Pol, y así les hacen los ingresos un poco más llevaderos. Montse Vila, supervisora de enfermería del área, agradece y apoya el proyecto: “Psicológicamente es muy bueno para los niños porque, aunque en el hospital tenemos diversas actividades de voluntariado, no los sacamos de la monotonía. Se distraen, pero todo queda aquí dentro. En cambio, el hecho de que puedan conectar con el mundo exterior que ellos han abandonado es una inyección de energía, así como para la familia, y más cuando la acción es de tal envergadura". Además, Vila subraya la importancia de desviar la atención también de los familiares hacia otros aspectos: "Cuando los niños están ingresados, todos los diálogos giran alrededor de su salud. En cambio, cuando ocurre algo así las conversaciones se ‘desmedicalizan’, algo que resulta muy positivo tanto para el niño como para los demás, y ayuda a que el núcleo familiar no se resienta”.