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Ana Julia se enfrenta a la prisión permanente por el asesinato del pequeño Gabriel

La clave de su defensa pasa por rebatir la acusación de que existió alevosía y que la muerte fue por un accidente

Julia Camacho

Ana Julia Quezada, junto a Ángel Cruz, padre de Gabriel, durante la búsqueda del pequeño y antes de ser detenida.

Ana Julia Quezada, junto a Ángel Cruz, padre de Gabriel, durante la búsqueda del pequeño y antes de ser detenida. / CARLOS BARBA (EFE)

Ana Julia Quezada, acusada de la muerte del pequeño Gabriel Cruz en febrero de 2018, se sentará este lunes en el banquillo y tratará de convencer al jurado popular de que, frente a lo que dice el fiscal, no hubo alevosía ni actuó de forma “fría y premeditada”, sino que la muerte del niño se debió a un accidente. De ello depende que pase el resto de su vida en la cárcel, ya que la acusación pública reclama para ella prisión permanente revisable por un delito de asesinato y otros dos de lesiones psíquicas a los padres del pequeño por la simulación que hizo durante diez días ayundado a la búsqueda del menor. Su defensa estima que se trató de un homicidio involuntario y solicita tres años de prisión o diez en caso de que se considere homicidio doloso.

Ese primer día, Quezada deberá atender al escabroso relato de las acusaciones, que dibujan el perfil de una mujer calculadora. “Simuló un estado de aflicción, mostrándose (…) compungida y apesadumbrada, alentando los ánimos de los familiares, involucrándose en las batidas de búsqueda”, reprocha el fiscal en su escrito. Y resalta que, ya con el cadáver de Gabriel en su maletero en busca de un nuevo sitio donde ocultarlo, “profirió durante el trayecto expresiones carentes del más mínimo sentimiento de humanidad”.

Durante el tiempo que ha permanecido en prisión provisional, en el que pudo notar el rechazo de sus compañeras, mandó una carta a un programa de televisión insistiendo en la versión del accidente, la que confesó a los policías, y pidiendo perdón a la familia. “Me asusté mucho, el miedo te bloquea y actué así. No fui lo suficientemente fuerte como para decirle a mi pareja, a nadie, lo que había pasado y, poco a poco, me fui metiendo en una bola cada vez más grande”, justificó.

Gabriel salió de casa de su abuela paterna en Las Hortichuelas (Nijar) para ir a jugar a casa de sus primos, a unos 70 metros. Según el relato policial, Ana Julia le encontró en el camino y le convenció de acompañarla a otra casa familiar de Rodalquilar. Allí, asegura que regañó al niño por coger un hacha y éste le respondió con insultos de “negra fea”. Al intentar quitarle el hacha, le hirió en la cabeza y le tapó la boca con la intención de que se callara.