04 abr 2020

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Iniciativa socioeducativa en una cárcel catalana

'Lisístrata' en prisión

Internos de Brians 2 se ponen en la piel de sus mujeres, que cumplen otra suerte de pena

Reflexionan sobre la espera y la dura carga emocional y material de sus madres, hijas y parejas

Helena López

Internos de Brians 2 reinterpretan ’Lisístrata’. / JORDI COTRINA

Miguel se muere de ganas de que llegue el domingo y actuar para su madre y su hermana. "Una hermana viene seguro, y quizá la otra también, aún no lo sé", explica a los pies del escenario con una sonrisa en la cara y una larga peluca albina en una de sus tatuadas manos. Es martes a mediodía y acaba de superar el estreno con nota. El públicos puesto en pie. El texto es un homenaje a ellas, a todas las mujeres que viven con un ser querido privado de libertad; y su madre tiene un papel importante. Las palabras de María Carmen resuenan en la sala en boca de su hijo cortando la respiración del espectador, a su vez protagonista. La recién estrenada reinterpretación de 'Lisístrata' tendrá tres únicas funciones, todas intramuros. Dos para los internos y la tercera, el domingo, para sus familiares.

"Hola, hijo; cuando te metieron preso, mi mundo se vino abajo...". 

Hace seis meses, cuando empezó a gestarse, Miguel estaba fuera, preparando otro espectáculo que no alcanzó a estrenar en el Forn de Teatre Pa’Tothom del Raval. El fiscal recurrió el tercer grado y este hombre de 33 años y brazos robustos volvió a Brians 2 a mediados de junio. Fue entonces y así como ‘Miguelito el cariñoso’ -como le presenta su compañero Luis- llegó a la compañía Sota Mínims Teatre, que este martes estrenó una sobrecogedora y a ratos desternillante versión del clásico griego en el duro teatro del mayor centro penitenciario de Catalunya.

Miguel, a la derecha, lee las palabras de su madre sobre el escenario. / jordi cotrina

Pese al golpe de verse de nuevo entre rejas y llegar con el proceso de creación bastante avanzado, Miguel se sumergió en el proyecto con ganas.  

"Cumpliendo la condena, los minutos pasan lentos, pero no miro atrás. El pasado es una enfermedad que no tiene cura". La presentación de Miguel es una de las más aplaudidas. El espectáculo combina con pericia realidad -la carta de una madre y la de una hija y las propias palabras de los presos- con ficción, tres fragmentos de la comedia de Aristófanes.

En la periferia brillante...

Poco antes de las 10 de la mañana, justo una hora antes del estreno, los ocho internos que finalmente -aquí la gente entra y sale y hubo bajas hasta el fin de semana anterior- conforman el reparto ultiman los detalles. La actriz, directora y profesora de teatro del centro penitenciario, Xantal Gabarró, baja del escenario y coge el micrófono. Sentado al borde, Erik, uno de los hombres que forma parte de la compañía, hace sonar la guitarra y el mundo, que ya parece pararse al cruzar las una, dos, tres, cuatro puertas de seguridad que blindan el espacio, se detiene esta vez de verdad. "En la periferia brillante, de una galaxia mediana, en medio de un mar oscuro, donde flota nuestro mundo...", canta.

Xantal Gabarró canta en el último ensayo, minutos antes del estreno. / jordi cotrina

Aunque habla en todo momento de creación colectiva, ya que así ha sido -en esta 'Lisístrata' hay mucho de Miguel, Luis, Erik y del resto-, Gabarró es y ha dejado el alma en este proyecto a ratos desgarrador. El reto no era menor: dar voz a los presos y sus circunstancias sin hacer pornografía emocional y poner en el centro a las mujeres que, desde fuera, pagan una doble y triple pena. "Hacerles performar les ponía en jaque. La masculinidad aquí dentro es muy bestia", apunta la actriz, para quien este es el tercer proyecto en prisión. El primero fue a partir de unos cuentos que escribieron los propios presos para la fiesta del otoño y el segundo, una obra de teatro el día de Reyes para sus hijos.

Después de dos espectáculos tan seguidos, Gabarró, especializada en teatro social, tenía ganas de trabajar algo con un poco más de tiempo. La idea se le ocurrió tras visitar una exposición en la ya excárcel Modelo sobre los daños colaterales del sistema penitenciario. Pensó en la vida de las mujeres de sus alumnos. De todas, más allá de sus parejas o exparejas. Sus madres. Sus hijas. Sus amigas. ¿Qué representa para esas mujeres que ellos estén ahí dentro? La pregunta no solo se la la hizo ella, sino que se la hizo a ellos. Reflexionaron durante varias sesiones, compartiendo experiencias y miradas. Y decidieron ir más allá. Las invitaron a hablar a ellas. La profesora de interpretación pidió a los internos que les preguntaran a esas mujeres que escribieran sus sentimientos al respecto. El (largo y muchas veces difícil) recorrido que hacían cada vez que acudían a un vis a vis. Cómo vivían las horas de espera a las puertas de la prisión. Qué sentían al cruzar las alambradas del fortín de Sant Esteve Sesrovires.

Los actores de 'Lisístrata' leen una de las cartas de sus mujeres. / jORdi cotrina

"El proceso de reflexión previa fue muy bestia. El debate iba más allá, también a nivel social, ¿qué tipo de hombres están aquí? ¿De qué barrios vienen? ¿Por qué pasa eso? Era algo conducido, obviamente, pero se trataba de ir generando el espacio para que la discusión se produjera de manera sana, siendo consciente de las limitaciones de una monitora de teatro que les ve tres días a la semana", señala Gabarró. 

José y Moisés, dos de los miembros de Sota Mínims, se conocían de vista antes de entrar en prisión. "Del barrio". Sobra decir cuál, para no ahondar estigma.

Vínculos dentro y fuera

Una de las cosas que llevó a la actriz y activista hasta 'Lisístrata' fue, en una de esas conversaciones, darse cuenta de que en la cárcel había muchas personas con vínculos entre ellas. "Mi primo está en Brians 1, mi hermano en Lledoners... Todos esos hombres, dentro, y las mujeres, fuera, haciendo el rol de hombre y de mujer, en un patriarcado que lo atraviesa todo, como sucede durante las guerras", prosigue. 

Luis, con las uñas pintadas para la función, bromea con Miguel. / jordi cotrina

"Me llamo Luis y no quiero salir jamás de aquí". La presentación del reo, en un escenario casi a oscuras, conmueve al público. "Tengo 66 años y una condena de 25. Sé que no voy a salir de aquí", cuenta el hombre después de la actuación, sin ápice de dramatismo y casi sin necesidad ser preguntado. "El pesimismo es una palabra que no existe en mi diccionario. Me equivoqué y lo tengo que pagar, pero se trata de estar aquí lo mejor posible. Esto es como un instituto, sobre todo el módulo de preventivos", continúa el veterano, quien no deja de hacer bromas con compañeros durante los minutos previos al estreno. Lleva las uñas pintadas de rojo "por el espectáculo, ¿eh?, me las pintó Xantal". "Ayer era el cachondeo del módulo", hace guasa. 

En el proceso previo hablaron también sobre la responsabilidad individual -en sus mismos barrios hay muchas personas que no delinquen-, y la colectiva, la de la sociedad. Y lo hicieron con datos, que se proyectan en el espectáculo. Cifras que desvelan que Sant Cugat, el tercer municipio más rico de Catalunya, tiene una tasa de 39 encarcelados por cada 100.000 habitantes mientras Santa Margarida de Montbui, la tercera localidad más pobre, tiene en cambio 101,8 encarcelados por cada 100.000. O que en la comarca del Barcelonès, el L'Hospitalet de Llobregat, casi duplica la tasa de encarcelados en relación a Barcelona.