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El debate por la inseguridad ciudadana

Asesinatos y atracos llevan seis años de descenso en Madrid

Los robos con violencia que se registran en la ciudad son hoy un tercio menos que en 2013, aunque han repuntado el último año un 8,2%

Los hurtos preocupan menos a la policía madrileña que los robos con fuerza en pisos y locales, que suben un 4,8% el último año

Juan José Fernández

Dos policías nacionales patrullan por la calle Preciados, eje comercial y turístico del centro de Madrid.

Dos policías nacionales patrullan por la calle Preciados, eje comercial y turístico del centro de Madrid. / JOSÉ LUIS ROCA

En Madrid funcionó en la Policía Judicial un grupo de agentes que enfocó el problema de la delincuencia relacionada con el turismo como si se tratara de un reportaje de La 2 y las zonas turísticas de la ciudad fueran el Serengeti. Fue en el año 2001, cuando abundaron los atracos a japoneses. Desde entonces, en argot informal, los policías nacionales madrileños llaman a los turistas "ñus".

El sobrenombre nace de la observación desde el coche patrulla. A los turistas que van en manada, les otean los leones en las aceras. Los japoneses salían de la Gran Vía, iban al Museo del Prado… y, como en las manadas de rumiantes africanos, si uno o dos se descolgaban del grupo para abrevar o por simple despiste, les caían encima los atracadores para quitarles las cámaras y las carteras.

La repetición del incidente incrementó la estadística local del robo con violencia.  "Hubo que poner patrullas cerca de las manadas… y localizar dónde duermen los leones", explica un jefe del grupo policial.

El robo con violencia o intimidación –según fuentes policiales el delito que más impacta en la percepción subjetiva de la seguridad ciudadana- tiene una estadística declinante en Madrid que contrasta con el aumento del 58% en Barcelona entre el primer semestre de 2016 y el primero de 2019.

En el primer trimestre de este año (último periodo de datos disponible), ese delito que hoy inquieta en Barcelona ha crecido en Madrid un 8,2 % más de casos que en el mismo periodo de 2018, según el Ministerio del Interior, que está a punto de publicar los datos del segundo trimestre. Pero este repunte viene después de bajadas  anuales del 12,3 en 2018 y del 13,4 en 2014. De 4.005 robos con violencia registrados en el primer cuarto de 2013 (primer año con recuento específico capitalino) se ha pasado a 2.543 en el mismo periodo de este año, un 37,5 % menos. Y en recuento anual, se ha pasado de 14.736 en 2013 a 10.086 en 2018, un 31,5 menos.

La fuente policial se explica que este delito se repita más en Barcelona, ciudad más turística que Madrid: "En el atraco al turista es más difícil conseguir una condena, porque la víctima no preconstituirá prueba ante el juez. El turista puede denunciar; el juzgado le citará un par de veces, cuando ya esté en su país; no vendrá, y el caso decaerá…"

Menos muertos

También baja en Madrid el otro delito que dispara la alarma ciudadana: el homicidio doloso y asesinato. Pero la estadística puede despistar. En la ciudad –y comparando primeros trimestres– los homicidios dolosos y asesinatos consumados han bajado en 2919 un 42,9 %, pero porque entre enero y marzo de 2018 hubo siete casos, y cuatro entre enero y marzo de este año.

En tasa anual, los asesinatos consumados y los homicidios dolosos han registrado una bajada del 10 por ciento, de 22 en 2013 a 20 en 2018. El año 2015 fue el menos violento: 14 muertos. En cualquier caso, se producen en Madrid más asesinatos y homicidios con culpa que en Barcelona. Solo en 2017, con 28 muertes contra 16, se impuso Barcelona en la estadística. Otra cosa es la tasa por mil habitantes. Los 10 asesinatos registrados por Interior en Barcelona en 2018 y los 20 de Madrid en el mismo año suponen una tasa del 0,006 para ambas ciudades, teniendo la villa y corte casi el doble de población que la ciudad condal.

El último asesinato, machista, ha conmocionado a la ciudad. La noche del pasado 15 de agosto, la cirujana Pilar Cardeñosa moría torturada y apuñalada por su pareja, Tomás, al que ya ha atrapado la Policía.

El estío de momento se salda en Madrid con la mitad de los ocho asesinatos que lleva registrados Barcelona este verano. Desde el uno de julio van cuatro, de los que uno ha sido a tiros y los demás por arma blanca.

Este delito mortal ha tenido bajadas anuales del 42,9% también en 2014 y del 25% en 2015. La estadística sería mejor si no se hubieran "disparado" los asesinatos y homicidios consumados un 133,3% entre 2015 y 2016 (primeros trimestres), pero en cifras que nada tienen que ver con Caracas o Sao Paulo: en Madrid, de tres muertos se pasó a siete.

Muchos hurtos, menos delincuentes

Los agentes del Grupo Operativo de Investigación Zonal (GOIZ) de la Policía Nacional en Madrid andan esta semana buscando en los ficheros denuncias abiertas de hurtos a jubilados desde 2014, convencidos de que muchos de esos casos sin resolver tienen respuesta en su última operación.

El pasado día 18 detuvieron a Omar Ever R.C., de 52 años, y su hermano, colombianos, y a un hombre y una mujer cubanos, un grupo criminal dedicado al acecho de ancianos. El día de cobro de la pensión, los esperaban en los alrededores de sucursales bancarias, entraban con ellos para ver si retiraban dinero, los seguían en coche y a pie y les quitaban al descuido (alguna vez con violencia) lo que llevaran encima.

Este verano ya lo habían hecho siete veces. Omar, el líder del grupo, tiene 57 detenciones previas por el mismo delito. Y no ha pisado la cárcel más que una vez.

Es típico en el delito que más prolifera en las estadísticas de seguridad ciudadana. El hurto suma la mitad de la criminalidad, y se presta a escandalosas multireincidencias porque, por debajo de 400 euros del valor de lo hurtado, no conlleva cárcel.

La estadística madrileña de este delito se mantiene estable, con un repunte del 6,8 por ciento en el primer trimestre del año. En 2018 se denunciaron 109.909 hurtos en la ciudad. Si en Barcelona la cara del hurto la ponen los carteristas del Metro, en Madrid son los ladrones de centro comercial. Un miembro experto en el fenómeno de la Policía Nacional en Madrid explica que la estadística crece cuando los vigilantes de las tiendas atrapan a ladrones: revisan las imágenes que tienen guardadas de las cámaras de seguridad y les pueden atribuir hasta otros 30 hurtos. Los delincuentes roban de poco en poco, para no ir a la cárcel.

Drogas y pisos

El narcotráfico detectado ha subido un 32 por ciento en el último año en Madrid, pero no se le presta demasiada atención a esa estadística porque responde a casos aflorados por la acción de las fuerzas de seguridad.

Fuentes policiales sí lamentan que no hay policías suficientes para los grupos antinarco, por falta de incentivos, y porque, como en Barcelona, la vida y los alquileres son muy caros. "Ganan lo mismo que un agente de puerta, pero tienen escuchas, y un montón de comparecencias judiciales. A estupefacientes no quiere ir nadie; de cinco grupos que había, hemos pasado a dos", relatan. Los narcos laprovechan festividades como el 15 de agosto o días de importantes partidos del Real Madrid para hacer sus entregas.

La misma fuente cree que el delito más pertinaz en Madrid es el robo con fuerza en domicilios y establecimientos, que crece un 4,8% en el último año.

La última gran bajada en la incidencia madrileña de este delito se registró entre 2016 y 2017: un 21,1% menos. Fue porque la Policía Nacional acabó con una mafia georgiana de asaltapisos, de 200 miembros, extendida también a Barcelona y Valencia.

En los interrogatorios, los agentes confirmaron que los ladrones funcionaban con obligación de productividad. En Madrid, "algunos de ellos nos confesó que tenían que hacerse cinco pisos al día", relata un participante en la operación policial.

No perder el territorio

Uno de sus mandos, con gran experiencia en la persecución de crímenes en Madrid, resume tres claves de la cultura de seguridad de la Villa: "Primera, no perder el control del territorio: presencia habitual de patrullas en colaboración con la Policía Municipal; no dejar que la delincuencia se concentre y alarme a un barrio, tiene que estar diluida. Segunda, ninguna permisividad con la ocupación de pisos, porque genera islas de delincuencia. Para eso hace falta voluntad política. Y tercera, actuaciones repetidas con escolta de antidisturbios en poblados de la droga. Hemos picado mucha piedra en La Rosilla, La Celsa y en la Cañada Real."

Hasta las comisarías de Policía de Madrid ha llegado el eco del debate por la inseguridad en Barcelona. Y algunas fuentes consultadas, madrileñas pero con experiencia catalana, repiten una queja muy barcelonesa: la paulatina pérdida de fuerza de la Guardia Urbana, pese a que en Barcelona tiene 50 años de implicación directa en la seguridad ciudadana, cuando la Policía Municipal de Madrid apenas lleva 15.

Un veterano policía que de joven trabajó en operaciones antiterroristas en el País Vasco recuerda la eficacia de la Guardia Urbana de Barcelona cuando agentes de Información de Bilbao se desplazaron a la capital catalana tras las huellas del ‘comando Barcelona’ de ETA.

Era el año 1986. "Nos reunimos con ellos, fijamos unos objetivos que traíamos de nuestra comisaría y vimos que la Guardia Urbana tenía una red de patrullaje impresionante. Eran capaces de liderar una ‘operación bosque’", o sea, una concentración nutrida y rápida de policías en una determinada zona para acorralar al objetivo.

En la Policía Nacional de los 80 y 90 era famoso el Grupo de Atracos del cuerpo en Barcelona, al que llamaban "la escuela". El paso de un agente por esa unidad barcelonesa era como un máster, y favorecía de cara a los ascensos.

Todas las fuentes policiales consultadas en Madrid excusan a guardias y mossos de la crisis barcelonesa. "Barcelona siempre ha sido más conflictiva que Madrid porque es más cosmopolita, tiene más extranjeros de estancia breve, tiene muchos alojamientos sin controlar, tiene puerto y ha tenido barrio chino", explica el veterano.