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Angustia en el incendio de Gran Canaria

Agua para el último vecino de Tejeda

El perro sin nombre de un labrador de la Cruz de Tejeda, rescatado del fuego cuando ya no quedaba nadie en la zona

Juan José Fernández

Dos guardias civiles del Seprona encontraron exahusto y deshidratado a este perro, el último ’vecino’ evacuado de la Cruz de Tejeda, en Gran Canaria. / GC

Dos guardias civiles de una patrulla del Seprona de la Comandancia de Las Palmas realizaban este domingo una última inspección por la Cruz de Tejeda, en Gran Canaria, para comprobar si estaba del todo evacuado el término ante el avance del fuego que asuela la isla, y se lo encontraron. No estaba completa la evacuación: faltaba él.

Este perro, de uno de los caseríos de aquella zona de cumbres, era el último vecino que quedaba. Ya no había humanos en las inmediaciones. El animal se había quedado descolgado de la evacuación, y los guardias lo hallaron exahusto, desorientado y deshidratado.

El can no podía levantarse, ni tenía fuerzas para seguir su huída. Pero el agua que bebió a pequeños sorbos le fue reanimando en el coche-patrulla, cuando guardias y perro salían de la zona cuestas abajo.

Los agentes comprobaron que se trata de un perro de caserío, y que no lleva microchip que le identifique. Lo han dejado en un chinel de una protectora de animales de Las Palmas a la espera de que aparezca un dueño que lo reclame.

Temor por las mascotas

La angustia de los miles de vecinos de ocho términos municipales evacuados en la noche de este domingo no solo se centraba en sus casas y coches; también les han preocupado los animales que se quedaban entre los escarpes, en núcleos urbanos y predios completamente vacíos de personas.

18 agosto 2019. Guardias civiles del Seprona y policías locales de Artenara (Gran Canaria) rescatan animales antes de que llegue el fuego a las fincas donde viven. / GC Las Palmas

Los guardias desplegados en la zona de Tejeda han recuperado cabras que andaban desorientadas tras el urgente abandono de las fincas de labranza. En la mañana de este lunes trataban de apartarlas del área de peligro de llegada del fuego, que asediaban a los recintos en los que pastan.

En la noche del domingo al lunes, mientras las llamas devastaban las joyas naturales de Gran Canaria, guardias civiles de la misma patrulla y vecinos de Artenara, confinados en el centro del pueblo porque ya era más peligroso salir que quedarse, decidieron pasar la noche con todos los animales que pudieran.

Organizándose, se trajeron al casco urbano 50 cabras, perros y gatos para que se quedaran a penoctar con los humanos. Animales y hombres concentrados a la espera del amanecer. Y el fuego devorando la montaña.