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VIAJE A LA CUNA DE LOS 'MENAS'

"España debe devolver los menores que cruzan el estrecho"

La asociación Darna, que acoge los 'niños de la calle' de Tánger, pide deportar los menores migrantes para garantizar los derechos 'a sus raíces'.

Elisenda Colell

Mounira Bouzid El Alami, presidenta de la asociacion Darna que trabaja con los niños de la calle en la ciudad de Tánger. 

Mounira Bouzid El Alami, presidenta de la asociacion Darna que trabaja con los niños de la calle en la ciudad de Tánger. 

En Tánger hay varias entidades que trabajan para que los niños de la calle tengan un hogar y se labren un futuro en Marruecos. Una de ellas es la Asociación Darna, de las primeras en impulsar proyectos. «Las fotos de los niños en España destruyen constantemente nuestras posibilidades de trabajo», asegura la presidenta de la oenegé, Mounira Bouzid El Alami, que pide a los países europeos que cambien su legislación para facilitar la deportación de los menores y el regreso con sus familias, a poder ser, en caliente, una medida controvertida.

Darna, casa en árabe, tiene varias líneas de actuación. Por un lado, impulsa la formación profesional y la inserción laboral de unos 15 de jóvenes que han vivido en la calle. Pero también centra sus esfuerzos en acompañar hacia el sistema escolar a los menores desvalidos y en apoyar a sus madres. «Cuando empezamos, nadie ayudaba a estos chicos, la policía era extremadamente represiva, pero todo esto ha cambiado en los últimos tiempos. Yo ahora tengo libertad de expresión para contártelo y el Gobierno marroquí sabe cómo ayudar a estos chicos», asegura. La ciudad, o más bien el país, está en obras por todos lados. «Hay trabajo para ellos», subraya.

El problema es que estos niños callejeros se siguen lanzando al mar. Bajo los camiones, en pateras e incluso en motos de agua. «Nuestro trabajo es muy difícil», añade. «Los niños que se van a Europa lo hacen con móvil y explican un vida súper de éxito. Las madres están encantadas y esto lleva al resto de amigos a lanzarse al mar». Un efecto perverso que, reconoce, «impide las posibilidades de éxito» de la entidad.

El Alami conoce bien la realidad de los niños de la calle. «Son menores de familias muy pobres y desestructuradas, a veces con madres prostitutas que no se pueden hacer cargo de ellos». Y en la calle aprenden lo peor. «Roban, fuman y venden hachís, se pelean… son las normas de la calle». Es consciente de que muchos de ellos sueñan con marcharse a España. Se hacen llamar harraga, el que lo quema todo. Lo que intenta esta entidad, ubicada al centro de la medina, es atraerlos de nuevo al sistema. Principalmente, a la escuela. «Es un derecho constitucional», recuerda la presidenta.

Primero solo pasan unas horas en clase, y Darna se ocupa del resto de su educación. Pedagogía en proyectos, actividades deportivas, teatro... todo lo que haga falta para volver a motivar a los menores. «Nuestros pequeños ahora son los primeros de la clase», sentencia orgullosa. Y tiene claro que el sistema escolar marroquí, la educación pública, no funciona. «Es un párking de niños», sentencia. De hecho, asegura que algunos de los directores no quieren inscribir a sus niños callejeros. «Hay resistencias, pero lo vamos consiguiendo», prosigue.

Responsabilidad europea

El Alami tiene una visión muy clara del drama de los menores que son acogidos en Europa, si no mueren por el camino. «Francia y España son responsables directos de lo que está sucediendo en el estrecho», subraya. «Saben que Marruecos no es una autocracia, que aquí hay futuro, porque me han venido a visitar». A su entender, estos países están gastándose un «dineral» en acoger a los niños allí, cuando «deberían estar en Marruecos». «Hay un negocio montado», añade.

Según ella, la solución pasa por la devolución en caliente de cualquier menor que cruza el Estrecho. ¿Los niños no tienen derecho a emigrar? «El primer derecho de los niños es tener raíces y estar con sus familias, si se permite su entrada en Europa, el efecto llamada es imparable». De hecho, ruega a España que cambie su legislación para permitir estas devoluciones «en cuanto lleguen al puerto».

Insiste de forma contundente en la necesidad de ofrecer unas raíces a los pequeños. «Porque luego pasa lo que pasa...». Hace referencia a las captaciones de los yihadistas, jóvenes desubicados en Europa dispuestos a dar su vida en nombre del terrorismo islamista. «Las raíces son esenciales y se las estamos cortando a estos menores».