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ESPECIE INVASORA

Un alga asiática amenaza con una crisis ambiental en el Estrecho de Gibraltar

La Rugulopterix okamurae tapiza ya los fondos marinos y ha desplazado o eliminado a varias especies autóctonas

Montañas de algas se acumulan en las playas y arruinan al sector pesquero, por lo que la Junta de Andalucía estudia su declaración como especie invasora

Julia Camacho

La alga rugulpterix okamurae en la costa gaditana. / EFE/A. CARRASCO RAGEL. VIDEO: GREGORIO LINDE

La alga rugulpterix okamurae en la costa gaditana.
Operarios de la empresa Magimetran S.L. retiran el alga invasora rugulopterix okamurae de la playa de Los Lances, en Tarifa (Cadiz).  

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“Te sumerges y es como un bosque, no ves nada más”. “Está todo el Estrecho tapizado, a ambos lados”. Investigadores, ecologistas, pescadores, turistas y vecinos no dan crédito a la voracidad con la que la Rugulopterix okamurae, un alga de origen asiático, se ha adueñado en los últimos tres años del fondo marino del Estrecho de Gibraltar y se extiende ya hasta la Bahía de Cádiz o la provincia de Málaga.

Todos ellos hablan de una catástrofe ambiental sin precedentes que ha alterado el ecosistema y cuyo impacto se deja notar en la economía de la zona. La Junta de Andalucía ya ha solicitado la declaración de especie invasora, mientras que los ecologistas han llevado el caso a la Fiscalía y tratan de depurar responsabilidades sobre su origen y la falta de medidas contundentes para atajar un problema al que, de momento, no ven solución.

La primera referencia europea a esta alga parduzca, oriunda de Japón y Corea, surge en 2007 en una laguna costera de Francia donde cultivaron ostras importadas. En 2015 ya es detectada y retirada de forma masiva en Ceuta. Confundida al principio con una especie nativa, no fue hasta que aparecieron los primeros arribazones (acumulaciones arrastradas a la orilla) cuando la científica María Altamirano la identifica.

Para entonces, el alga ya se expandía silenciosa por los fondos rocosos del Estrecho arrinconando a especies autóctonas. “Su establecimiento no se ha producido con moderación y lucha sostenida por el espacio con la biota local, sino de manera expansiva y desbordante generando un impacto visual y ecológico sin precedentes”, reseñó en 2017 el biólogo José Carlos García-Gómez.

Comportamiento agresivo

“Muestra un comportamiento muy agresivo, desconocido hasta el momento”, explica la bióloga Candela Sánchez, impulsora de la campaña Salvemos el Estrecho, quien recuerda que en muy poco tiempo “tapizó” las pequeñas lagunas repletas de peces que se formaban entre las rocas, base de la cadena trófica. Desplazó a otras especies e incluso las eliminó, como es el caso de los erizos y algunas lapas protegidas, ahogándolas con la falta de luz y alimento. Sus propios compuestos actúan además de repelente y defensa contra posibles depredadores.

Pérdidas económicas

Los pescadores fueron de los primeros en percatarse de su voracidad. Raro era el día que subían peces a bordo, sustituidos por kilos y kilos de algas enredadas en las redes. La Rugulopterix también ahuyentó a los mariscos, voraces y otras especies de roca, base de la pesca de la zona, que registra pérdidas de entre 400-500 euros por barco al día, según las estimaciones de las cofradías de pescadores.

No hay certezas sobre cómo llegó a la zona, aunque la opinión más extendida es que lo hizo bien adherida al casco o transportada en el agua de lastre de los miles de cargueros que pasan por el Estrecho a cargar mercancía o reponer combustible en los puertos de Algeciras o Tánger Med. Una vez en el Estrecho, la temperatura del agua, más elevada de lo habitual en esos años 2015-2016, unido a un ecosistema muy debilitado por otras invasiones en años previos y las propias condiciones lumínicas y de turbidez crearon el mejor hábitat posible para el alga, que se extiende hasta profundidades superiores a los 50 metros. Algunos pescadores hablan incluso de hasta 200 metros. “Se reproduce mientras hace la fotosíntesis”, explica Sánchez, de ahí que incluso los esquejes frescos desprendidos que van al fondo o son arrastrados por las fuertes corrientes del Mediterráneo y el Atlántico que se entrecruzan en el Estrecho ayuden a desperdigar la plaga.

Este hecho hace que su erradicación, a estas alturas, sea “prácticamente imposible”, más allá de medidas para paliar su impacto, como la retirada de las toneladas acumuladas en las últimas semanas y en plena temporada estival. Un sector, el turístico, que no obstante no se ha visto afectado. Hay en marcha un estudio universitario, coordinado por el profesor García-Gómez, para determinar el comportamiento de la Rugulopterix a fin de conocer sus fortalezas y debilidades.

Las movilizaciones de la plataforma Salvemos el Estrecho, iniciada por vecinas de Tarifa que han reunido miles de firmas, han llegado a la Junta de Andalucía, que apremia ahora el expediente para declarar el alga asiática especie invasora de forma que se puedan establecer medidas compensatorias para los sectores afectados. Y ante la imposibilidad y escasa viabilidad de su exterminio, determinar cuál podría ser el uso final de esta enorme biomasa que se ha convertido ya en la principal pesadilla de la comarca. 

Ecologistas llevan la invasión ante la Fiscalía

Verdemar-Ecologistas en Acción ha llevado el caso ante la Fiscalía para tratar de depurar responsabilidades sobre la invasión del alga asiática y la falta de actuaciones en los primeros momentos, según detalla el portavoz, Antonio Muñoz.

Apuntan a la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras por un posible incumplimiento de la norma internacional para el control y la gestión del agua de lastre y los sedimentos de los buques.

También a la Junta de Andalucía por no tomar medidas en esos primeros momentos pese a las advertencias que les llegaban desde distintos sectores. Se veía como inofensiva, lo que motivó que no se tomara conciencia del riesgo desde el primer momento. “Si hubiera sido hidrocarburo u hormigón, tal vez no se hubiera llegado a este punto” de daño ambiental, reflexiona Muñoz. 

Mala para el ecosistema, buena para la cosmética

Mujeres de Tarifa promueven la elaboración de cremas con las algas invasoras arrastradas a la orilla. Su recogida por pescadores damnificados por su presencia o su uso como abono son otras vías de revalorización

Los primeros esfuerzos para hacer frente a la ingente cantidad de alga Rugulopterix okamurae en las costas gaditanas se encaminan a dar un uso a esa biomasa desde la economía social, aprovechando todo lo que se pueda para cosmética o compostaje y generando riqueza entre la población de una de las comarcas más lastradas por el paro. En la asociación Mar de Algas de Tarifa (Cádiz), están convencidos de que la solución pasa por aprender a “convivir” con ella. “Si con un kilo somos capaces de hacer siete botes de cremas diversas, imagina con tantas toneladas”, bromea Candela Sánchez, bióloga y miembro de la entidad, convencida de que solo hay una vía para su erradicación. “Si una especie tiene interés económico, somos capaces de extinguirla”, asevera.

Antonio Vegara, maestro y activista medioambiental, lo tuvo claro hace unos años. Desde su aula de educación permanente, una escuela de adultos integrada por mujeres de entre 35 y 60 años, impulsó un proyecto de emprendimiento para que fueran capaces de abrirse paso en el mundo laboral. Era la primera experiencia para muchas de ellas, y se volcaron en la idea: investigar sobre algas autóctonas para su uso cosmético.

Se hicieron expertas en trámites burocráticos y consulta de bibliografía para conocer a fondo sus propiedades, recolectaron las algas y las procesaron con sus batidoras de cocina y táperes en un laboratorio completamente artesanal. Las instalaciones albergan hoy alberga unas maquinarias modestas pero más modernas y especializadas, y dan cobijo a cuatro pequeñas asociaciones, entre ellas Mar de Algas. En 2016, constataron el potencial de esas nuevas montañas de arribazones, y se pusieron a investigar sobre ellas. El proyecto “Algas invasoras en el Estrecho. Eliminación por Valorización” ha logrado ya varios premios educativos y de innovación e investigación científica.

Sánchez detalla que hasta el momento han logrado descubrir moléculas de alta bio-disponibilidad con efectos antibacterianos, antioxidantes, contra las picaduras de insectos, suavizantes de la piel e incluso fortalecedores del cabello. “Pero no tenemos la infraestructura para transformar esas cantidades de materia prima”, indica, y lograr las autorizaciones para comercializarlo. Solo en Ceuta se retiraron en 2015 cerca de 5.000 toneladas, mientras que en Tarifa destinaron 10.000 euros a limpiar los cientos de kilos acumulados hasta la pasada semana en 600 metros de la playa los Lances.

Sin embargo, nada indica que será la única actuación, por lo que Vegara propone cambiar el enfoque. Si los pescadores ya no pueden faenar porque solo extraen algas, podrían reconvertirse en mariscadores de la molesta invasora para venderlas a lonjas o industrias. También en Algeciras tratan de aliarse con su molesto nuevo inquilino submarino, han probado su uso como abono orgánico para parques municipales. Según recogió en 2017 el biólogo José Carlos García-Gómez, la Rugulopterix okamurae ha demostrado su valor aumentado la tasa de germinación, crecimiento, resistencia a patógenos y absorción de nutrientes.