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consejos caducados

Los centros de salud prescriben dietas obsoletas

Las recomendaciones impresas frente a la obesidad o el colesterol no se actualizan desde hace años

Facultativos y pacientes coinciden en que estas pautas deben ser individualizadas y con un seguimiento constante

Patricia Martín

Una comida saludable, junto a una cinta métrica.

Una comida saludable, junto a una cinta métrica. / 123RF

La obesidad es la “epidemia del siglo XXI”, sostiene la comunidad científica. Sin embargo, la estrategia con la que se afronta este problema desde los centros de atención primaria hace a todas luces agua, según coinciden médicos de cabecera, nutricionistas y pacientes con esta enfermedad. Y es que en las consultas de toda España hay un gesto que se repite cuando un médico determina que la persona tiene delante tiene que adelgazar o seguir unas pautas alimentarias para afrontar los problemas de hipertensión, diabetes o colesterol: saca una de las dietas que guarda en un cajón o en la bandeja más cercana y se la da al paciente, cuando sabe que estas recomendaciones no han variado desde hace años, no son individualizadas y, por tanto, el porcentaje de éxito es escaso.

La voz de alarma contra las llamadas “dietas del cajón” la ha lanzado el Consejo General de Colegios de Dietistas Nutricionistas de España, pero es una opinión compartida por muchos facultativos de atención primaria y los pacientes con obesidad, según ha podido comprobar EL PERIÓDICO. “A los pacientes, para que pierdan peso, hay que insistirles, motivarles y esas dietas como son estándar, algunos las hacen y funcionan, pero la mayoría no se adapta a ellas y no las sigue”, explica Joaquín San José, médico de atención primaria y especialista en nutrición. “Dudo de que tengan una eficacia real”, corrobora José Manuel Fernández, coordinador del grupo de nutrición de la sociedad de médicos de atención primaria Semergen.

El déficit calórico

Para empezar, uno de los problemas es que estas pautas no se han actualizado desde hace años, como sí se modifican, según los nuevos datos y estudios, las recomendaciones que dan los pediatras a los padres a la hora de introducir los alimentos a los niños. “Yo llevo 25 años como médico de atención primaria y las dietas contra la obesidad, el colesterol o la diabetes son exactamente iguales. Se basan en estudios pero todas cumplen un requisito, que las calorías que se ingieren sean menores a las habituales, es decir, que haya un déficit calórico”, explica Sanjosé.

Según su experiencia, la mayoría de los pacientes que entran en su consulta con problemas de sobrepeso deberían perder entre 10 o 15 kilos, de forma que tendrían parámetros más saludables de tensión arterial o azúcar, se les administraría menos medicamentos, que provocarían menos efectos secundarios que a su vez requieren de nuevos fármacos. Es una pescadilla que se muerde la cola. Para lograrlo, las “dietas del cajón” más habituales proponen una ingesta de entre 2.000 y 1.800 calorías al día, lo que supone un déficit de unas 500 calorías y una pérdida de peso de entre medio y un kilo al mes.

Sin tiempo en las consultas

El otro gran problema de estas pautas es que no son individualizadas, no se adaptan al estilo de vida, los gustos alimentarios o la capacidad económica del paciente, de ahí que en muchas ocasiones se abandonen a la primera de cambio y algunos pacientes las metan a su vez en un cajón y no las sigan nunca. Los médicos de atención primaria no tienen tiempo de hacer dietas individuales, ni de ver regularmente a los pacientes para animarles a seguir o corregir las pautas incorrectas. Tampoco los endocrinos, facultativos que sí tienen conocimientos de nutrición, pero que, ante el aluvión de pacientes con problemas hormonales, su otra especialidad, tampoco tienen capacidad de individualizar todas las dietas.

Por ello, el Consejo de Colegios de Dietistas y Nutricionistas está peleando para que haya un profesional con esta formación en la mayoría de los centros de salud, al menos 1 por cada 50.000 tarjetas sanitarias. Una situación que dista mucho de la realidad, dado que solo 10 comunidades autónomas han creado esta categoría profesional en la sanidad pública y de ellas solo cinco han asignado algunas plazas en hospitales y “muy insuficientes”, según Alma Palau, presidenta del Consejo. De hecho, no hay ningún dietista nutricionista en atención primaria, lo que conlleva que profesionales desempeñen su trabajo sobre todo en clínicas privadas o asesorando a empresas.

La incorporación de nutricionistas

El colectivo presentó el año pasado un informe al Ministerio de Sanidad en el que se sostiene que la contratación de dietistas es una “apuesta coste-efectiva” con un potencial ahorro de entre 5,8 y 105 euros por cada euro invertido en intervención dietética, ya que estos profesionales sostienen que la clave del éxito para que una persona adelgace, además de adaptar la dieta a sus horarios, sus características familiares, sus preferencias alimentarias o su nivel socioeconómico, es enseñarle y convencerle de que tiene que cambiar sus hábitos de vida, algo que intentan los dietistas nutricionistas en sus consultas periódicas y más si tienen el apoyo de un psicólogo y un preparador físico. “Las personas no cambian porque el médico les dé una hoja, es algo mucho más complejo”, sostiene Palau.

Joaquín San José comparte la necesidad de que estos profesionales se incorporen a los centros de salud, mientras que el representante de Semergen considera que es excesivo uno por cada unidad, pero sí ve necesario “dietistas de referencia” en los hospitales y que estos profesionales participen en programas destinados a difundir hábitos saludables, similares a los que hay contra el tabaquismo.   

El ejemplo de Jesús Díaz, presidente de ASEPO

Por su parte, la Asociación de personas obesas ASEPO solicita que en atención primaria haya un equipo multidisciplinar formado por nutricionistas, endocrinos, psicólogos y técnicos deportivos, a semejanza de los que existen en algunas clínicas privadas, para ayudar a estos enfermos, no sólo a adelgazar, sino a encontrar la causa que origina su enfermedad. Su presidente, Jesús Javier Díaz, es un vivo ejemplo de cómo la sanidad no ha sabido responder a sus necesidades. Sufre problemas de sobrepeso desde los siete años y hasta los 46 años no le derivaron al endocrino, facultativo que determinó que como no tiene problemas hormonales, ni diabetes o hipertensión, tiene que seguir una “dieta del cajón” y hacer ejercicio, sin más seguimiento. Díaz discrepa de este diagnóstico y considera que él y el resto de personas con obesidad deberían ser tratados como pacientes crónicos y no jugar “con sus ilusiones” con dietas que no les “cambian el metabolismo” y que hacen que, muchos de ellos, solo vean como única salida someterse a una operación para reducir su estómago.