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UN AÑO DE POLÍTICAS MIGRATORIAS

Mok Kamara, pasajero del 'Aquarius': "Sigo confiando en España"

Un joven de Sierra Leona, llegado con el barco de SOS Mediterranée, mantiene la esperanza en conseguir los papeles

Nacho Herrero

El joven Mok Kamara, a la derecha, un año después de su llegada a España con el ’Aquarius’.

El joven Mok Kamara, a la derecha, un año después de su llegada a España con el ’Aquarius’. / MIGUEL LORENZO

Hace un año, el 17 de junio del 2018, Mok Kamara fue portada de este periódico e imagen de muchos otros. Era uno de los 629 inmigrantes del 'Aquariu's y bajó al puerto de València con una camiseta en la que había escrito a mano ‘Confío en España’. Con media Europa cerrando sus fronteras y la otra media silbando, la invitación del Gobierno cambió sus vidas y, aunque la política del ejecutivo respecto a los rescates en el Mediterráneo ha cambiado, este joven de Sierra Leona mantiene la esperanza en que la ayuda se completará con los papeles necesarios para seguir en el país.

“Ha sido un buen año. España nos ha acogido y agradecemos todo hace por nosotros. Mientras Italia o Francia nos decían que no, nos dijo que sí, nos ha dado facilidades.  Pero los que al final se fueron a Francia ya tienen un permiso de diez años y aquí aún nadie tiene nada y eso es muy estresante para nosotros”, lamenta en una charla con EL PERIÓDICO.

“Cuando salí del barco lo hice con una camiseta que ponía que creía en España y creo que no nos va a abandonar, sigo confiando”, afirma convencido en la sede en València de CEA(R), la Comissió d’Ajuda al Refugiat.

Huida postelectoral 

Mok tiene ahora 25 años y aspira a tener el estatus de refugiado. “Dejé mi país por razones políticas. Ahora en Sierra Leona no hay guerra pero sí luchas políticas” cuenta. Y muestra en su móvil unas imágenes que dice son de hace pocos días en los que un grupo de militares toma al asalto, con disparos y gases, la sede de su partido.

“Unos meses antes de mi marcha hubo elecciones y ganó el SLPP, el partido ‘verde’, y yo soy del APC, el ‘rojo’. En mi país si estás en el lado equivocado, estás marcado. Cuando ganaron empezaron a perseguirme, me acosaban, querían matarme”, narra mientras enseña el carnet del partido. 

Ante esa situación, cuenta, decidió huir con la que era su mujer. “Crucé el desierto por Guinea Kronaki, fue terrible, creo que tardamos un mes. Luego pasamos por Mali, Niger y llegamos a Libia”, recuerda. Pero pese a la dureza del camino, aún quedaba lo peor. 

“Libia es un infierno y más si eres negro. Nada más entrar nos capturaron en un taxi, a mí me obligaron a trabajar para recuperar mi libertad y a ella la metieron en una cárcel y la violaron. Logró escapar y nos encontramos en un campo de refugiados”, explica.

Tras pagar unos 2.000 dinares salieron para embarcarse en unos cochambrosos y abarrotados botes que les condenaban a la muerte si no eran rescatados. 

“Pronto empezó a entrar el agua, murieron varias personas, entre varios pudimos rescatar a dos o tres que se habían caído, entre ellos una embarazada. Como mucha gente, no estaba acostumbrada al mar, y después no paró de vomitarme encima”, rememora parece que con cariño. 

Una nueva vida

Cuando peor pintaban las cosas apareció el Aquarius. “Fue una liberación, salíamos de un infierno”, remarca. Pese a las dificultades y a la incertidumbre recuerda con alegría esos días a bordo. “Nunca los podré olvidar”, afirma. Lo mismo que el desembarco en València, donde aún sigue y querría quedarse.

De la mano de CEA(R), ha empezado a poner las bases de su nueva vida. “Me he concentrado en aprender español, aquí poca gente habla inglés”, comenta extrañado. “Pero quiero continuar estudiando”, afirma. En su país empezó economía pero le gustaría ser profesor. Pero para eso necesitará el asilo o la protección subsidiaria. “Mantengo la confianza que tenía cuando decidí cruzar el Mediterráneo”, sentencia. 

Una integración pendiente de la respuesta del asilo

Aunque por ley todos los inmigrantes del 'Aquarius' que pidieron asilo deberían tener respuesta, Cruz Roja y CEA(R), aseguran no saber de ninguna. Interior tampoco ha facilitado datos. El plazo mínimo real es de año y medio, así que ahora empieza la cuenta atrás que puede acabar en su expulsión o en el ‘pasaporte’ a una nueva vida para la que ya se preparan.

Yolanda Amiñoso, responsable del Programa de Protección Internacional de Cruz Roja en Valencia, admite que esa es “una preocupación importante para ellos”. “Son gente muy joven, entre 20 y 30 años, agradecida de la ayuda que se les prestan y con muchas ganas de integrarse. Son muy participativos, están contentos y disfrutando de una estabilidad que no habían tenido”, explica Marta, trabajadora social.

Fueron en total 84 mujeres y 545 hombres, entre los que había 83 menores y sólo diez de ellos iban acompañados. La mayoría era de Nigeria y Sudan pero había 26 nacionalidades diferentes. De Marruecos a Bangladesh pasando por Comoras, un archipiélago frente a Mozambique. 

De los 629 solicitaron asilo 608 y 300 lo hicieron primero en Francia, que aceptó a 80. En el programa de acogida, en el que no están los 61 ‘menas’ que siguen en Alicante, hay ahora 419 personas y en las listas oficiales constan 69 “abandonos/renuncias”, entre los que estarían los quince mayores de edad que no llegaron a solicitar asilo (a los que se abrió procedimiento de expulsión) y los que hayan abandonado el país o no haber seguido con la petición.

En cuanto a la distribución, la mayoría se quedó en la provincia de Valencia (200) a la que le siguen la de Sevilla (28) y Murcia (26). A Madrid fueron 17 y a Barcelona 12. Por organizaciones, Cruz Roja acogió en sus programas a 164 personas y CEA(R) a 84. 

Jaume Durà, responsable esta última, cree que se les debe acoger de forma permanente. “Hay una obligación. Tras haberles ofrecido un desembarco seguro se supone que les tienes que proteger”, apunta. “No supone ni ‘efecto llamada’ ni nada, porque ya no se está rescatando en el Mediterráneo”, remarca tras lamentar que el ministro italiano, el ultra Matteo Salvini, haya impuesto su tesis.