03 jun 2020

Ir a contenido

INVESTIGACIÓN JUDICIAL

La fiscalía pide hasta 25 años para los acusados del crimen de la Guardia Urbana

La acusación pública atribuye de un delito de asesinato por alevosía a la pareja de agentes encarcelados

En su escrito relata un sórdido triangulo amoroso e infidelidades, pero no concreta como se produjo la muerte

J. G. Albalat

De izquierda a derecha, Albert López, Rosa Peral y la víctima, Pedro R.

De izquierda a derecha, Albert López, Rosa Peral y la víctima, Pedro R. / EL PERIÓDICO

La fiscalía ha pedido sendas penas de 24 y 25 años de cárcel, más otros 10 de libertad vigilada, para Alberto López y Rosa Peral, respectivamente, los dos guardias urbanos de Barcelona acusados de matar en mayo del 2017 a un compañero del cuerpo, Pedro L., en un triángulo amoroso. En su escrito de acusación, remitido al juzgado de Vilanova i la Geltrú que ha investigado el crimen, se atribuye a los dos agentes de la policía local un delito de asesinato por alevosía. Además de prohibirles acercarse a los familiares del fallecido, se les reclama una indemnización solidaria de 785.000 euros. Los dos imputados serán juzgados por un jurado popular

La acusación pública sostiene que los dos acusados iniciaron una relación sentimental en el 2012, cuando Rosa todavía estaba con su marido, un mosso d'esquadra con quien tenía dos hijas menores. Años después, en el verano del 2016, la agente inició un tercer idilio con Pedro L., también guardia urbano, que "simultaneó" con su matrimonio y con su relación con Alberto. Al final, Rosa se fue a vivir con Pedro L. a su vivienda de Vilanova i la Geltrú e, incluso, ambos llegaron a manifestar a sus amigos más cercanos su intención de casarse y de tener un hijo.

En enero del 2017, Alberto descubrió el vínculo sentimental entre Rosa y Pedro, lo que provocó un "total distanciamiento" y un "frontal enfrentamiento" con quien había sido su amante. El imputado, "en venganza", relata el fiscal, decidió desvelar a Pedro L. que él y su actual novia habían tenido una aventura con los dos al mismo tiempo. Esta revelación motivó que se generara en Pedro L. "un clima de creciente desconfianza" respecto al comportamiento de su pareja, Rosa. Las discusiones fueron en aumento y los celos invadieron su esfera íntima. 

Profunda hostilidad y revancha

Como consecuencia de esta situación y de forma paralela, Alberto empezó a tener un "sentimiento de hostilidad profunda" hacia la pareja de la acusada, Pedro L., a la vez que "un firme deseo de revancha". En este contexto, entre marzo y abril del 2017 se produjo un nuevo y "paulatino" acercamiento entre Rosa y su antiguo amante Alberto. En la reanudación de esa relación sentimental, incide la acusación pública, los dos imputados llegaron a la conclusión de que Pedro L. "obstaculizaba su relación y su situación".

Por esta razón, en "hora indeterminada" de la madrugada del 2 de mayo del 2017 Rosa y Alberto, "de común acuerdo en cuanto al plan a ejecutar", decidieron "conjuntamente o uno de ellos con la ausencia del otro" acabar con la vida de Pedro L. de forma violenta. Los dos acusados se aprovecharon de que la víctima estaba "enteramente despreocupada" de sufrir un ataque que pudiera tener su origen en acciones de su novia, a la vez que eligieron el momento más idóneo para que Pedro L., una "persona de gran corpulencia y forma física", no pudiera defenderse. La fiscalía, sin embargo, no concreta cómo se cometió el asesinato.

Eso sí, relata que después Rosa y Alberto, "valiéndose de sus conocimientos como agentes de policía", abordaron la segunda fase de su "plan criminal" con la finalidad de fingir una motivación distinta a lo sucedido y "disimular" que les pudieran vincular con el crimen. Por ello, en la misma noche del presunto asesinato, llevaron el teléfono móvil de Pedro L. a las inmediaciones de una urbanización de La Bisbal del Penedès (Tarragona) con el terminal encendido  para delatar su posición geográfica y sabiendo que cerca vivía el exmarido de Rosa. Según el fiscal, ese día metieron a la víctima, ya sin vida, en el maletero de un coche, al que predieron fuego cerca del pantano de Foix, donde fue localizado. Los dos imputados están en prisión.