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SORDOCEGUERA

El hombre que pudo ser feliz sin ver ni oír

Ahmed, que es sordociego, estuvo incomunicado durante años y llegó a vivir en la calle

Jamás habría imaginado que su historia terminaría de una forma muy diferente a como empezó

Gisela Macedo

La APSOCECAT ayuda a Ahmed a tener una vida más digna e independiente. / JORDI COTRINA

Ahmed nació en Marruecos con sordera y sus padres no se molestaron en escolarizarlo. A los 20 años se mudó a Catalunya en busca de una mejor vida, pero, al poco tiempo de su llegada, también se quedó ciego. No sabía cómo comunicarse con el mundo y desarrolló su propia lengua de signos, que muy pocos entendían. Ahora, con la ayuda de los voluntarios de la Associació Catalana Pro Persones Sordcegues (Apsocecat), su vida ha dado un giro de 180 grados y hoy goza de una calidad de vida que nunca llegó a imaginar.

Su infancia transcurrió en un pueblo rural del interior de Marruecos. Ahmed, sordo de nacimiento, cuenta que de niño pasaba los días sentado o junto a las cabras, viendo pasar el tiempo mientras los demás niños iban a la escuela. Nunca llegó a integrarse, según ha contado, porque lo marginaban por su discapacidad.

Cuando tenía unos 20 años, Ahmed decidió cambiar de vida y llegó solo a Catalunya en patera. No obstante, fue desarrollando una ceguera que le dificultó todavía más las cosas. Fue ingresado en distintas residencias, pero ninguna se adaptaba a sus necesidades: estaban dirigidas a personas con enfermedades mentales o con discapacidades intelectuales o a gente mayor. De todas ellas fue expulsado por comportamiento violento, por lo que estuvo viviendo en la calle durante una temporada.

Totalmente incomunicado

Ahmed fue una persona "problemática" como consecuencia de su frustración: “Imagínate vivir en la incomunicación más absoluta, no poder opinar sobre nada, ni tampoco expresar qué quieres o qué te pasa, que nadie te entienda. Una deprivación sensorial como esta durante tanto tiempo solo puede derivar en problemas de comportamiento”, explica Ricard López, presidente de la Apsocecat.

Pero la vida de este hombre, que ahora tiene 50 años, comenzó a cambiar hace cuatro, cuando el Ayuntamiento de Barcelona contactó con la asociación que preside López. “Nos dijeron que tenían un caso muy complicado de un hombre que ni veía ni oía, que había sido expulsado de muchas residencias y centros de día de diferentes partes de Catalunya. Decidimos aceptar el reto, que era de una complejidad enorme porque Ahmed nunca había sido tratado”, cuenta el presidente.

López recuerda la delicada situación en la que se encontraba Ahmed cuando le conoció. “Nos dimos cuenta de que tenía una desestructuración horrible, fruto de estar incomunicado durante años. Tenía unas comunicaciones naturales que algunas personas más o menos interpretaban, pero eran muy pocas y muy elementales. Se había creado su propia lengua de signos, así que nosotros tuvimos adivinar los signos que ya usaba e ir introduciéndole los estándares de la lengua de signos apoyada, que es el lenguaje de las personas con sordoceguera”, explica el responsable de la asociación.

Una vida más digna

Más tarde, la Apsocecat y el Ayuntamiento de Barcelona lograron conseguir un piso de protección oficial para Ahmed, que fue el primero del país adaptado a personas con sordoceguera. “Vimos que Ahmed no era una persona apta para una residencia porque, con los soportes adecuados, puede vivir solo. Se sabe duchar, cocinar, hacerse la cama… Así que, con la ayuda del consistorio, logramos el primer piso de vida independiente para personas con sordoceguera en España”, relata López, quien recuerda perfectamente el día en que le dieron las llaves del piso a Ahmed: “Iba con una sonrisa de oreja a oreja. Por fin tenía una casa y eso para él era la felicidad”, explica.

Pero interactuar con el mundo continúa siendo un reto para Ahmed. Le resulta muy complicado ir solo al supermercado, por ejemplo, porque los productos van cambiando de lugar. Lo que sí puede hacer es continuar con su costumbre de preparar el  marroquí o de ir a tomar el café al bar de al lado de casa, donde ya le conocen. No obstante, las situaciones accidentadas son inevitables. “En una ocasión, nos llamó el dueño del bar diciéndonos que tenía un problema médico y que tenía que cerrar, y que llevaba una hora intentando decirle a Ahmed que se tenía que marchar y no conseguía que le entendiera”, cuenta López.

"Es importante involucrar a la sociedad, que entiendan que las personas con sordoceguera tienen unas características especiales pero que no dejan de ser personas y, con un soporte mínimo, pueden interactuar y llevar una vida más normal", concluye el presidente de la Apsocecat.

En busca de la familia de Ahmed

Ahmed hablaba mucho de su familia a los voluntarios de la Apsocecat. Quería juntar dinero para ir a visitarlos y llevarles regalos. Era tal su deseo, que hubo mediadores que se plantearon acompañarle a Marruecos. Así, investigaron a través de internet hasta encontrar su pueblo. "La impresión fue muy fuerte, porque solo encontramos una foto en la que se veía una explanada polvorienta, con burros, personas vestidas con chilabas, ciertamente parecían de otra época", describe López. 

Los voluntarios lograron encontrar un único teléfono en la zona; se trataba del número de un hostal situado a unos cuantos kilómetros del pueblo. Le pidieron a su encargado que colgara una foto de Ahmed en el local, y así lo hizo. Al cabo de un par de semanas, les llamaron y dijeron que un señor llegó al hostal y dijo: "¿Qué hace ahí una foto de mi cuñado?".

Entonces intentaron continuar en contacto con los familiares, pero aseguran fue imposible. Según López, consiguieron el teléfono de uno de los hermanos de Ahmed y este no mostró ningún interés en volver a verle, porque lo recordaban como un joven problemático. A pesar de esto, los voluntarios de la Apsocecat no se rindieron y cada uno de ellos redactó una carta para los padres, explicando aspectos y anécdotas sobre Ahmed que pensaron que les podría hacer ilusión conocer. Las tradujeron con la ayuda de una academia de idiomas y también añadieron una última carta de López, explicando con más detalle la situación de su hijo. 

Esta carta la enviaron a la mezquita del pueblo de Ahmed, pero nunca obtuvieron una respuesta. Tras esta decepción, una familia marroquí que oyó hablar de esta historia se ofreció voluntaria para entregar una copia de la carta en persona, cuando regresaran a su país. De esto hace ya unos cuatro meses. Mientras tanto, Ahmed continúa esperando .