Ir a contenido

Un hombre, imputado por ayudar a morir a su mujer con esclerosis múltiple

María José Carrasco, que necesitaba a su marido para todo, llevaba meses esperando a que se aprobara la ley de la eutanasia

Ángel Hernández ha pasado una noche en el calabozo y ha quedado en libertad provisional, investigado por cooperación al suicidio

Patricia Martín

Ángel Hernández, con su esposa María José Carrasco.

Ángel Hernández, con su esposa María José Carrasco. / EL PAÍS / CARLOS ROSILLO

La sociedad avanza mucho más rápida que los políticos y este jueves se puso, de nuevo, de manifiesto. Ángel Hernández, un jubilado madrileño que estaba harto de ver a María José Carrasco, su compañera durante 25 años, sufrir, perder su autonomía y ser reducida, en contra de su voluntad, a casi la vida de un objeto, que es movido de la cama al sofá, decidió el miércoles ayudar a su esposa a cumplir su mayor deseo: morir. Ángel no se ocultó, como han hecho otras personas que han ayudado a enfermos postrados y graves a abandonar la vida, por miedo a ser procesados. En un vídeo se ve como suministra la sustancia letal a María José y además explica que su esposa se lo ha pedido “muchas veces” pero él “confiaba en que se aprobara la eutanasia pero, visto lo visto…”

Visto lo visto es que el adelanto electoral ha provocado que la norma para regular la eutanasia en España, impulsada por el PSOE, quede varada, pese a que había sido admitida a trámite. Las desavenencias políticas han provocado que, ni siquiera, se hubiera constituido la ponencia destinada a debatir las enmiendas y, con la convocatoria electoral, se tendrá que empezar de nuevo. El PSOE avanza que la registrará una vez se constituyan las Cortes, pero ya es demasiado tarde para María José, y quizá para otros enfermos. También Maribel Tellaetxe, aquejada de alzhéimer y cuya familia había registrado en el Congreso más de 280.000 firmas para acelerar la despenalización de la eutanasia, murió a principios de marzo. En su caso, de forma natural pero, según denunciaron sus hijos, “desprovista de dignidad y sometida a conductas análogas a la tortura hasta la muerte”. 

El consentimiento

No se sabe si María José sufrió al morir. No sé ve en el vídeo, adelantado por Cuatro y Telecinco. Lo que sí se aprecia es que ella da su consentimiento y pese a ello, Ángel fue detenido y, tras prestar declaración ante el juez, el jueves por la noche quedó en libertad provisional sin medidas cautelares, investigado por un delito de cooperación al suicidio. Pudo irse a casa sin fianza, algo que celebraron las organizaciones que trabajan por una muerte digna. 

El Código Penal castiga con entre dos y diez años de prisión a quien “coopere con los actos necesarios al suicidio de una persona”, pero rebaja uno o dos grados la pena inferior si hay petición expresa de la víctima y esta padece una enfermedad grave.  En el caso de suicidio asistido más conocido, el de Ramón Sampedro, ni su compañera, Ramona Maneiro, ni las otras 11 personas que le ayudaron a morir, fueron encausados. Urdieron una trama para intentar dificultar su procesamiento. Pero no es el caso de Ángel, que ha confesado los hechos, ni de otros 'cooperadores', como Ignacio Sánchez Olsaso, condenado a dos años por ayudar a su madre a suicidarse.

El vídeo de la muerte está grabado en dos días sucesivos. El martes día 2 abril, en el salón del domicilio de ambos, se ve a Ángel que le pregunta a María José si sigue “con la idea de suicidarse”. Ella, con la mirada perdida, contesta que “sí”. “Sabes que te tengo que ayudar yo”, le pregunta de nuevo. “Sí”, contesta ella. “Cuanto antes mejor”, añade. Al día siguiente, ya ante la cama de ella, Ángel cuenta que le va a “prestar sus manos” para ayudarla a morir. Primero le da agua, para ver si traga bien. Después le pregunta de nuevo que si está “decidida”. “Sí”, contesta ella. Entonces le da a beber una sustancia, mediante un vaso con una pajita, y la coge la mano “para notar la ausencia definitiva de sufrimiento”.

La carta

Además, Ángel escribió una carta, fechada el 10 de marzo, que la asociación Derecho a Morir Dignamente remitió este jueves a los medios. En ella cuenta que a María José le diagnosticaron la enfermedad en 1989, cuando tenía 32 años. En estos momentos, padecía una discapacidad del 82%, con incontinencia vesical y, en ocasiones rectal, que hacía que precisara de terceras personas para asearse o alimentarse.

El deseo de María José de morir era tan grande que en octubre la pareja, que residía en Madrid, decidió conceder entrevistas a varios medios de comunicación para exponer su reivindicación y presionar a los políticos para que acelerasen la despenalización del suicidio asistido. “Me gustaría que me ayudaran a morir”, “quiero el final cuanto antes”, relataba María José hace unos meses, con el hilo de voz que la quedaba.

La sedación

En uno de los últimos brotes de la enfermedad, fue ingresada y pidió una sedación terminal. Pero solo le ofrecieron una sedación leve, que rechazó porque no quería “dormirse” sino “morirse”. En su juventud María José, que fue secretaria judicial, ya intentó suicidarse debido a la esclerosis múltiple, pero Ángel la encontró agonizante y salvó su vida.

Pero en los últimos meses y ante el agravamiento de la enfermedad, solo el temor de ella a que su marido fuera detenido ha frenado el suicidio asistido. Pero Ángel ya venía avisando: si ella se lo pedía, daría el paso. Y así lo ha hecho, a cara descubierta. Fue él el que avisó a los servicios sanitarios, a los que contó sin esconderse que le había suministrado una sustancia para provocar su muerte.

La petición a los “negacionistas”

En su carta, Ángel explica que María José recibía cuidados paliativos y “de buena calidad” pero insiste que tiene que existir “el derecho al suicidio asistido”. Asimismo, se dirige a los “negacionistas” con la eutanasia y les pide que sean conscientes del “dolor que ocasionan a todos aquellos que como María José y su familia sufren por su actitud".

En la legislatura que acaba, solo el PP se oponía abiertamente a la eutanasia. Si bien, el PSOE acusó a Ciudadanos de aprovechar su mayoría, junto con los populares, en la Mesa del Congreso, para “bloquear” la norma, ampliando indefinidamente el plazo de enmiendas. La vicepresidenta, Carmen Calvo, reiteró este jueves la acusación, en respuesta a la muerte de María José, mientras que el portavoz de Sanidad en la Cámara baja, Jesús María Fernández, señaló que este y otros casos “demuestran la necesidad de abordar este problema, regular la eutanasia y que no basta con la ley de cuidados paliativos”. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, por su parte, no descartaron, llegado el caso, indultar a Ángel si finalmente es condenado. 

El choque entre Cs y el PSOE

Cs, por su parte, manifestó ante la nueva muerte por suicidio asistido que todos los partidos deberían hacer “autocrítica”, mientras Podemos reiteró la conveniencia de que una ley de eutanasia evite “la desesperación”. El partido naranja fue el que promovió la ley de muerte digna, que generaliza los cuidados paliativos, y que también se ha quedado paralizada con el adelanto electoral, pese a que ya estaba en el Senado. Este partido sostiene que primero hay que conocer qué “garantías” se va a ofrecer a los enfermos terminales, para luego debatir sobre el resto de pacientes incurables -menos numerosos- que piden morir, que es a quien se dirigiría la regulación de la eutanasia.

El problema es que el PSOE se opuso a que la ley de muerte digna tuviera sanciones específicas y Cs bloqueó entonces la tramitación de la eutanasia, para presionar a los socialistas a que aceptaran dar poder coercitivo a su norma. Con el choque partidista, Ángel ha sido detenido y está imputado y María José no ha podido cumplir su sueño de morir sin acarrear consecuencias.