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Una investigación intenta cambiar la medicación que se da ahora tras un infarto

Valentín Fuster impulsa un estudio altruista en el que participarán 80 hospitales y 8.500 pacientes

Trata de demostrar que no hay que administrar betabloqueantes en algunas patologías cardiacas

Patricia Martín

Valentín Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC)

Valentín Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC)

Después de cualquier tipo de infarto, las guías médicas tanto europeas como americanas incluyen, desde hace décadas, la necesidad de recetar a los pacientes unos fármacos llamados betabloqueantes de por vida. Se trata de medicamentos que reducen la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la contractilidad, la fuerza del corazón, y con ello estudios realizados hace años señalaron que se mejoraba el funcionamiento de este órgano vital. Si bien, pese a tener un perfil de seguridad alto y ser muy baratos, los betabloqueantes pueden tener efectos adversos como provocar fatiga, debilidad e incluso, en algunos enfermos, disfunción eréctil. Ante esta problemática, un mega estudio liderado por investigaciones españoles trata de demostrar que no es necesario que los cardiólogos continúen con esta práctica médica después de todo tipo de infartos.

El proyecto está impulsado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), dirigido por el reconocido doctor Valentín Fuster, y la Sociedad Española de Cardiología, y se espera que arroje los primeros resultados en unos cuatro años. Se denomina Reboot (en referencia a Treatment with Beta-blockers after myocardial infarction without reduced ejection fraction) y en él participarán al menos 55 hospitales españoles, tanto grandes como pequeños, públicos y privados, y 25 italianos. Asimismo, Suecia, Noruega y Dinamarca van a poner en marcha otros tres ensayos similares en paralelo, lo que permitirá vigilar a 20.000 pacientes en total.

Grandes dimensiones y altruista

Las dimensiones de la investigación son importantes no sólo porque mejorará la calidad de los resultados, sino también porque, de forma inusual, la industria no está detrás del estudio, ya que los betabloqueantes están fuera de cualquier patente debido a su antigüedad, por lo que los médicos y centros participantes no recibirán ningún tipo de compensación económica.  

“Es un estudio de mucha envergadura y un caso único porque los participantes son voluntarios y no tienen conexión con la industria”, explicó Fuster en la rueda de prensa destinada a difundir el proyecto. “Era un reto hacerlo sin financiación”, apuntaló el doctor Borja Ibáñez, investigador principal de Reboot.

Los destinatarios del estudio

Los pacientes destinatarios de la investigación son aquellos a los que el infarto no dej secuelas de disfunción sistólica ventricular izquierda, en torno al 30% o 40% de los casos, unos 100.000 enfermos al año. De forma aleatoria y con consentimiento informado del afectado, a unos se les suministrará betabloqueantes y a otros no. Y se les someterá a un seguimiento de entre dos y tres años con el fin averiguar si la ausencia de tratamiento que reduce la frecuencia cardiaca influye en el reinfarto, el ingreso por la insuficiencia cardiaca y en el peor de los casos, en la incidencia de muerte. Además, a una sub-muestra de 1.000 pacientes se les evaluará la calidad de vida con o sin estos fármacos. No hay que olvidar, según matizó Fuster, que en los últimos años han surgido otros medicamentos que también han contribuido a reducir la mortalidad por infarto y no tienen los mencionados efectos secundarios.