07 ago 2020

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PEDERASTIA EN LA IGLESIA

Regreso a Sant Jaume dels Domenys para sanar los abusos del mosén Gallinat

Laura, una mujer de 66 años, denuncia al cuarto sacerdote del arzobispado de Tarragona por delitos cometidos en 1960

En la memoria de un viejo barbero y en un libro sobre el municipio de L'Argentera sobreviven las únicas pistas que conducen hasta el cura, ya difunto

Guillem Sànchez

Laura, frente a la iglesia de Sant Jaume dels Domenys. 

Laura, frente a la iglesia de Sant Jaume dels Domenys.  / GUILLEM SÀNCHEZ

"Estoy volviendo al pueblo después de tantos años, ¿no?, está claro que necesito sacarlo, aunque todavía no sé por qué". A Laura (66 años), pensativa en el asiento del coche que la lleva de regreso a Sant Jaume dels Domenys (Baix Penedés), la pregunta le ha pillado por sorpresa y solo alcanza a responderla así. La última vez que estuvo en este pueblo no tenía más de 10 años. Aquí veraneaba con su familia a comienzos de la década de los 60. Los recuerdos que guarda de aquellos meses de calor son felices. Todos menos uno. Tan cambiado está Sant Jaume que solo reconoce la iglesia. El único recuerdo malo de su infancia sucedió precisamente en esta iglesia, que ahora tiene enfrente. La mira mientras sigue buscando una respuesta a la cuestión anterior: "¿Por qué quiere contar qué le hizo el mosén Gallinat en 1960?"

Sant Jaume dels Domenys, 1960

El pueblo subsistía gracias al cultivo de la viña. "Había muchas familias pobres, algunas, como la mía, pobres como ratas. Sí que teníamos animales, gallinas y algún cerdo, pero eran para comer. El trabajo estaba en el campo", explica Magí Pallarès (66 años), alcalde convergente con seis elecciones a la espalda que confía en sumar pronto una séptima victoria.

El magnetismo de Barcelona se llevaría en los años siguientes a varios jóvenes, que dejarían de ser payeses para convertirse en porteros de fincas en el Eixample. Eso no había empezado a ocurrir todavía cuando Laura tenía 8 años, jugaba frente a la iglesia de Sant Jaume, en manos del rector  y participaba entusiasmada en cuantas actividades se le ocurrieran al mosén Joaquim M. Gallinat.

El cura que “arañaba” a las mujeres

El sacerdote Gallinat dejó la parroquia de Sant Jaume a finales de los 60. Su recuerdo, sencillamente, se ha evaporado del pueblo. Y la poca información que queda está encerrada en la cabeza de los pocos ancianos que le conocieron. Como Josep Pros, un antiguo barbero de 95 años que echa las mañanas dando largos paseos. "¿Recuerda al mosén Gallinat?". El viejo asiente. "¿Gallinat abusaba de los niños?". Abre los ojos, y niega con la cabeza. Divaga (o finge que divaga). Da circunloquios sobre episodios que requieren aclaraciones del alcalde Magí. Finalmente, se anima a responder de verdad: "Esgarrapava a les dones" (arañaba a las mujeres). Pros se refiere a que magreaba a las jóvenes. Añade que incluso acorraló a una mujer de su familia. "¿Se marchó del pueblo por ese motivo?". Asiente. O por lo menos, aclara, eso es lo que se comentó -en voz baja- por el pueblo, cuando fue trasladado a la parroquia del municipio de L' Argentera (Baix Camp). 

Un libro de Josep Mèlich, 'L’Argentera… quan anàvem amb avarques' (Cossetània, 2003), echa más luz al asunto. Mèlic alude a Gallinat en la página 31. Es breve pero claro. Lo define como un mosén "con tendencias pederastas" y subraya que "metía mano" a los críos de la pandilla de su hermano. En el libro, Gallinat aparece además en un par de fotografías. En una procesión de Viernes Santo, vestido íntegramente de negro. Y en otra, con sotana blanca y capa oscura, con gafas y bonete español en la cabeza, cerrando otra procesión, detrás de la bandera del pueblo. Es, o fue, un hombre orondo, corpulento, con mofletes.  

El mosén Joaquim M. Gallinat en una procesión en el libro de Josep Mèlich.

“¡Restos de los romanos!”

"Nos pasábamos el día entero jugando aquí [Laura señala la plaza de la iglesia], pero entonces no estaba asfaltada". A Gallinat parecía gustarle que anduvieran correteando frente a la rectoría porque incluso les montaba actividades. "Hacía tómbolas y nosotras vendíamos los números a una peseta. U organizaba obras de teatro o conciertos. Subía al escenario. Cantaba. O nos llevaba de excursión a buscar piedras durante el camino. Si encontrábamos alguna interesante, la cogía y con voz pomposa proclamaba que habíamos dado con restos de los romanos. Al llegar al pueblo, conectaba el altavoz del campanario y lo anunciaba: 'Las niñas tal y tal han encontrado restos de los romanos'… Era emocionante. Había tal grado de confianza con él que a mí no me resultó extraño que un día me pidiera que le siguiera hasta su despacho en la rectoría".

Laura relata los abusos que sufrió a los 8 años tal como sucedieron. "Él llevaba una sotana abotonada de los pies a la cabeza, se desabrochó la parte de la bragueta y se sacó el pene. Esa imagen... yo no sabía ni qué era... nunca he podido olvidarla. Me pidió que me sentara sobre su regazo, con las piernas abiertas y me distrajo con un juego. Tenía un chicle y lo estiró. Me propuso que lo cogiéramos cada uno por cada extremo, con la boca, y que nos fuéramos acercando hasta que nos tocamos [con los labios]."

No recuerda bien qué más pasó. Sí recuerda que sintió "tanto asco" que se fue corriendo a casa. Que entró en el lavabo, que escupió el chicle y que se lavó la boca. Y que no dijo nada a nadie porque el mosén así se lo ordenó.

El mal recuerdo 

Laura pasea por Sant Jaume y se pregunta si tiene sentido denunciar al mosén Gallinat -ya difunto- y explicar en un diario cómo abusó de ella en 1960. Pero ya empieza a intuir por qué necesita hacerlo. "Porque yo no me lo inventé. Porque sucedió de verdad". Con el paso de los años, y a pesar de tener nítido el mal recuerdo de aquel abuso, había comenzado a preguntarse si solo ocurrió en su imaginación. Pero la memoria que ha sobrevivido dentro de la cabeza del viejo barbero y la breve cita del libro de Mèlich despejan esa duda. Siente alivio. 

Hace poco leyó que tres sacerdotes del arzobispado de Tarragona, como Gallinat, abusaron de menores en Constantí y alrededores, también en la misma época. Por eso llamó al diario. Porque su abusador es el cuarto. Exige solo una cosa: su anonimato. 'Laura' es un nombre falso y la mujer que se oculta tras él tiene marido e hijos a quienes no quiere decirles nada, todavía. Este lunes comprará el periódico, recortará la noticia, la unirá con un clip a la copia de la denuncia que ha puesto en los Mossos d'Esquadra contra el sacerdote que contaminó su infancia, cuyo rostro ha visto desde entonces en todos los curas, y guardará los papeles en un cajón. "Mis hijos ya se enterarán de todo cuando me muera y rebusquen entre mis cosas".