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El reinicio de una conexión básica

Un viaducto unirá la A-2 y la AP-7 en diciembre del año que viene

Las obras acaban de reiniciarse tras cuatro años de parón por la crisis

Los nuevos carriles evitarán los rocambolescos desvíos para evitar el peaje

Óscar Hernández

Punto de conexión entre la A-2 (en la parte superior) y la AP-7 y B-30, cuyas obras finalizarán a finales del añoque viene.

Punto de conexión entre la A-2 (en la parte superior) y la AP-7 y B-30, cuyas obras finalizarán a finales del añoque viene. / TAFYR (FERROVIAL)

Se acabarán los rodeos interminables para ahorrase un peaje. Y las colas de camiones. Y las caravanas de coches buscando la entrada a una autopista gratuita. ¿Cuándo? En diciembre del 2020. Dentro de poco más de año y medio. Será entonces cuando estará acabada la esperada conexión entre la autopista A-2 Lleida-Barcelona con la AP-7 (Tarragona-Girona) y la B-30 (la calzada lateral en los dos valleses).

El núcleo de esta conexión viaria, un importantísimo nudo de acceso a Barcelona desde Tarragona, Lleida y Girona, se encuentra en los términos municipales de Castellbisbal y Sant Andreu de la Barca, y muy cerca de Rubí y Sant Cugat del Vallès, dos de los municipios que más sufren el tráfico del tramo gratuito tanto de la B-30 como del tramo central de la AP-7. Ya está acabado un estilizado viaducto y falta terminar las demás conexiones entre dos autopistas, bajo varios puentes y por encima de las vías del AVE y otros trenes de Renfe y rozando varios poligonos industriales.

Rodeo por un polígono

Hasta ahora, los coches y camiones que proceden de Girona y se dirigen a Lleida se ven abocados hacia la autopista de peaje AP-2 pese a que la gratuita A-2 es más corta y está a escasa distancia física, pero sin conexión real. Si quieren evitar pagar los peajes de la AP-2 deben salir de la AP-7/B-30 por Rubí y dirigirse a una pequeña carretera local para ir hasta un polígono industrial en Castellbisbal, donde a través de una rotonda pueden entar en la A-2 y seguir camino gratuito a Lleida. Un desesperante rodeo en hora punta.

Parecido problema tienen los miles de vehículos que proceden de Lleida por la A-2 y quieren ir hacia Girona, o a Sant Cugat del Vallès y Rubí. Actualmente, deben continuar hacia Molins de Rei, donde tienen que realizar un cambio de sentido para volver hacia la B-30. En definitiva, unos 10 kilómetros más de recorrido absurdo.

40.000 coches cada día

Para evitar todos esos rodeos se empezó a construir una nueva conexión de 850 metros por la que cada día pasaran 40.000 vehículos, una parte importante de los cerca de 200.000 coches que a diario transitan entre las comarcas del Baix Llobregat y el Vallès Oriental. Por eso, cuando hace unos días se reiniciaron las obras tras cuatro años de parón, asistieron al acto, como si fuera ya la inauguración del tramo definitivo, los alcaldes y otros representantes de los municipios más afectados: Castellbisbal, Sant Andreu de la Barca, Martorell, Molins de Rei, Pallejà, El Papiol, Rubí, Terrassa, Corbera y Sant Cugat del Vallès. Todos ellos se habían unido en una plataforma para desencallar las obras, iniciadas en el 2007 y paradas desde hace cuatro años por la crisis.

"Ellos, los alcaldes, son los auténticos protagonistas de esta infraestructura, ya que son los que han luchado por ella y los que han demostrado que se pueden lograr grandes cosas en poco tiempo gracias a la colaboración entre las distintas administraciones", explicó la delegada del Gobierno en Catalunya, Teresa Cunillera. Fue precisamente Cunillera quien se comprometió a desencallar esta infraestructura cuando asumió el cargo hace ocho meses. Así logró que el Consejo de Estado diera el visto bueno y que el Consejo de Ministros del 21 de diciembre pasado aprobara la reanudación de las obras.

Ahora las máquinas ya estan ampliando los márgenes de la AP-7 y de la A-2 para acabar las conexiones. De entrada, la AP-7 pasará de tener cuatro carriles por sentido a tener seis. Los dos nuevos por cada lado serán los que se unirán con la autovía a Lleida. Y gratis.

La variante de Vallirana también entra en su recta final

El desbloqueo de la conexión de la A-2 con la AP-7 no ha sido la única gran obra reactivada tras el freno a la inversión pública en Catalunya registrado en los últimos años por la cerrazón del Gobierno del PP. Pero en los últimos meses varias actuaciones del Gobierno socialista han permitido iniciar de nuevo el movimiento de las máquinas en las carreteras. De hecho, desde finales del año pasado las licitaciones y finalizaciones de obras pendientes han aumentado el 66% respecto al 2017.

En carreteras destaca, además del enlace de la A-2 y la AP-7 que acompaña esta información –una de las obras cuya finalización más agradecerán los conductores–, el desbloqueo de la variante de Vallirana, un proyecto de hace más de 30 años y que por fin también acelera para estar listo este año. Los más optimistas sostienen que este mismo verano, aunque Fomento, responsable también de esta obra, no se atreve a fijar una fecha.

La finalización de esta variante en la N-340 será un gran alivio para este municipio del Baix Llobregat que se librará de los 19.000 coches que lo cruzan cada día. La obra, de unos tres kilómetros de longitud y que incluye dos túneles, permitirá acceder más rápidamente a las comarcas de Tarragona por la N-340, una alternativa gratuita a la autopista de peaje AP-7 y a los caros túneles del Garraf. El pasado 3 de marzo, la delegada del Gobierno en Catalunya, Teresa Cunillera, presentó a los vecinos el estado de las obras de los túneles y la nueva pasarela que ya cruza este nuevo vial.