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CRISIS DE CONVIVENCIA

El sector social lamenta la fallida gestión de las administraciones con los 'menas' y pide más fondos

El Col·legi d'Educadors critica la excesiva estancia de los menores en centros donde no hay proyecto educativo ni trabajo con el entorno

Las entidades ven con miedo el aumento de agresiones de corte racista contra los menores migrantes y pide fondos para proyectos de integración

Elisenda Colell

Los Mossos custodian el centro de interpretación de Cal Ganxo, reconvertido recientemente en un centro de menores

Los Mossos custodian el centro de interpretación de Cal Ganxo, reconvertido recientemente en un centro de menores

Después de dejar su casa, cruzar el Mediterráneo, y moverse por todo el territorio español, a veces durmiendo en la calle o en centros sobreocupados, más de 400  menores extranjeros no acompañados, 'menas', han llegado a Catalunya a lo largo de este 2019. En muchos casos, son los padres quienen gastan un dineral para que los chicos, una vez aquí, envíen dinero a casa. El Govern prevé que van a ser 5.500 los que lo hagan durante todo este año, casi el doble que el anterior. En cuanto pisan Catalunya, y tras pasar por dependencias judiciales y a veces dormir en comisaría, son trasladados en los que la 'conselleria' de Afers Socials hace un año y medio bautizó como "centros de urgencia" o de "emergencia". Casas de colonias, albergues, en muchos casos alejados de la población y creados de un día para otro para dar un alojo lo más digno posible a estos menores.

Movidos por la urgencia, no hay un trabajo previo con la población que los recibe, y en algunos casos la comunicación con las autoridades locales deja mucho que desear. Son un ejemplo Can Brugarola, en Canet de Mar (Maresme), o Cal Ganxo, en Castelldefels (Baix llobregat). Unos centros que, en los últimos días han tenido que aguantar asaltos violentos de personas en contra de la presencia de estos menores.

Son casos especialmente graves. La Generalitat se va a personar como acusación particular en las dos causas, y quiere llevar a la Fiscalía especializada en Delitos de Odio y Discriminación dos asaltos ocurridos en Castelldefels. Pero el racismo latente, el del día a día, es mucho más sutil. Por ejemplo, el que sufren las entidades sociales para abrir estos centros de emergencia. "Cuesta mucho que los ayuntamientos y los propietarios quieran alquilarnos espacios para estos menores" explican fuentes del sector. Otros, tienen que aguantar miradas de recelo de los vecinos cuando abren algún dispositivo para atender estos menores al darse cuenta del color de piel, o que los jóvenes hablan en árabe.

Sin "proyecto educativo"

Según los expertos, estos centros de emergencia no cumplen la función de integración de estos jóvenes. "Son parches", explican los responsables del Col·legi d’Educadors Socials de Catalunya a EL PERIÓDICO. Básicamente, porque son centros provisionales pensados para una estancia muy corta mientas se busca el recurso especializado. Los chicos se están allí más tiempo del recomendado porque los centros con proyecto educativo, los CRAE están "saturados, colapsados y con lista de espera".

"Estos jóvenes están en centros donde no hay un proyecto educativo ni una atención especializada a cada menor", sentencia el vicepresidente del colegio, Lluís Vila. Como mucho hacen actividades de ocio y clases de catalán, en muchos casos aislados de las poblaciones y con una sola furgoneta para acercarlos a otras actividades, mientras ellos tienen clarísmo que deben trabajar y conseguir dinero para la familia en Marruecos. "No vemos intención clara de lograr la integración de estos jóvenes", añade la presidenta del organismo, Rosa Monreal. Los educadores lo ejemplifican con una imagen muy nítida. "Es como estar varios meses en urgencias esperando una operación, pero no hay médicos ni quirófano".

Que las cosas se podrían hacer mejor también lo asegura la oenegé Save The Children. "Este modelo no funciona, estamos en el límite de la ayuda humanitaria", explica la responsable de políticas de infancia de la entidad en Catalunya, Emilie Rivas. "Es esencial que estos chicos entren en contacto con la comunidad, se hagan proyectos comunes en los pueblos donde viven para que les quiten el estigma que llevan encima", comenta Rivas. Y es que varias fuentes sociales consultadas insisten en recalcar que la acogida y protección de los menores inmigrantes no se limita exclusivamente en darles comida y techo.

Más allá de la insuficiente respuesta de estos centros de emergencia, la ley estatal de extranjería tampoco les pone las cosas fáciles. "Muchos salen de los centros sin papeles y sin poder trabajar legalmente. ¿Qué van a hacer?" se pregunta el portavoz de la Unió de Joves Extutelats de Catalunya, Giyaur Rahman, que alerta de que el problema puede ir a peor a medida que los jóvenes cumplan la mayoría de edad. "Sentir que no eres bienvenido, que no te quieran alquilar un piso porque no eres de aquí y ver que no tienes oportunidades laborales va a generar más problemas", añade el extutelado que tampoco ve con buenos ojos los centros de emergencia que tilda de "precarios".

Solo este año más de mil jóvenes migrantes tutelados en Catalunya van a cumplir 18 años, sin claras expectativas laborales. "La sociedad tiene que ser consciente de que llegarán más jóvenes y les tenemos que acoger", añade Rahman. "El desarraigo puede derivar en graves secuelas de salud mental y conllevar más delincuencia y criminalidad", expone la presidenta del Col·legi d’Educadors Socials.

Actos "totalmente intolerables"

Ayer el secretario de Migracions de la Generalitat, Oriol Amorós, compareció ante los medios de comunicación para confirmar que los casos de Castelldefels y Canet son, de momento "aislados" aunque "totalmente intolerables". Aseguró que, tras la llegada de menores que se produzca este año, el Govern va a seguir usando los fondos de emergencia para abrir equipamientos y, aún y admitir cierta autocrítica, aseguró que la Generalitat no ha optado nunca por hacer "macrocentros" sino equipamientos medianos y pequeños, de menos de 50 jóvenes. También achacó la falta de previsión a la "pésima gestion estatal" de la frontera.

Todo el tercer sector aplaude la estrategia para la acogida de menores extranjeros solos que en enero presentó el Govern, aunque piden que se aplique de una vez. "Calendarización y dinero" insisten, porque el proyecto no tiene aún una memoria económica aprobada que ponga con qué fondos ni en que fechas se hará qué.

Fuentes del tercer sector explican que hay "terror" dentro del sistema de protección ante una posible "oleada racista" organizada por grupos de extrema derecha. "Quién será el siguiente?", se preguntan entidades y trabajadores sociales, mientras temen que estos casos no terminen aquí.

"Los menores extranjeros no son el único blanco de la xenofobia y el racismo, que ha ido a más en los últimos años", asegura Rosa Balaguer, responsable del Casal dels Infants y miembro de la Junta de la Federación d'Entitats Catalanes d'Acció Social. "Ahora más que nunca necesitamos programas de integración social en los barrios para que las personas de orígenes diversos se conozcan", añade Balaguer. De momento son organizaciones filantrópicas y entidades financieras quienes están invirtiendo por estos trabajos sociales.