Ir a contenido

África sigue maltratando a las minorías sexuales

Los incipientes signos de apertura de Angola o Kenia, contrastan con las duras penas que imponen Mauritania, Sudán y Nigeria a la homosexualidad

Las iglesias evangélicas, muy conservadoras, son un aliado para los gobiernos de países como Uganda

Marcel Gascón

Homosexuales ugandeses durante una manifestación del orgullo gay.

Homosexuales ugandeses durante una manifestación del orgullo gay. / EL PERIÓDICO

Considerar antinatura las prácticas homosexuales es una extravagancia prácticamente marginal en Occidente. Esta creencia hasta hace poco universal, sin embargo, continúa siendo dominante en muchas partes del mundo, entre las que destaca el continente africano. África sigue siendo un mal sitio para ser homosexual. Según un estudio de Amnistía Internacional, la homosexualidad es ilegal en más de 30 países del continente, y se castiga con la pena de muerte en MauritaniaSudánNigeria y parte de Somalia.

Uno de los países más beligerantes con las minorías sexuales es Uganda. Esta nación de la región de los Grandes Lagos aprobó en el 2013 una ley que castigaba con cadena perpetua los casos de “homosexualidad agravada”. El Tribunal Constitucional acabó anulando la ley debido a la fuerte presión internacional en contra, pero ser homosexual o transexual aún es extremadamente peligroso en Uganda.

Según explica a EL PERIÓDICO Brant Luswata, director ejecutivo de la organización proderechos de las minorías sexuales Icebreakers Uganda, la ley ugandesa vigente castiga los “delitos contra natura”, que es la figura utilizada por las autoridades para perseguir a quienes viven su sexualidad de una manera distinta a la que el presidente considera normal. El presidente de Uganda es Yoweri Museveni, que está en el poder desde 1986 y considera la homosexualidad algo “asqueroso”, ajeno a la cultura africana e impuesto por Occidente.

Museveni tiene un aliado clave en su cruzada contra la “inmoralidad”: las iglesias evangélicas que con apoyo de misioneros ultraconservadores de Estados Unidos han conseguido una inmensa influencia en la sociedad ugandesa. “El gobierno adopta cualquier mensaje que venga de los líderes evangélicos”, explica Luswata, que ve en la cercanía del gobierno a estos grupos una forma de ganar apoyo popular.

Además de al escarnio desde los púlpitos, las minorías sexuales en Uganda están sometidas a la detención y la humillación pública. En noviembre del año pasado, recuerda Luswata, la policía detuvo a un grupo de mujeres transgénero cerca de las oficinas de Icebreakers Uganda. Después de acusarlas de “delitos antinatura”, las arrestadas fueron exhibidas en televisión como si fueran animales exóticos.

Estos episodios se viven también en países como Camerún, donde la homosexualidad se asocia en ocasiones a los hechizos y la policía detuvo a 25 personas en una redada sin orden judicial efectuada el año pasado en un bar gay.

O en Tanzania, cuyas autoridades pidieron a la ciudadanía que ofreciera información sobre cualquier persona sospechosa de ser homosexual y amenazaron con utilizar las listas para detener a los denunciados a finales del 2018. Poco después de eso Tanzania fue noticia en los medios internacionales por el arresto de 10 personas acusadas de haber celebrado una boda gay en Zanzíbar. Los detenidos denunciaron haber sido sometidos a pruebas anales para determinar los posibles actos homosexuales que habrían practicado.

J-Lo despenaliza la homosexualidad

En los últimos meses también se han producido progresos para los derechos de las minorías sexuales en África. El parlamento de Angola adoptó el pasado mes de enero un nuevo código penal que sustituye al cuerpo de leyes coloniales vigente hasta ahora. El nuevo código penal elimina el delito de “vicios contra natura” que existía en el texto heredado de los tiempos de dominio portugués, y prohíbe la discriminación por razón de sexo.

Esta reforma es parte de los esfuerzos modernizadores del presidente Joao Lourenço, también conocido como J-Lo. Lourenço asumió el cargo en el 2017 y ha sido alabado por sus medidas liberalizadoras y anticorrupción.

El próximo país en despenalizar la homosexualidad podría ser Kenia. Activistas por los derechos de las minorías sexuales solicitaron hace meses a la justicia la anulación del artículo del código penal que condena las relaciones entre personas del mismo sexo con hasta 14 años de cárcel. Después de más de un año de deliberaciones, el Tribunal Supremo del país africano anunciar su decisión sobre la petición de los activistas en febrero, pero el veredicto ha sido aplazado hasta mayo.

Algo similar ocurre en Botsuana, donde organizaciones que representan a las minorías sexuales han acudido a la justicia para eliminar el artículo del código penal que prevé un máximo de 7 años de cárcel para las prácticas homosexuales. La próxima vista sobre el caso se celebrará el 14 de marzo, y se espera que la justicia tome pronto una decisión al respecto.

La excepción sudafricana

La excepción a la regla en el continente la constituye Sudáfrica, el país más avanzado del continente, que cuenta desde que aprobara su constitución en 1996 con una de las legislaciones más progresistas del mundo en materia de minorías sexuales. El país austral no solo reconoce los derechos a las relaciones homosexuales, sino que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de niños por parte de parejas gais.

La realidad, sin embargo, no es precisamente halagüeña en ciertos ambientes sociales. Las minorías sexuales cuentan con la misma libertad que en cualquier país occidental entre los sectores de clase media y alta de las ciudades. En las zonas deprimidas, en cambio, quienes salen del armario sufren aún el estigma comunitario. En estas zonas son fenómenos relativamente habituales las agresiones a los gays y las llamadas “violaciones correctivas”, que son perpetradas por hombres contra las lesbianas para reconvertirlas a la heterosexualidad.