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colectivo en riesgo

El lleno del Mobile dificulta dar alojamiento a los sin techo en Barcelona

Los equipos de emergencia social del ayuntamiento, obligados a priorizar las familias ante los incesantes refugiados y desahuciados que llaman cada día a las puertas de Barcelona por la falta de espacios para alojarles

Elisenda Colell

Julien, obligado a dormir en la calle la noche del lunes 25 de febrero, ante la falta de plazas públicas para sintecho.

Julien, obligado a dormir en la calle la noche del lunes 25 de febrero, ante la falta de plazas públicas para sintecho.

Julien es un activista homosexual camerunés que lleva cuatro días andando sin parar desde que aterrizó en Barcelona con dos maletas. "La primera noche me tapé con cartones ante las puertas del Centre d’Urgències i Emergències Socials de Barcelona (CUESB); la siguiente la pasé en la recepción de un hotel, otra en un cajero… y esta no sé qué hacer". Lo explicó el lunes pasado por la noche, después de oír, por cuarta vez, un "no hay plazas" de la voz de un profesional de emergencias sociales municipales. Al menos unos días debido al lleno del Mobile World Congress, así le va a tocar pasar las noches hasta el día 5 de marzo, cuando tiene cita con la Oficina de Extranjería de Barcelona, que depende del Gobierno central, y que le podrá dar una alternativa de vivienda al tratarse de una persona refugiada. Él, explica, huyó de su país porque temía por su vida. "En Camerún ser gay implica cinco años de cárcel, pero decidí irme porque varias personas me habían amenazado de muerte".

Una hora más tarde de las calabazas a Julien, a Ndeye también le toca recibir un plantón. Es una mujer senegalesa que hace 20 años que reside legalmente en Catalunya. Tiene la nacionalidad española. Sale echando humo de la sede de emergencias sociales municipales, con dos bolsas llenas de ropa: "Tengo otra maleta con más cosas, la he dejado en una obra, creo que dormiré allí". Hacía pocas horas que su casero, harto de sus impagos en la habitación donde vivía, cambió el cerrojo de la casa. Aunque Ndeye cayó en la ruina hace dos meses por las deudas que le perseguían de su peluquería en Palamós. "Allí no hay albergues ni nada, por eso vine a Barcelona, me dijeron que tendría más oportunidades". De hecho, no le ha dado tiempo ni a empadronarse.

Un billete de autobús

Le acompaña otra chica, nacida en Baleares, que se vio en la calle cuando perdió su empleo en Girona y que prefiere no revelar su identidad. "La ayuda que me dieron allí los servicios sociales fue un billete de autobús a Barcelona, nada más". Lleva dos meses viviendo en un trastero. "Las cámaras de vigilancia me pillaron y hoy me han echado", explica. Ni ella ni Ndeye han logrado una habitación de urgencia. No están empadronadas en la capital ni tampoco tienen una orden de desahucio. Al día siguiente y desde un comedor social, explican que decidieron pasar la noche andando Diagonal arriba y abajo. "Nos daba miedo que alguien se quisiera aprovechar de nosotras en plena calle, nos vimos muy indefensas", dicen.

A todo esto, desde las ocho de la tarde hasta las doce de la noche, al menos cuatro familias con niños de menos de 10 años también llamaron a las puertas del ayuntamiento pidiendo un techo. Los tres primeros, refugiados venidos de Georgia a quien, desde el mismo Aeropuerto de El Prat, se les indica que deben ir al CUESB de Barcelona para pedir ayuda. El tercero, una pareja marroquí con su hija de cuatro añitos que vivían de ocupas en un piso cerca de la plaza de Espanya. Tuvieron que dejar la vivienda por malentendidos con un delincuente que les facilitó la llave del piso. Todos lograron pasar la noche bajo techo. Ya fuera una pensión o un hotel.

Barcelona colapsada y en solitario

Hace meses que el Ayuntamiento de Barcelona viene advirtiendo de la situación de colapso en la que se encuentran las más de 2.500 plazas de sus albergues municipales. La incapacidad de los usuarios de acceder a la Renta Garantizada o de encontrar un empleo que permita pagar un alquiler en Barcelona, ha hecho disparar el tiempo de estancia, y supone un enorme tapón para las incesantes listas de espera. La alternativa que encuentran desde el municipio son las pensiones o los hoteles temporales y de máxima urgencia, pero el llenazo de ocupación hotelera del Mobile World Congress lo pone difícil. "Estos días, igual que pasa en verano con la máxima afluencia turística, los recursos de alojamiento habituales tienen una ocupación muy elevada y se pueden producir disfunciones", confirman fuentes oficiales del ayuntamiento. Otras fuentes del sector apuntan que ante la falta de plazas, se acaban priorizando los casos más vulnerables, especialmente si hay menores. Quien no tiene orden de desahucio, no está empadronado y no está enfermo, pasa a segundo plano. Tampoco ayuda que el resto de ciudades metropolitanas no tengan apenas albergues municipales.

Asumiendo competencias estatales

Pero en el caso de los refugiados el problema es especialmente grave. Debería ser el Gobierno central quien facilite una vivienda a estas personas, a través del Plan Estatal de Ayuda al Refugiado. A la hora de la verdad, des que llegan a Barcelona hasta que el estado les da un techo pueden pasar semanas. El motivo, hay largas listas de espera para lograr cita en Extranjería, los únicos profesionales que les reconocen como solicitantes de asilo. Según ha podido saber EL PERIÓDICO, durante los primeros cinco meses del 2018, Barcelona se gastó cada mes entre 100.000 y 150.000 euros para pagar habitaciones de emergencia a personas refugiadas de las arcas locales. Y es que en los últimos cuatro años el número de inmigrantes y refugiados atendidos en Barcelona se han duplicado. "Lo hemos afrontado todo con recursos propios, sin ninguna ayuda estatal, pero estos recursos no son ilimitados", explican fuentes oficiales, que insisten en pedir "implicación de todas las administraciones" para atender a los más desfavorecidos.