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Las entrañas del 'top manta'

Vendedor, recogedor, tarjetero... los 'empleos' del mantero

La Policía identifica cinco roles en los grupos dedicados a la venta de falsificaciones

Pequeños ingresos de dinero y pequeñas extracciones en cajeros, clave para el blanqueo

Juan José Fernández

Un mantero reacciona ante proximidad de la Policía en la Gran Vía de Madrid.

Un mantero reacciona ante proximidad de la Policía en la Gran Vía de Madrid. / David Castro

El negocio de la manta varía entre sus versiones de Barcelona, Valencia, Sevilla y Madrid, pero la experiencia recogida en operaciones policiales desde 2013 confirma un patrón que  repite cinco papeles básicos. No todos son desempeñados por subsaharianos.

Un mismo mantero puede realizar varias funciones a la vez, o cambiar periódicamente, según las necesidades de su grupo y la veteranía que vaya alcanzando. Pero pocas veces tendrá acceso a misiones que impliquen acumulación o blanqueo de dinero, que suelen quedar en manos de 'empleados' de los suministradores, a menudo magrebíes.

El vendedor

Carga los productos y los dispone en la manta para su venta. Si es un ‘asalariado’, entregará la recaudación al acabar la jornada. La mayoría de los vendedores hoy, senegaleses musulmanes muridíes, en origen pescadores o agricultores del cacahuete y el mijo, ya no cobran salario por vender: compran el producto a tocateja o a crédito a suministradores chinos de los polígonos de Badalona Sud (Barcelona) y Cobo Calleja (Madrid) o a intermediarios magrebíes.

En los grupos de manteros, este trabajo callejero está vedado a las mujeres y a los hombres que ya no son jóvenes. Los vendedores bien colocados en temporada alta, si no son asalariados de otros vendedores que están más alto en la pirámide y hacen de falsos autónomos, cobran lo que saquen en la venta, unos 900 euros al mes, según calculan en la Asociación para la Defensa de la Marca, ANDEMA, integrada por firmas de lujo directamente golpeadas por el fenómeno. Las estimaciones de fuentes policiales coinciden en la cantidad.

No hay cobertura jurídica organizada para los buhoneros. Cuando la policía practica detenciones, actúan abogados de oficio. La mayoría de los vendedores detenidos en España no tenían más antecedentes que delitos contra la propiedad industrial.

El aguador

De "dar el agua" o avisar, en el argot de la delincuencia callejera. Vigila y alerta de la llegada de la policía. En Madrid o Barcelona –por la acción de los aguadores y para evitar huidas en estampida entre el público–, los policías "pastorean" a los grupos de manteros.

En el centro de Madrid llaman "pastoreo" al continuo cambio de acera de los manteros perseguidos por agentes a pie. En un grupo pequeño, los vendedores dan el agua por turno, sin dejar su manta. La Policía Nacional ha comprobado que algunos grupos grandes tienen aguador liberado que hace llamadas telefónicas a dos manzanas de distancia si ve aparecer a los agentes, especialmente en los momentos de salida de los pisos con los hatos repletos y de regreso a casa con la recaudación. Su operador telefónico frecuente es Lebara.

El recogedor

El miembro del clan que acude a recoger mercancía enviada o almacenada. Dependiendo de la forma de envío de los bolsos, camisetas o gafas por las mafias de la falsificación, desempeñará este trabajo un gulú, un emigrante ya veterano –con carné de conducir y furgoneta si ha de ir a los polígonos de Cobo Calleja o Badalona Sud- o varios dachares, novatos. Estos abundan en la recepción de paquetería, pues su nombre no está gastado. Aportan un pasaporte o un NIE (número de documento de identidad de extranjero residente) en las agencias de mensajería o incluso en Correos.

Todos los pagos se harán en metálico. Los recogedores, indican fuentes policiales, se alternan para no alertar a las autoridades. Dados los cientos de miles de paquetes de control imposible en la aduana, el modo que tienen las Fuerzas de Seguridad de filtrar es comprobar la repetición del destinatario.

El recolector y tarjetero

En las operaciones policiales aparece la figura del recolector como el del hombre que, al final de la jornada o de la semana, exige al grupo de vendedores la caja de venta. Siempre dinero en mano: el mantero no tiene cuenta en un banco. El recolector sí, y puede gobernar varias cuentas bancarias, en las que sin periodicidad fija ingresa pequeñas cantidades. Al abrirlas, adquiere tarjetas de débito con su PIN. Esas tarjetas viajan a otra ciudad, desde la cual otro recolector, o directamente el suministrador de productos falsos ahora en funciones de tarjetero, hará pequeñas extracciones en fechas diferentes a la del ingreso.

Es clave que numerosos participantes ingresen con tarjeta cantidades pequeñas (pitufeo) para no hacer saltar las alarmas del Servicio de Prevención del Blanqueo de Capitales (SEPBLAC).

El casero

Propietario o intermediario de pisos para residencia de los buhoneros y/o almacenamiento de  mercancía. Los pisos-dormitorio y los pisos-almacén no suelen estar alejados entre sí. Con frecuencia los alquila un subarrendador africano. Vendedores y mercancía nunca duermen juntos, según fuentes policiales, salvo pequeños remanentes. En los pisos-dormitorio, generalmente sobreocupados, tampoco se guardan grandes cantidades de dinero.

Los pisos-almacén no están habitados. Solo contienen material para la venta y herramientas para la colocación de piezas y remaches (fornitura) en bolsos y etiquetas en ropa. La única presencia humana en pisos-almacén es la de algún vigilante nocturno (uno de los vendedores) que también hará de guarnicionero. En ocasiones el casero delega el cobro del piso en una inmobiliaria local.