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delincuencia contra los animales

Tanzania envía a prisión a la 'reina del marfil' por traficar con colmillos de 400 elefantes

Yang Fenglan, de 69 años, ha sido condenada a pasar entre rejas una década y media

Marcel Gascón Barberá

Yang Fenglan, conocida como la ’reina del marfil’.

Yang Fenglan, conocida como la ’reina del marfil’. / efe

Regentaba un restaurante chino en Dar es Salaam y tenía un papel protagonista entre la diáspora del país asiático en Tanzania, pero tras esta fachada de normalidad lideraba una de las mafias de tráfico de marfil más mortíferas y lucrativas de África. La 'reina del marfil' se llama Yang Fenglan, tiene 69 años y acaba de ser condenada a 15 años de cárcel en el país africano por dirigir la exportación ilegal a Asia de los colmillos de más de 400 elefantes.

Según los fiscales, Yang “organizó, gestionó y financió una trama criminal” que envió de manera clandestina a Oriente toneladas de marfil. La acusación cifró en 860 el número de piezas exportadas por este grupo organizado. Estos cargamentos de colmillos de elefante tenían un valor de cerca de cinco millones de euros en el mercado negro asiático. Junto a Yang han sido sentenciados a 15 años de prisión dos de sus socios tanzanos. Los tres condenados deberán además pagar una multa de 27.800 millones de chelines tanzanos (más de 10 millones de euros). Si no lo hacen cumplirán dos años adicionales en prisión.

“La sentencia debe servir para disuadir a otras personas implicadas en estas actividades”, ha dicho a EL PERIÓDICO Richard Thomas, portavoz de la oenegé conservacionista Traffic, que considera que el veredicto tendrá “un gran impacto entre las bandas criminales asiáticas” que trafican con marfil en África. Thomas ha destacado la imagen “respetable” de la que gozaba Yang en la comunidad china local, y ha elogiado el trabajo de la fiscalía tanzana. El representante de Traffic ha llamado a la cautela ante la posibilidad de que Yang recurra la sentencia y un tribunal superior le dé la razón, como ha ocurrido en otros casos similares en diversos países del continente.

De traductora a traficante

Yang Fenglan estudió swahili en Pekín y llegó a Tanzania en 1975 para hacer de intérprete en una de las primeras grandes obras públicas ejecutadas por China en África. Tras regresar a China por unos años volvió en 1998 a Dar es Salaam, donde abrió su restaurante y comenzó a dedicarse al comercio internacional de frutas y verduras. Pero la aventura emprendedora de esta emigrante no se quedó ahí.

En 2013, en una redada en una propiedad cercana al restaurante de Yang, la policía encontró 706 colmillos de elefante dentro de un contenedor de barco. Tres chinos fueron detenidos. Un año después, un traficante de marfil tanzano detenido en el marco de la investigación señaló a Yang como su principal compradora. Tras huir a Uganda, Yang volvió a Tanzania en el 2015, cuando fue detenida después de una espectacular persecución policial.

Se calcula que África ha perdido en la última década 110.000 elefantes. La caza para surtir a mafias como la de Yang es la primera causa de esta caída de la población en el continente, donde viven actualmente unos 415.000 elefantes. Tanzania ha sido el más afectado de toda África por la actividad furtiva. Este país de la costa índica tenía 110.000 elefantes en 2009, y cerró 2014 con apenas 43.000 ejemplares.

La demanda de marfil proviene de países asiáticos como China, Vietnam, Tailandia o Laos, donde esta materia prima es tallada para hacer joyas y ornamentos que se pagan a precios altísimos. Salvo en contadas excepciones, la Convención Internacional para el Comercio Internacional de Especies (CITES) prohíbe el comercio internacional de marfil. Sin embargo, los furtivos y los traficantes surten la demanda con la caza y el comercio ilegal de elefantes africanos y asiáticos.

Los gobiernos africanos se han volcado en combatir la caza furtiva, pero los detenidos y juzgados son normalmente cazadores locales que están en el nivel más bajo de la pirámide mafiosa. Tanzania ha conseguido encarcelar a varios peces gordos tanto nacionales como asiáticos en los últimos años, y da ahora un golpe certero a esta industria ilegal con la condena de la “reina del marfil”.